viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 9


Alex saltó dentro del coche al asiento del conductor y arrancó mientras Jorge prácticamente me lanzaba al asiento trasero antes de sentarse a mi lado.
- Siéntate en el suelo y quédate ahí agachada.- de indicó antes de girarse y abrir el maletero plegando el espaldar de unos de los asientos.- A parte de la pistola y la daga en la bota ¿qué más tienes, Alex?
- Solo eso.- contestó acelerando aun más el auto.- Se suponía que iba a ser una escapada tranquila a un sitio seguro.
- Sí, y también se suponía que el escudo no fallaría.
- Pero de todos modos mientras vienen tenemos tiempo para huir, ¿no?- pregunté temerosa de la respuesta.


- No. Recuerda que ellos usan magia, magia negra pero magia al fin y al cabo. Pueden aparecerse en cualquier lugar en cuestión de segundos.- explicó Jorge sacando una espada del maletero y pasándosela a Alex.- Esperemos que no nos encuentren aun…
- Tarde.- dijo Alex frenando el coche de golpe.
- Maldición.- susurró Jorge sacando una segunda espada.
Quise levantarme y asomar la cabeza para ver qué pasaba exactamente. No era estúpida, sabía que se trataban de los miembros de la Orden de la Oscuridad. Pero quería saber más: ¿Cuántos eran? ¿Qué tipo de armas portaban? ¿Cómo eran? Sin embargo, también sabía que si asomaba la cabeza en algún momento lo más probable era que me la cortaran en cuestión de segundos.
- Jorge, activa el localizador y dáselo a Eli. Son demasiados para nosotros dos, necesitamos que David y Guille lleguen cuanto antes.- me miró por el espejo del retrovisor.- No te preocupes, no permitiremos que se te acerquen.
- No salgas del coche a no se que no te quede otra opción.- Jorge me miró muy serio mientras ponía en la mano un pequeño objeto negro del tamaño de caja de cerillas.- Escóndelo entre tus ropas, con esto David y Guille podrán encontrarte donde sea que vayas.
- ¿Qué va a pasar con vosotros?- pregunté pese a saber la respuesta, haciendo que sus expresiones se oscurecieran.
- Nosotros vamos a luchar e intentar ganar tiempo.- contestó Alex antes de salir del coche.
Jorge lo siguió y entonces dejé de verlos. Tenía miedo de salir, tenía miedo de asomarme y terminar causando algún problema. Aun así debía estar atenta para escapar cuando fuera necesario, pero eso significaría que mis hermanos no habrían sido capaces de retener a nuestros atacantes antes de que llegaran los refuerzos y no quería pensar en que eso pudiera suceder. No quería pensar que ellos podrían terminar muertos o heridos de gravedad aunque sabía que para este tipo de enfrentamientos era que se habían entrenado desde antes de los dieciocho, aun antes de saberlo.
Traté de mirar un poco por la ventanilla para saber qué estaba pasando, cómo iban mis hermanos, pero la voz de Bibiana me detuvo.
Quieta. No te asomes, yo te diré cuando tienes que huir.
¿Cómo van?
Mejor de lo que cabría esperar, pero definitivamente son demasiados.
¡Cuéntame más! Tengo que sacarte la información con sacacorchos.- resoplé internamente.
Jorge está luchando contra tres a la vez con la espada y ha disparando a cuatro hombres ya. Alex ha perdido la espada, ha disparado a tres y está luchando contra dos con la daga… no, contra uno, ha degollado al otro.
¿Están heridos?
Alex tiene un corte muy feo en el antebrazo izquierdo y un disparo en el costado derecho. Jorge tiene varios cortes en el pecho y en los muslos por las espadas de sus oponentes.
Entonces de doce ya han terminado con ocho, van muy bien.
Aun no está usando la magia.- me recordó.- Cuando lo hagan, la ventaja que han obtenido se irá rápidamente.
Esperaba que David y Guille se dieran prisa en llegar.
No deben tardar mucho, pero no lo harán a tiempo.
¿Qué…?
¡Tienes que salir ahora!- me interrumpió.- Los que estaban heridos pero vivos se están curando mediante la magia, los gemelos están perdiendo su ventaja. Debes escapar y esconderte ahora que todo está sumido en el caos.
Salí del coche, agachada para evitar de los disparos, y corrí hacia la cuneta para introducirme en el campo de los alrededores. Sin embargo, unos fuertes brazos me cogieron por la cintura y taparon mi boca impidiéndome pedir auxilio. Mis hermanos estaban ocupados, concentrados en la pelea y no advirtieron que alguien me sacaba de allí, metiéndome en el maletero de un coche, cómo tampoco lo advirtieron el resto de miembros de la Orden de la Oscuridad.
