viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 7


Desperté en mi cama sobresaltada, jadeando.
Mi sueño… Guille… Bibiana…
- Bibiana…- susurré con lágrimas brotando en mis ojos.
La puerta de mi habitación se abrió despacio y mi madre apareció por ella. Su rostro se veía cansado y algunas arrugas comenzaban a asomar alrededor de sus ojos y boca.
- ¿Qué tal te encuentras?
- Bien. Solo estaba algo cansada.- ella enarcó una ceja.- Bueno, está bien, estaba totalmente agotada.
Ella se sentó en el borde de mi cama y puso su mano sobre la mía.
- Cariño… David y Guille me han contado lo sucedido hoy más temprano.
- ¿Qué hora es? ¿Cuánto he estado durmiendo?
- Aun no es la hora de la cena. Solo has dormido durante unas horas.- contestó.- Pero yo quería hablarte sobre lo que ocurrió antes, en el bosque.
Me limité a asentir con la cabeza, instándole a que continuase.
- Ya habrás leído en los libros sobre las Líderes de Las Damas, me imagino.- volví a asentir con la cabeza.- Bien. En cada generación hay una, pero el poder de esta no está completo desde el principio, sino que va aumentando con el tiempo. En la ceremonia de los dieciocho años puede otorgársele cualquier gema, desde la amatista hasta el zafiro. Pera el primer cambio de piedra no se da hasta que fallece la Líder de la anterior generación, aunque no inmediatamente. Algo debe ocurrir que fuerce el cambio, algo que suponga un gasto extra de energía. De este modo su identidad permanece en secreto, garantizando su seguridad ante La Orden de la Oscuridad, hasta que su presencia es realmente necesaria. Solo las otras Damas pueden saber de ello, pero no porque alguien le diga quién es, sino porque ven un brillo especial en esa persona, un brillo que solo serán capaces de ver si tienen un corazón bueno y valiente.
Traducción: Mi madre sabía que yo era la Líder.
Me quedé mirándola a los ojos sin saber que decir. Ella me sonrió y me abrazó fuerte.
- Sé que ahora mismo estarás confusa. No hace ni un mes de tu cumpleaños, cuando te contamos sobre Las Damas y te dijimos que tú eras una de nosotras y ahora resulta que te has convertido en La Líder, ni más ni menos.- se separó rompiendo nuestro abrazo.- Esto no debe saberlo nadie, ni si quiera Guille o tus hermanos, ¿entendido?
- Sí, claro. No les he dicho nada a ellos. No eres la primera que me dice que no esto no debe saberlo nadie.
- Cierto, esa chica, la otra Dama que estaba contigo en el bosque, ¿no?
- Su nombre es Noelia.- dije.
- No creo que debamos preocuparnos por ella. No dirá nada.- aseguró.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? Quiero decir, yo confío en ella pero tú ni si quiera la conoces…
- Ella sabe lo que significa ser La Líder, al fin y al cabo su madre fue tu predecesora.
- ¿Su madre?- pregunté confundida.
- Sí. Su nombre era Sonia. Tu abuela y la abuela de Sonia fueron grandes amigas, aunque ahora están algo distanciadas. Éramos vecinas, así que Amber, ella y yo solíamos estar siempre juntas. Cuando Sonia cambió su piedra por primera vez, su madre se asustó y se mudaron de ciudad, pero hace diez años ella volvió con su marido y sus tres hijos.
>> Durante su liderazgo todo fue tranquilo y pacifico. Fue una gran Líder que ejerció su poder con mucho juicio y sabiduría. Sin embargo, enfermó gravemente hace unos años.  Leucemia. No nos está permitido usar nuestros poderes para nuestro propio beneficio, de modo que no podía sanarse a sí misma, ni tampoco buscar a otra Dama para que lo hiciera. Aunque tengamos el poder para ayudar, no podemos hacerlo siempre que queramos. Debe haber un intercambio justo, ni mucho ni poco, o las consecuencias serían terribles. Ya sabes que al hacer magia agotamos nuestra energía, es parte del intercambio. El precio para la Dama que sanara a Sonia sería demasiado elevado ya que su enfermedad estaba muy avanzada. Sería necesaria una Dama muy poderosa para ello, tanto como la misma Sonia y eso era imposible. No había nadie con un poder semejante al suyo. De modo que la consecuencia final fue su muerte, hace dos años.
>> Pero antes de que ella muriera, ya había instruido a su hija en todo lo relacionado con las Damas, pese a que esta aun no podía usar magia. Noelia desde pequeña había visto ese brillo en su madre, por lo que Sonia le explicó todo y aprendió los libros antes de poder practicar los hechizos. Mientras tanto, el marido de Sonia, Enrique, instruyó a sus hijos en su tarea de Guardianes antes de su muerte. Imagino que al morir Sonia él sabía que no tardaría mucho en seguirla allá donde esté, sin embargo, no podía hacerlo hasta que dejara a su hija debidamente protegida. Una vez que el mayor aprendió todo pudo reunirse con su esposa tranquilamente, ya que sabía que el se encargaría de enseñar y guiar al menor…
Mi madre, que había estado relatando todo mirando hacia arriba, bajo la mirada hasta encontrarla con la mía y dedicarme una sonrisa burlona.
