viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 8


- Guille, David. Hoy no iré a clase.- anuncié mientras desayunábamos todos en la mesa de la cocina.
- Pensaba que querías ir a la universidad.- dijo Alex.- Tengo entendido que te enfurruñaste cuando nos fuimos a la universidad y te dejamos aquí en casa.
- Así es, pero hoy quiero practicar con la magia.- le sonreí.- Ya va siendo hora de que practique algunos truquitos. Después de tanto dormir por la tarde, no podía hacerlo por la noche, de modo que cogí el libro del agua y estuve aprendiendo algunos hechizos. Estoy impaciente por probarlos.
- Muy bien.- dijo David.- Entonces saldremos de la ciudad para buscar un lugar seguro.
- Tomad esto.- papá le entregó un tubo metálico.- Cuando encontréis un buen lugar colocadlo en el centro y abridlo. Eso creará un escudo que mantendrá su magia oculta al radar de la Orden de la Oscuridad.
- Bien, entonces… ya estamos listos, ¿no?- dijo Guille.
- Un momento. Tengo que coger la maleta con el libro.
- Mete también algo de ropa de repuesto, para ti y para ellos.- sugirió mamá.- Si vas a practicar con agua la necesitareis.
Me levanté de la mesa, ya por fin libre de las muletas después de una semana, y corrí a mi habitación. Metí a toda prisa otros vaqueros y un polo blanco y bajé las escaleras para encontrarme con David y Guille que tenían en sus brazos sus vaqueros y sus polos de repuesto.
- ¿Os los guardo en la maleta?
- No es necesario.- dijo David.- Lo meteremos en el maletero.
- Pues vámonos.- Guille agitó las llaves.
Guille nos sacó de la ciudad, como dijo David, y condujo hasta una vieja casa de campo oculta tras un pequeño pero espeso bosque, asilada de todo. Bajamos del coche y Guille nos llevó a la parte trasera de la casa, donde había una piscina. Ese sería mi sitio de práctica con el agua, la piscina.
David sacó el objeto que papá le entregó más temprano y lo colocó cerca del borde de la piscina, quedando esa a un lado del tubo y nosotros a otro. Lo abrió y de su interior salieron unos rayos de luz de diferentes colores en tonos pálidos que subieron muy alto entre cruzándose entre sí y luego se abrieron como una palmera yendo cada uno en una dirección, descendiendo poco a poco, formando una cúpula sobre la piscina y nosotros. El escudo.
- Todo listo.- dijo David.- Comienza cuando quieras.
Él y Guille se retiraron unos pasos, dándome espacio. Yo me concentré en sentir el agua. Esa era la clave, podías hacer lo que quisieras con ella si la sentías y podías doblegarla bajo tu poder. Si conseguía eso el resto sería pan comido.
Pero eso solo era la teoría. Después de un par de horas allí plantada enfrente de la piscina con los ojos cerrados tratando de concentrarme apenas era capaz de sentir el agua. Sabía que estaba justo delante de mí pero solo porque la había visto antes de cerrar los ojos, si no fuera así juraría que estaba en un desierto sin la más mínima gota de agua.
Sin embargo no me di por vencido, sino que lo volví a intentar, una y otra vez, cada vez con más fuerza. Y aun así no logré avanzar nada.
- Ya está bien por hoy.- dijo David.- Es hora de volver a casa para comer.
Miré mi reloj y comprobé que tenía razón. Había estado tan concentrada intentándolo que no me había dado cuenta del paso del tiempo.
- La próxima vez deberíamos traer bocadillos o lo que sea.- sugirió Guille.
- No es mala idea,- le dije.- así no perderemos tiempo yendo y viniendo.
- ¿Esta tarde también piensas venir a practicar?- David se giró a mirarme.
- Por supuesto. Ya has visto que no he conseguido nada, tengo que seguir intentándolo.
-En ese caso te acompañarán Jorge y Alex.- anunció David.
Lo miré extrañada. No era que él no confiara en ellos, pero prefería estar él al cargo de todo lo importante. Creí que jamás me dejaría ir a ningún sitio sin él. Por eso cuando dijo que me acompañarían los gemelos en vez de él y Guille lo vi tan extraño. ¿Habéis oído el dicho “si quieres que algo salga bien hazlo tú mismo”? Pues él lo llevaba a raja tabla.
