sábado, 28 de enero de 2012

Historia 2: Capítulo 14


Hola, bueno sigo de exámenes, pero el comentario de Layla me ha dado animos para continuar la historia. De todos modos el capítulo estaba casi terminado, así que no me robado mucho tiempo y ya casi es la hora de comer, por lo que iba a parar de estudiar de igual modo jeje.
Así que ya sabéis, si queréis un capítulo más solo tenéis que pedirlo. Eso anima a escirbir y hace que las palabras salgan con mayor facilidad.

Se me ha ocurrido una idea... voy a dedicar este capítulo a Layla, porque ella me ha hecho recuperar la ilusión con este blog.
¡Espero que os guste!
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Capítulo 14


15 de Agosto de 1068
Querido diario,
Hoy he confirmado mis sospechas.
Desde que mi hermana fue castigada y recluida en sus aposentos tras descubrir el secreto de la familia sobre La Orden, mis pensamientos comenzaron a desbocarse. No tenía sentido que la hubieran encerrado por eso, muchas mujeres antes supieron de La Orden antes que ella y no se encontraron en su situación.
¿Qué más había averiguado? ¿Tan peligroso es ese otro secreto?
Tales interrogantes se agolpaban en mi mente, y me negaban el sueño noche tras noche. Motivo por el cual me decidí a descubrir lo que La Orden ocultaba con tanto recelo.
Tras meses de investigaciones, plasmadas en este diario, encontré el motivo oculto tras todo esto. Al fin sé lo que se llevó a mi hermana de mi lado.
La avaricia y codicia de los altos cargos de La Orden.
Ellos saben que tanto Las Damas de las Estrellas como sus Guardianes no suponen ningún peligro para nosotros; sin embargo, ansían poseer el poder del que ellas disponen y se detendrán hasta obtenerlo.
Mi hermana, conocedora de esto, se reveló contra algunos de los miembros más influyentes de La Orden, y fue castigada por el temor a que la verdad fuera dada a conocer y otros siguieran su ejemplo.
Sé que al escribir esto me estoy exponiendo a mí mismo, por eso, ocultaré estas palabras con mi magia. Solo Las Damas de las Estrellas podrán leerlo, ellas sabrán utilizar los conocimientos aquí plasmados para protegerse de La Orden y poner fin a la estela de terror y muerte que deja a su paso.
Firmado,
Henry Kendrick.
- ¿Eli?- la voz de Cristian me devolvió a la realidad.- ¿Qué ocurre?
- El libro no está blanco, solo hechizado.- le expliqué.
Él vino a mi lado y tomó el libro de entre mis manos. Pude notar como invocaba a su magia para que cumpliera sus deseos, concentrándose hasta el punto que una fina película de sudor perló su frente.
- Tienes razón.- dijo abriendo los ojos nuevamente.- Está bajo un poderoso hechizo que oculta su contenido y esconde la magia de la mía.
- Eso es lo que pretendía Henry Kendrick.
- ¿Quién?- preguntó extrañado.
- Su autor. Es un diario perteneciente a ese tal Henry Kendrick. Al parecer pertenecía a La Orden de la Oscuridad, y su hermana fue encarcelada por sus propios compañeros. Estuvo investigando y descubrió lo mismo que tú dedujiste, lo que me contaste anoche.
- Si era miembro de La Orden, entonces debe quedar registro de él en los archivos.
- Supongo que buscarás información sobre él.
- Sí.- asintió con la cabeza.- Esta noche, después de la cena, iré al lugar donde está establecido nuestro cuartel y haré las investigaciones pertinentes. Si quieres colaborar, puedes ir leyendo el diario ya que lo haces con total facilidad.
- Bueno, no es sorprendente. Henry quería ocultarlo de los demás miembros para protegerse, pero a la vez quería ayudar a Las Damas con lo que sabía sobre su propia organización. Así que imagino que todas podremos leerlo con la misma facilidad.
- Sí, ya.- sacudió su mano.- Tú encárgate del libro, digo, del diario, y yo haré mi trabajo.
- ¿Vamos a seguir con el aprendizaje?
- Por supuesto, aunque ya vamos a centrarnos en tus habilidades físicas. Por si no te has dado cuenta,- se adelantó a mi pregunta.- has estado casi todo el rato absorta con el diario.
Pero solo había leído un par de páginas, era imposible que el tiempo se hubiera escapado tan rápido. Y cuando estuve practicando magia antes sucedió igual. Últimamente parecía haber perdido toda noción del tiempo…
Sacudiendo la cabeza para apartarme de esos deprimentes pensamientos, lo seguí hasta el patio, donde comenzaría mi instrucción.