- … y el menor según tengo entendido parece tener interés en ti. Quizás sea él quién se convierta en tu quinto Guardián.
- Mamá,- hice una mueca.- no estoy pensando en eso ahora mismo. No creo que tenga nada con él.
- Es un buen muchacho. A demás, sabe de todo esto y está preparado para protegerte, no como tu padre o tu tío Adrián. Ellos no sabían nada de magia, ni Damas, ni Guardianes, nada. Tu tía y yo tuvimos que ser cuidadosas al contarles la verdad y luego debieron someterse a un duro entrenamiento con tu abuelo, ya que nos juraron proteger y cuidar. La verdad es que fue un alivio para tu abuelo que ellos se comprometieran a ello, ya que como no tuvimos ningún hermano varón, él tuvo que ser el Guardián de las tres: tu abuela, tía y yo. Pero contigo no existe ese problema, ya tienes cuatro Guardianes y con él serían cinco.
- Mamá, de verdad, déjalo ya, ¿sí? Tal vez lleguemos a ser amigos, pero nada más.- insistí, y buscando un cambio de tema volví a mi sueño.- Ahora quisiera hablar con Guille.
Saqué los pies de la cama y traté de levantarme, pero la cabeza me daba vueltas y me desplomé sobre la cama.
- Si tantas ganas tienes de hablar con él mejor le digo que suba.- dijo mi madre.- Tú vuelve meterte en la cama y descansa, aun no has recuperado todas tus fuerzas.
- Para ser la Dama más poderosa estoy siempre desmayándome y sin fuerzas.
- Tal vez si te dedicaras a aprender los libros y a usar tu magia correctamente podrías disponer de tus poderes sin tener que estar arrastrándote por las esquinas.- me recriminó adoptando su pose de madre y mentora, justo antes de cerrar la puerta al salir.
Tenía razón. Tal cómo ella y Bibiana habían señalado, debía ponerme cuanto antes a estudiar esos libros. Era el único modo de no cometer más imprudencias como la de esta tarde o la del otro día cuando dejé a todos sordos a mis oídos y quedé muda a los suyos. Decidido, en cuanto pudiera levantarme de la cama cogería esos libros y me los aprendería enteritos. El primero era el del agua, después el del aire, luego la tierra y finalmente el fuego. Después, estaban los libros de encantamientos superiores y defensa con la magia y además, por ser la Líder de las Damas, otro libro más. Ya estaba impaciente por saber que contenía ese octavo libro.
Unos golpes en la puerta interrumpieron mis cavilaciones.
- ¿Se puede?- preguntó Guille asomando su cabeza por la puerta.- Tu madre dijo que querías verme. Toda una sorpresa si tenemos en cuenta que no nos dejó acercarnos desde que te vio. Solo ella entraba para ver cómo estabas y si despertabas.
- Bueno, ahora estás tú aquí, conmigo, y quiero hablar contigo.- esquivé el tema de mamá. Por supuesto que no dejaba que nadie estuviera conmigo, ella debía ser la primera en hablar conmigo y asegurarse que no les decía sobre mi nueva condición.
- ¿Sobre qué?
- Sobre esa conversación que tenemos pendiente.- estaba segura que tendría que ver con lo que Bibiana le había contado.- ¿Qué tal si hablamos ahora? Estoy segura de que mamá mantendrá a mis hermanos a raya mientras conversamos.
- Sobre eso…- se sentó en el borde de mi cama.- es algo difícil.- dudó como empezar.
- Se trata de Bibiana, ¿cierto?- le ayudé ganándome una mirada confusa y sorprendida de su parte.
- ¿Cómo…?- luego su expresión se volvió sombría.- Los sueños. Has tenido algún sueño sobre ella, de igual modo que ella tenía sueños sobre ti.
- Háblame sobre ello.- le invité.
- Ella siempre tuvo el don de los sueños.- suspiró.- Desde antes de su dieciocho cumpleaños ya sabía cosas sobre las Damas y los Guardianes y la Orden Oscura. No tenía muchos datos, ya que aun no le habían contado nada, pero sabía que ellos suponían una amenaza para ella y para nuestra madre y que nuestro padre y yo debíamos protegerlas. Desde pequeño siempre estuve allí para ella, consolándola después de sus sueños, que siempre eran de advertencia sobre algo terrible.