- ¿Cómo es eso?
- Bueno, es hora de que ellos también asuman su tarea de guardianes, ¿no?- Guille esquivó el tema.
Lo dejé pasar. Estaba claro que David no quería que yo supiera el autentico por qué, y Guille no me lo iba a decir delante de él. Por ese motivo le preguntaría luego a los gemelos y si ellos no me contaba lo que estaba pasando encontraría el momento para hablar con Guille. Y si nada de esto funcionaba podría preguntarle a Bibiana al respecto, ella siempre estaba al pendiente, observando mis movimientos y seguro que también se preocupaba por su hermano.
- Me gustaría pasar un rato con ellos.- le seguí el juego.- Seguro que ellos no son tan estrictos como David.
- No te preocupes, hermanita,- David me acarició la cabeza.- ya me encargué de ello. Si saben lo que les conviene no serán muy permisivos, solo algo normalito.
- Eso estaría bien. Tú no eres “normalito” a la hora de permitir.
- Calla ya.- nos reímos los tres.
Hicimos el viaje de regreso bromeando como hacía tiempo que no hacíamos, riendo sin poder parar hasta que finalmente me dolió la barriga. Pensé que David se había vuelto un cascarrabias pero en el fondo seguía siendo el mismo hermano alegre y bromista que había sido antes de su dieciocho cumpleaños. Y lo mejor de todo era que las cosas con Guille al fin parecían haberse arreglado.
- Ya pensábamos que no ibais a venir a comer.- se burló Alex cuando entramos a la casa.
- Os dejé pollo en el horno para que no se enfriara.- dijo mamá.- Aunque tuve que echar a estos dos de la cocina para que os dejaran algo, parecía que iban a acabar con todo.
- Eso no es nuevo.- reí.- Jorge y Alex parecen tener un agujero negro por estómago, me pregunto dónde echarán todo lo que tragan.
Guille y David corearon mis risas mientras mamá nos servía nuestros platos.
- Y dime, ¿qué tal te fue con el agua?- preguntó.- Veo que venís todos secos.
- No logré nada.- refunfuñe.- Después de toda la mañana no fui capaz de sentirla y mucho menos de manipularla. No intenté nada difícil, solo algo fácil y sencillo pero no conseguí hacer nada…
- No te preocupes, es normal.- me consoló mamá.- Tu tía y yo tardamos mucho en lograr algo con el agua. Siempre es el primero que se aprende a manejar por ser el más fácil y con el que se corren menos riesgos, pero sigue siendo complicado. Una vez que consigas controlar el agua los demás elementos te resultarán más fáciles.
-Tal vez, pero desanima mucho el no conseguir ningún progreso.
- Pues no te desanimes. Esta tarde puedes volver a intentarlo.- me aconsejó.
- Lo sé. Al parecer iré con Alex y Jorge.- los miré.
- Sí, nosotros también estamos algo sorprendidos por ese cambio en la actitud de David…- dijo Jorge.
- … siempre tan enfrascado en su labor de guardaespaldas sobreprotector.- terminó Alex.
- Dejadlo ya.- se quejó el aludido.- Quiero comer tranquilo.
Después de eso comimos en relativa calma y tranquilidad, solo rotas por ocasionales burlas y bromas de mis hermanos y Guille y las reprimendas de mi madre y mi padre. Aunque solo comimos nosotros tres, los demás ya lo habían hecho, todos se habían reunido con nosotros alrededor de la mesa para saber que tal me había ido en mi frustrante primer día de práctica con la magia.
Después de comer volví a salir hacia esa casa abandonada, esta vez con Alex y Jorge y algunas provisiones para la merienda. El viaje fue muy diferente a cuando iba con David y Guille, exceptuando el de esta tarde al volver a casa, ya que el ambiente estaba cargado de tensión ya que David siempre parecía enfadado con Guille o conmigo. Sin embargo, esta vez el carácter de los gemelos se mezcló con el ambiente, llenándolo de entusiasmo y energía. Justo lo que necesitaba para mis prácticas de magia.
Alex aseguró la zona como había hecho esta mañana David y luego se sentó en suelo con la espalda apoyada en el coche junto a Jorge. Mientras, yo me dispuse a hacer mi trabajo. Volví a concentrarme con ánimos renovados y esperé sentir el agua.