- No hay mucho tiempo para instruirte en la lucha, así que vamos a ir a lo básico. Haremos unos ejercicios para mejorar tu velocidad, agilidad, resistencia y fuerza, y además trataré de mostrarte algo de defensa personal.
-Eso parece mucho.
- No lo es. Ahora, vamos a correr un poco.
Salió disparado, dando vueltas por el patio, esperando que lo siguiera. Y lo hice, con un gemido de descontento, pero lo hice.
El entrenamiento consistía en correr por los alrededores de la casa, al principio siguiendo a Cristian y luego huyendo de él. Se suponía que con eso mejoraríamos mi velocidad y mi resistencia y un poco mi agilidad, aunque decía tener ejercicios específicos para esto último.
Luego, me mostró formas de emplear mejor mi fuerza, y unos ejercicios con los que ganar más sin aumentar mi tono muscular. Nunca me habían gustado las mujeres demasiado musculosas, y siendo tan pequeña el efecto sería peor.
Trabajaríamos con eso durante un par de días antes de meternos con la defensa personal. Un par de días no era suficiente, pero servirían de introducción a lo que me fuera a enseñas. Por supuesto, dijo que realizaríamos los ejercicios todos los días antes de los movimientos de defensa y lucha. Pero hoy no, no veríamos nada de esta última parte.
Y menos mal.
Cuando terminamos, estaba rendida. Mi cuerpo entero temblaba por los esfuerzos realizados y me costaba mantenerme en pie. No sabía si podría llegar hasta la ducha. Esta noche pensaba quedarme en mi habitación y no bajar a cenar. Espera que Cristian fuera tan bueno como quería demostrar y se apiadara de mí y me subiera algo de comer, aunque dudaba que tuviera energías siquiera para masticar.
Cuando logré sacarme la ropa antes de ducharme, y me costó tanto que estuve muy tentada a meterme en la ducha con ella, me senté en la bañera sintiendo el agua caliente caer sobre mi espalda. Dejé que la bañera se llenara antes de cortar el agua y me recosté dejando que mis músculos se relajaran y se deshicieran los nudos del ejercicio.
Me quejaba mucho. Pero lo cierto es que nunca había sido una persona que practicara deporte regularmente, lo más que había hecho era la gimnasia típica de los colegios. Y ahora hacía todo esto de repente. Mi cuerpo no estaba preparado.
Me quedé en el agua, con los ojos cerrados, hasta que se enfrió. Solo entonces, salí de la bañera, lamentando que se hubiera enfriado tan pronto y me envolví con la toalla. Si hubiera durado un poco más habría estado más tiempo allí, tal vez incluso llegándome a dormir, pero eso no me preocupaba. Adoraba sumergirme en la bañera con el agua caliente…
Un ruido como de burbujeo sonó a mi espalda haciendo que me interrumpiera en mis pensamientos, por lo que me giré para ver cual era el problema. Cuando lo vi no pude evitar el grito que salió de mi garganta.
Me abracé a la toalla y di con mi espalda en la pared unos instantes antes de que Cristian llegara abriendo la puerta abruptamente y se quedara congelado mirando la bañera.
- ¿Qué…?- comenzó.
Ambos estábamos perplejos ante lo que veían nuestros ojos. El agua de la bañera hervía descontroladamente, creando burbujas enormes que salpicaban hacia todos lados. Para protegernos de las calientes salpicaduras Cristian creó una película de aire que actuaba como un muro.
- Páralo.- me ordenó.
- No sé cómo. Ni siquiera sé cómo lo estoy haciendo.
- Están obedeciendo tus deseos.
- Yo no deseo morir así, cocida viva.
- ¿No querrías calentar un poco el agua?
- Bueno, es cierto que quería que estuviera caliente, pero no tanto.- admití.- Si me hubiera quedado dentro…- me interrumpí incapaz de terminar la frase.
- No pienses en eso ahora. Solo concéntrate en que el agua se enfríe.
- Pero aun no lo controlo, ¿y si la congelo? ¿Por qué no lo haces tú?
- Al menos será menos peligroso. Yo no puedo hacerlo, es tu magia y debes corregirlo tú.
- Pero…
- Nada de peros. Eres la Líder de las Damas de las Estrellas, tú poder es muy superior al mío, y nuestras fuentes mágicas son muy diferentes. No puedo hacer nada por detenerlo. Solo tú.
