viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 5


Dejando a David y a Guille con las chicas me acerqué a ella, otra Dama. Como yo.
Y al igual que yo también estaba con sus Guardianes. Al principio no me había percatado de ello, pero al fijarme noté que había dos chicos junto a ella que parecían distraídos sin prestar especial atención a las cosas cuando en realidad no perdían ojo de sus movimientos y que analizaban a todo aquel que se acercara a ella.
Resultaba bastante evidente que eran hermanos. Los tres poseían el mismo tono de piel pálido y luminoso con pecas, el mismo tono oscuro de pelo y los mismos ojos azul pálido.
Uno de ellos, el más alto y musculoso, me miró con desconfianza cuando me acerqué y avanzó un paso colocándose más cerca de ella en una maniobra protectora mientras que el otro miraba al infinito, vigilando a otros estudiantes.
- Tranquilo.- Dijo ella colocando su mano sobre su brazo.- Es una amiga, ¿no? ¿Dama?- añadió mirándome a mí.
Le dediqué un leve asentimiento de cabeza y descubrí mi colgante a la vez que ellos relajaban su postura. Pero volvieron al estado de alarma inmediatamente al notar acercarse a David y Guille.
- Ellos son mi familia.
No podía decir que eran mis Guardianes delante de tanta gente, pero toda Dama y todo Guardián sabría que ser familiar varón de una Dama implica ser Guardián.
- Mi nombre es Noelia. Y estos son mis hermanos, Oscar,- señaló al mayor.- y Jaime.- presentó al menor.
- Yo soy Eli, y ellos son mi hermano David y mi primo Guille.
- ¿Primo? No es habitual que los primos sean...- Oscar dejó la observación incompleta, no queriendo decir la palabra “Guardianes” en voz alta.
- No, no lo es.- dijo Guillle.- Pero la situación de esta familia tampoco lo es.
- ¿Qué quieres decir?- Jaime frunció su ceño.
- No es el momento ni el lugar para hablar de esto.- interrumpió David.
- Tienes razón.- convino Oscar.- Pero no quiero dejar esta conversación aquí. Nos encontraremos a la salida, conozco un buen lugar para continuarla.
Cuando volví a mi sitio, Ángela me miraba fijamente muy seria. Sabía que iba a acribillarme a preguntas por haberla dejado y haber hecho que Guille y David me siguieran, dejándola a ella plantada con la palabra en la boca.
- ¿La conoces?- preguntó.
- No…- dije insegura.- Acabo de conocerla.
- Esa chica es muy rara. No te aconsejo que acerques a ella.
- ¿Por qué?- pregunté confundida.
- Nunca habla con nadie. Es más, esos dos chicos que están con ella no la dejan ni a sol ni a sombra.- susurró.- Es casi como si fueran sus guardaespaldas, como si ella fuera alguna persona importante.
- O alguien del sistema de protección de testigos.- sugirió Susana.
- ¡Oh! Vamos.- intervino Julia.- No os obsesionéis. Tal vez solo sea solo una chica tímida y por eso no habla con nadie.
- ¿Y qué me dices de los dos guardaespaldas?- preguntó Ángela.
- ¿Dos chicos a los que conoce?- aventuró.- Es posible que los conozca desde antes de venir aquí y por eso está siempre con ellos, como nosotras tres.
Ángela no parecía muy contenta con esa respuesta, pero aun así permaneció callada durante el resto de la clase sin mencionar otra vez a Noelia o a sus hermanos.
Cuando terminaron las clases recogí mis cosas lo más rápidamente que pude para reunirme con Noelia cuanto antes. Guille y David me ayudaron a llegar hasta el coche, como era predecible, y justo al lado estaba el coche en el que iba Noelia arrancado, esperándonos.
Oscar nos condujo hasta un lugar en medio de ninguna parte. Se trataba de un frondoso bosque que había no muy lejos de la universidad, solo a unos diez minutos en coche. Sin embargo, cuando bajamos de los vehículos no se detuvo. Continuó caminando adentrándose en el bosque cada vez más hasta llegar a un pequeño claro.
Allí tuve una sensación extraña, como si algo me llamara a seguir adelante, por un camino inexistente entre el laberinto de árboles y arbustos. Mi mirada quedó fija en la dirección que era tentada a seguir y por un momento pareció como si caminara avanzando hacia allí, siguiendo ese extraño llamado hasta llegar a las paredes rocosas la base de un precipicio cubiertas por enredaderas y musgo.
Sin embargo cuando Oscar habló descubrí que no me había movido del pequeño claro en el que me encontraba con todos los demás.
- Este es un sitio seguro.-dijo.- El bosque entero está protegido por magia, de modo que todo aquel que no sea un Guardián o un Dama no podrá vernos u oírnos. Aquí estamos completamente seguros.