El resultado fue parecido al anterior. Igual porque no logré sentir el agua, pero distinto porque me hallaba en un estado de concentración que no había alcanzado nunca antes. Podía sentir todo dentro de mi cuerpo: el movimiento de mi corazón, la sangre circulando por mis venas con cada latido, el aire llenando mis pulmones, mis músculos tensándose y relajándose para mantener mi postura, la oscilación de mi cuerpo… Y entonces la sentí a ella, Bibiana.
Hola de nuevo, prima.
¡Bibiana!- sorprendí.- Pensé que solo podía hablar contigo cuando estaba dormida o inconsciente.
O cuando estás tan concentrada como ahora. La conexión durará tanto como dure tu concentración.
Eso era una gran noticia, podía hablar con ella cuando quisiera.
No abuses. Solo acudiré cuando sea necesario.
¿Y ahora lo es?
Por supuesto. Parece que tengo que ayudarte a manejar el agua. Se supone que debes averiguarlo por ti misma, pero eres la Líder y ya has alcanzado el poder del zafiro. Lo más importante es que aprendas a controlar ese poder antes de que tu gema vuelva a cambiar.
¿Y cómo se supone que me vas a ayudar?
Dándote un consejo muy simple: relájate.
No entiendo.
La magia es algo natural para nosotras, por eso no debes forzarla. Deja que salga sola, relájate, disfruta de ella. Siente el agua, si, pero siente también la magia correr por tus venas y permítele salir cumpliendo tus deseos.
Creo que ya lo entiendo.- pensé.- Peor si me relajo y pierdo la concentración también perderé la conexión contigo.
No te preocupes, podremos hablar en otra ocasión. Ahora estás aquí para aprender a usar magia, ¿no? En ese caso adelante, y recuerda, no lo intentes tan duro.
Lentamente la dejé ir, junto con mi concentración. Ahora sabía lo que debía hacer, Bibiana me lo había dicho. Abrí mis ojos y me giré hacia mis hermanos que seguían sentados a los pies del coche.
- ¿Qué ocurre?- preguntó Jorge.
- ¿Has sentido algo?- dijo Alex notando mi sonrisa en mi rostro.
- No.- les contesté dejándolos confusos.- Pero ya debe ser hora de merendar, ¿cierto?
- Eh… sí, bueno, hace un rato…- comenzó Alex.
- … Pero no queríamos interrumpirte.- terminó Jorge.
- Adoro cuando termináis las frases del otro.- reí.- ¡Venga!- les dije cuando aun seguían mirándome sin moverse.- Sacad las cosas de la merienda.
Ambos se levantaron de un salto, Jorge a encender la radio y buscar una emisora de música y Alex a coger los bocadillos y los zumos de la bolsa del maletero. Mientras abría mi bocadillo escuché cómo mi canción favorita empezaba a sonar, 10 minutes, de Inna, y empecé a cantar usándolo a modo de micrófono.
Cuando llegué al estribillo vi a los gemelos abrir los ojos desmesuradamente y los escuché jadear. Dudaba que su sorpresa se debiera mis grades dotes como cantante, así que supuse que la causa de esta se debía a algo que sucedía a mis espaldas. Sin dejar de cantar me giré para ver que era lo que los había sorprendido tanto.
Cuando lo hice yo también me sorprendí. El agua de la piscina estaba moviéndose, formando grandes columnas que danzaban al ritmo de la música enroscándose entre sí. Canté con más ganas al ver el espectáculo y las columnas cambiaron formando extrañas figuras.
Bibiana había tenido razón. La clave de todo era que me relajara. Lo había hecho y ahora estaba obteniendo mi recompensa. Podía sentir el agua seguir el compás de mi voz y podía ordenarle que hicieran las formas que se dibujaban en mi mente.
Entonces el escudo comenzó a parpadear, terminando por extinguirse en apenas un segundo. Enseguida dejé de cantar y el agua volvió a la piscina abruptamente.
- ¡Mierda!- maldijeron los gemelos a la vez.
- ¿Crees que habrán sentido la magia?- pregunté asustada.
- Seguro que sí.- respondió Alex.- Rápido, al coche. ¡Nos vamos ya!