¿Por qué siempre tenía que meter la pata? Vaya Líder, siempre metiéndome en problemas. Suspiré. Así no arreglaría nada. Debía concentrarme en lo que había dicho Cristian antes. Sentir los elementos antes de tratar de gobernarlos.
Podía sentir el agua, furiosa por las altas temperaturas que la obligaban a convertirse en vapor; el aire, arremolinándose alrededor, acogiendo al vapor; y fuego. Un fuego sin llama que se encontraba justo en el centro de la bañera, calentando el agua y luchando contra ella.
Podía sentir los tres elementos como algo vivo, como algo con poder y mente propia. Una mente que podía controlar, que debía obedecer.
- Tú hablas, ellos obedecen.- susurró Cristian bajito.
Yo hablo, ellos obedecen. Yo hablo, ellos obedecen. Yo hablo, ellos obedecen. Repetí en mi mente, como si se tratara de un mantra.
Ya estaba. Era así de fácil. Ellos debían obedecer. Solo tenía que demostrarles que era la Líder, que debían someterse ante mí.
Dejé libre mi magia, obligando al fuego a extinguirse, y al agua a calmarse, mientras el aire actuaba sobre ella calmándola, enfriándola. Eso es, los tres elementos a la vez, controlando cada gota de magia que salía de mi cuerpo, hasta que sentí el alivio del agua.
Lentamente abrí los ojos, temerosa de no haberlo logrado, y sentí un gran alivio cuando descubrí que realmente lo había conseguido. Había demostrado mi poder ante tres elementos a la vez. Aun quedaba la tierra, pero después de esto, no me parecía un reto tan grande.
Sorprendida, noté como mis rodillas flaquearon, y caí al suelo. Me encontraba débil. ¿Qué ocurría? No había utilizado demasiada magia, ¿no?
- Tranquila.- escuché a Cristian mientras me cargaban en sus brazos.- Te pondrás bien, solo estabas muy cansada después de todo el día. Demostrar tu control sobre tres elementos a la vez no es algo fácil, ni siquiera para la mujer más poderosa. Existe un motivo por el cual se aprende a dominar un elemento cada vez.
- Supongo que me excedí.
- No te preocupes, solo tendrás que descansar. Y míralo por el lado bueno, hemos hecho muchos progresos en un solo día.
- Si tú lo dices.
Me dejó sobre la cama y noté su mirada recorrerme a la vez que sus mejillas adquirían un tono rojizo. De repente recordé que lo único que cubría mi cuerpo era una toalla. ¿Se habría movido y mostraba más de lo debido?
Avergonzada, dirigí mi mirada hacia abajo y suspiré al ver que seguía en su sitio. Y luego, no fui capaz de preocuparme por nada más, mis parpados comenzaron a cerrase y el sueño me atrapó.
Eli.
Eli.- escuché la voz de Bibiana.- Escúchame.
¿Bibiana? ¿Eres tú? Tengo un par de cositas que decirte.
Sí, ya sé lo que vas a decirme, pero no había otra forma de hacerlo, confía en mí.
¿Cómo me pides que confíe en ti después de dejar que me capturaran?
Porque debían capturarte. Escucha, yo sabía que estarías bien, que él te cuidaría. Era necesario que os conocierais bajo las circunstancias adecuadas.
¿Circunstancias adecuadas?
Lo entenderás todo más tarde, pero ahora no puedo explicártelo. Es necesario que te advierta de algo.
¿De qué?- pregunté con recelo.
El tiempo se está acabando, Eli. Hay que acelerar las cosas.
¿Qué quieres decir?
Nuestro tiempo se acaba. Necesitas seguir adelante, ya controlas tres elementos, y estoy segura de que no tardarás en controlar el cuarto. Te has demostrado a ti misma que puedes hacerlo, los otros dos libros te resultarán mucho más fáciles que la magia elemental. Todo sigue las mismas normas, tú hablas, ellos obedecen.
Ha llegado la hora de que salgas de aquí, tú instrucción está casi completada.
¿Y qué hay sobre la lucha? No sé pelear.
Aun hay tiempo para que te muestre lo básico, pero solo tendrás un día más. Deberás aprovechar ese tiempo, antes de que tus Guardianes vengan a por ti.
¿Están todos bien?
Dejaré que lo veas por ti misma. Ellos se alegrarán de verte también, pero no debes contarles nada sobre mí.
Nada, te lo prometo.- pensé emocionada. Daría cualquier cosa por saber de mi familia, la extrañaba tanto.