¡Bibiana!- grité en mi cabeza, sin embargo, sabía que era inútil, ya no la sentía junto a mí. Se había desvanecido nuevamente, dejándome sola en el maletero de me captor.
Noté el coche arrancar y salir de allí a gran velocidad. Pero eso no le iba a servir, aun tenía el localizador y David y Guille seguirían esa señal. Estaba escondido entre mi sujetador, el primer sitio que se me ocurrió para meterlo, esperando que no tocaran ahí.
Después de unos minutos de conducción a velocidad vertiginosa, y varios golpes contra el maletero, el coche se detuvo. Escuché abrirse y cerrarse la puerta del conductor y sus pasos hasta el maletero. Abrió y vi que estábamos en una gasolinera, entonces usó su magia sobre mí y me obligó a caminar hacia el interior con una bolsa de lona que me entregó
Mi cuerpo no me obedecía, estaba totalmente desconectado de mi mente, controlado por la de mi secuestrador, a quién no vi la cara en ningún momento ya que mis ojos no se dirigieron en ningún momento a su rostro. Involuntariamente caminé hasta el mostrador de la gasolinera junto a él, que después de pedir la llave para el servicio de las chicas, asegurándose de que no podía oírle debido a la magia, me la entregó y mi cuerpo se dirigió hacia allí.
Una vez dentro comencé a desvestirme por completo, y me vestí con las ropas que había en la bolsa, incluida la ropa interior. Eso dejaba fuera al localizador que había caído al suelo detrás del inodoro. Las ropas con las que me vestí eran unos vaqueros una talla más grande, una camiseta blanca que bien podría haber sido de un chico por como me quedaba y unas zapatillas de deporte azules que sorprendentemente sí eran de mi número.
Salí del baño y después de entregar la llave en el mostrador me dirigí al coche y me monté en el asiento del copiloto, cerrando los ojos, evitando así ver la cara del hombre que me había capturado. Maldito cuerpo traidor.
Pero él controlaba mi cuerpo, no mi mente. Así que aun tenía un as debajo de la manga. Si lograba encontrar algo de agua y dirigirlo a su cara tal vez pudiera sorprenderle y usar eso para tratar de escapar. Aunque para eso antes tenía que encontrar una fuente de agua, y me temía que aun no poseía la práctica suficiente para sentirla. Eso no funcionaría, debía pensar otra cosa.
Mantuve los ojos cerrados todo el camino, ideando un plan que pudiera funcionar, pero no tuve ningún éxito. Otra vez moviendo mi cuerpo como un títere, bajé del coche y caminé por una calle conocida. Estaba en mi misma ciudad, en una calle cerca de la piscina por la que había pasado cientos de veces.
Aquí era donde me iba a meter este tipo, en un edificio de esta calle. Se trataba de un ático, muy luminoso, de paredes blancas y suelo de parqué, y con escaso mobiliario. A primera vista parecía un apartamento normal y corriente. Justo al entrar alcancé a ver un salón enorme con una gran terraza antes de que me hiciera recorrer el pasillo, en el que conté cinco puertas: dos a la derecha, dos a la izquierda y una al fondo. Las de la izquierda estaban entreabiertas, dejando ver una cocina y lo que parecía ser un gimnasio. La del fondo y la primera de la derecha estaban completamente cerradas. En la segunda puerta de la derecha fue donde nos detuvimos.
Abrí la puerta moviéndome bajo sus órdenes y entré. Se trataba de un dormitorio ni muy grande ni muy chico, con las paredes blancas, como el resto de la casa, y una única ventana en la pared de enfrente con una reja. Bajo la ventana había un escritorio vacío, en la pared de la derecha un armario y en la de la izquierda la cama. Antes de llegar a la cama había que pasar por una especie de pasillo muy corto en el que había otra puerta, el baño.
Mientras miraba toda la estancia escuché la puerta cerrarse y cómo echaba la llave encerrándome allí, en la que sería mi habitación, mi celda. También noté como su control sobre mi cuerpo disminuía hasta que quedé totalmente libre de moverlo a mi placer.
Mi primera acción ya libre de su control, fue apoyarme sobre la puerta y dejarme caer hasta el suelo donde empecé a llorar sobre mis rodillas. Me sentía como una niña pequeña, sola indefensa e insegura. Y no ayudaba el saber que Jorge y Alex estaban luchando solos contra once tipos, esperando el refuerzo de David y Guille. Una refuerzo que tardaría en llegar más de lo que pensaban ya que debían haberse desviado para seguir la señal del localizador hasta la gasolinera.