>> La noche después de su dieciocho cumpleaños tuvo otro sueño premonitorio. Esa noche no pude consolarla, por mucho que lo intentaba no dejaba de llorar y abrazarme repitiendo una y otra vez que no podía permitirlo. Nunca me dijo que era lo que no podía permitir, pero desde esa noche no volvió a llorar delante de nadie y se volvió fría con todos excepto contigo. Tampoco me dio una explicación al respecto, y te puedo asegurar que fue lo suficiente insistente para que me lo contara, pero jamás lo hizo.
>> Hasta el día de su muerte. Ese mañana vino a mi habitación cuando aun estaba amaneciendo. Nunca olvidare su rostro solemne y serio cuando se sentó junto a mí en la cama y me dio un enorme abrazo. Entonces no supe que se estaba despidiendo, que seguramente había visto que su propia muerte tendría lugar ese mismo día.
>> Al llegar a casa todo era un caos. Los hombres de Orden Oscura estaban por todos lados y mi padre les hacía frente el solo. No vi ningún rastro de mi madre ni de ella. Saqué el puñal que llevaba siempre escondido en el brazo y me lancé contra los asaltantes, pero antes de poder hacer nada mi padre me golpeó, dejándome inconsciente. Mi propio padre. Por algún motivo que entonces no sabía no me quería peleando allí, luchando junto a él por proteger a nuestra familia.
>> Cuando desperté ya no había nada que pudiera hacer por salvarlos. Todos estaban muertos. Lo único que estaba en mi mano era dejarlo todo como si se tratara de un accidente. Recorrí la casa preparándolo todo y en el cuarto de Bibiana encontré lo que estaba buscando desde hacía algún tiempo. Una explicación.
>> Sobre su cama había una carta. En ella me pedía perdón por no dejarme cumplir con mi obligación de protegerla, pero, según ella, debía cumplir sus propias obligaciones. Decía que con su muerte podría salvar el destino de todas las Damas, pero en especial el de una persona muy importante para ella. Tú. Por eso, después de su muerte pedí ser tu Guardián si tú me aceptabas tras el fracaso que resulté ser al tratar de defender a mi propia hermana. Tenía que intentarlo, ella había muerto por ti y haría todo lo que estuviera en mi mano para protegerte. No sé el motivo exacto por lo que decidió esto, pero estoy seguro que ella ya sabía que esto sucedería. Ese debió ser su sueño de aquella noche, la noche su décimo-octavo cumpleaños.
>> Aun a veces se me aparece en sueños y habla conmigo, pero nunca sobre los motivos que le llevaron a hacer eso. Siempre cambia de tema cuando intento que me cuente algo, ella solo quiere hablar de lo mismo. Tú. Sobre cómo debemos darte cierta libertad. Según ella aun no están reunidas todas las piezas para que podamos resolver el rompecabezas en el que se ha convertido todo este asunto y no lo estarán nunca si no te damos la libertad necesaria para que las busques.
Él no sabía más que yo. La única información que me había dado era que iba a conocer gente que me iba a ayudar en lo que sea que el destino me tenía preparado. Cuando Bibiana volviera a presentarse en mis sueños tendría que preguntarle al respecto. Parecía algo peligroso y no me gustaba nada.
- ¿Entiendes ahora por qué no puedo dejar que te vayas sola?- me preguntó Guille.- No puedo permitir que te suceda algo y las muertes de mi hermana y de mis padres haya sido en balde.
- Tranquilo.- le contesté.- Yo tampoco tengo ningún interés en morir por el momento. Bibiana trató de protegerme de algo y vamos a averiguar de qué se trata, aunque no estoy muy segura de si quiero saberlo.
- No te preocupes.- me abrazó.- Tus hermanos y yo estaremos ahí para ayudarte a superar lo que sea.
- Y más gente.- le recordé.- Eso fue lo que dijo Bibiana, ¿no? Que aun no conocíamos a las personas que nos iban a ayudar. Y sé que ella estará allí cuando llegue el momento.
- Tienes razón.- me concedió.- Pero ahora tienes que descansar, ya nos encargaremos de solucionar todo esto cuando se presente. Esa amenaza de la que ella trató de protegerte aun no se ha presentado, así que no tienes por qué preocuparte por el momento.
Guille se levantó de la cama y colocó mis sábanas correctamente, que estaban completamente revueltas. Abrió la puerta para marcharse y cuando ya casi salía por ella lo llamé deteniéndolo bajo el marco de la misma. Debía saberlo.
- Guille.- lo llamé.
- ¿Si?
- No fue tu culpa.- le dije.- Sé qué ella querría que lo supieras.
- Aun así debí haberlo hecho mejor.- dijo sombrío.
- Bibiana habría encontrado la manera de hacerlo y tú no habrías podido impedírselo. Sabes que es así.
Después de eso él salio de mi habitación cerrando la puerta tras de sí y dejándome sola para descansar. Aunque no sabía si podría hacerlo con todo lo que había pasado. Definitivamente eran demasiados cambios y emociones por un día.