Después de un rato, cuando mis lágrimas se secaron, tomé una decisión. No lloraría más. Me haría más fuerte, poco a poco, aunque fuera sin la ayuda de los libros, así no necesitaría la constante ayuda de los demás. No volvería a desmayarme, no volvería a herirme y aun si eso sucediera lo superaría sin dar muestras de ello. Aprendería a luchar si era necesario. Todo por no ser una carga para mi familia.
Una familia a la que esperaba no haber perdido a causa de todo esto. Recé con todas mis fuerzas por qué Alex y Jorge hayan salido con vida de ese enfrentamiento, por qué David y Guille los hubieran ayudado y por qué no nos hubieran relacionado con nuestros padres y abuelos. Deseaba que cuando saliera de aquí todo siguiera como antes del ataque.
Sabía que no podía aprender a luchar sin nadie que me enseñara a hacerlo correctamente, de lo contrario lo único que conseguiría sería salir lastimada, de modo que hasta que no saliera de aquí solo podía fortalecerme aprendiendo a usar la magia. Si aprendía a controlar los elementos perfectamente podría usarlos como armas aunque existiera una magia precisa para eso.
Me levanté y entré al baño, llenando la bañera para comenzar con mi práctica. Cuando estuvo llena hasta la mitad relajé mi mente, tratando de apartar los pensamientos pesimistas sobre mi familia. Como la otra vez comencé a cantar, suavemente, mientras el agua respondía a mi canto, formando las imágenes que se dibujaban en mi mente.
Eso era todo lo que había conseguido hasta el momento y ahora quería ir más lejos. Ordené al agua que saliera toda de la bañera, dando lugar a una gran bola que quedó suspendida sobre la puerta.
En ese momento escuché la puerta de mi celda abrirse, mi secuestrador estaba entando. Reaccionando a mi miedo, la enorme bola de agua salió dispara por la puerta empapando al miembro de la Orden de la Oscuridad. Entonces todo el temor que sentía se desvaneció y una tímida sonrisa apareció en mi rostro.
Yo no quería una tímida sonrisa, quería reír a carcajadas, pero no era estúpida y sabía que eso lo enfurecería aun más de lo que debía estar ya. De todos modos no pude evitarlo y esa sonrisa se formó en cara, congelándose al ver la fría mirada de los ojos azules y profundos que asomaban entre mechones de negro azabache.
¿Cristian? ¿El chico de la piscina?
No, no era él. Era cierto que se parecían mucho, pero este parecía unos años más joven y aun así mayor que yo. Tenía el mismo pelo, los mismos ojos y el resto de los rasgos de su rostro también se parecían.
- Parece que la sirenita está haciendo de sus travesuras.- dijo con una voz que te helaba hasta los huesos.
- ¿Quién eres?
- La persona que te trajo hasta aquí y que te torturará hasta que me digas lo que quiero oír.
- ¿Quién eres?- no dejé que sus palabras me amedrentaran.
- Ya te lo he dicho.- se agachó ante mí.- Y esa es la única respuesta que obtendrás de mí.
Nuestras miradas se encontraron y vi el reto en sus ojos, el reto a que intentara cualquier cosa. Él se encargaría de golpearme y dejarme tirada en el suelo del baño si lo hacía. Pero no desvié mi mirada, tragándome el miedo que sentía. No le daría el gusto de verme asustada ni una sola vez más.
- Quería que estuvieras presentable para este momento,- me sorprendió.- pero parece que quién no estará presentable seré yo.
¿Qué estaba diciendo? ¿Para qué se suponía que debíamos estar presentables? No estaba entendiendo ni una sola palabra de lo que decía.
- No lo entiendes, ¿verdad?
No le contesté, simplemente mantuve mis ojos fijos en los suyos.
- Antes de torturarte vas a ser interrogada “decentemente”.- pronunció esta última palabra con burla.- Después de todo él no quiere que golpeemos a las muchachas como tú para conseguir respuestas, pero es tan ingenuo que no se da cuenta de lo que hacemos una vez que las muchachas están en nuestras manos.
- ¿Quién?
- ¡Quién va a ser! Nada menos que el miembro más importante de La Orden de la Oscuridad, nuestro líder.- Un tipo de unos veintitantos años, con el pelo negro como el carbón y ojos azules como el océano.- Mi hermano.
Eso fue lo que dijo el muchacho, pero en mi mente escuché otra cosa. Un nombre: Cristian.