- ¿Seremos como fantasmas para ellos?- pregunté
- No,- contestó Noelia.- ellos verán animales de bosque, quizás osos, zorros, lobos… En cualquier caso no se acercaran a nosotros. Podemos estar tranquilos.
- Bien, ahora podemos continuar con nuestra conversación.- dijo Jaime.- Así que vosotros sois sus Guardianes, ¿no?
- Dos de ellos.- contestó David.- En verdad somos cuatro Guardianes: yo estoy al mando como hermano mayor, tengo 23 años; por edad, mi segundo es Guille que tiene 22, pese a no ser hermano de Eli; y en tercer y cuarto lugar están mis hermanos Jorge y Alex, ellos son gemelos y tienen 20 años.
- ¿Por qué razón un primo es Guardián? Eso corresponde a los hermanos.-sentenció Jaime.- No tenían derecho a revelarte el secreto de Las Damas y Los Guardianes porque tu padre fuera el Guardián de su madre.- recriminó señalando hacia mí con la cabeza.
- No fue así.- Guille sacudió su cabeza negando.- Mi padre no era el Guardián de su madre. Mi tía tenía una hermana gemela, mi madre, y ambas eran Damas. Mi padre fue nombrado el Guardián de mi madre como es tradición. Yo era el Guardián de mi hermana menor, otra Dama, pero fracasé. Mis padres y mi hermana murieron a manos de los hombres de la Orden de la Oscuridad.
- Oh, lo siento.- dijo Jaime algo aturdido.- No debió ser fácil…
- No, no lo fue.- contestó Guille duramente.- Y ¿qué hay de vosotros? Nosotros ya hemos explicado nuestras circunstancias. Ahora es vuestro turno.
- Nosotros solo somos dos Guardianes. Nuestra madre era hija única, de modo que los únicos familiares que tenemos son por parte de padre y no conocen nada sobre la magia. Su Guardián era nuestro abuelo hasta que se conoció a nuestro padre, entonces el aceptó lo que ella era y se entrenó duro para convertirse en su Guardián. Yo soy el hijo mayor, tengo 21 años; después está mi hermano Jaime quien aun no ha cumplido los 19; y finalmente nuestra hermana Noelia.
Eso explicaba que Jaime rompiera de vez en cuando el control sobre sus emociones, permitiendo al resto intuir lo que pensaba mediante las expresiones de su rostro. Aun era un novato en eso de ser Guardián. Pero le ponía mucho empeño, eso podía notarse fácilmente.
Lo cierto era que se trataba de un chico adorable. Aun tenía esos rasgos de niño en su cara, aunque su cuerpo clamaba que era un hombre. Era alto y delgado pero tenía fuertes músculos. En unos pocos años más tendría las poderosas espaldas de su hermano mayor, quien ya no tenía ningún resto de su infancia en su cara, ni siquiera el brillo entusiasta en los ojos que sí tenía la mirada de Jaime.
Una mirada que se concentró con la mía durante unos instantes. Él me había atrapado mirándolo y bajó la mirada al suelo mientras sus mejillas adquirían un tono rojizo. Yo por mi parte desvié mi mirada hacia Noelia, quien había visto como estudiaba a su hermano y nuestras reacciones y trataba de ocultar una sonrisa burlona.
Oscar seguía discutiendo algunos asuntos de Guardines con David y Guille, de modo que no se percataron de nada. Mejor. Lo último que necesitaba era que mis hermanos me molestaran con Jaime, a quién tendría que ver a diario ya que acompañaría a Noelia a clase todos los días.
- ¿Qué os parece si mientras que vosotros seguís hablando de vuestras cosas Eli y yo vamos a dar un paseo por el bosque?- propuso ella inocentemente.- Ya sabéis que es totalmente seguro, pero para que estéis más tranquilos Jaime puede acompañarnos.
Parece que al fin y al cabo iba a tener que lidiar con Noelia como casamentera, pensé.
- Mientras que no os alejéis mucho está bien.- dijo Oscar.
David me dirigió una mirada cautelosa. No quería perderme de vista. Supongo que por una vez estaría agradecida con el sobreprotector de mi hermano si me salvaba de dar este paseo…
- De acuerdo, pero ten cuidado.- y ahí mis esperanzas se hicieron añicos. ¿Por qué tenía que escoger este momento para darme más libertad?- Espero que no le ocurra nada a mi hermana mientras está a tu cargo.- se dirigió a Jaime con una nota amenazadora en su tono.
Noelia me cogió de la mano y me arrastró por el bosque con Jaime detrás de nosotros. Sorteamos matorrales y ramas caídas mientras corríamos, o algo parecido debido a mis muletas, hasta llegar a otro claro más luminoso por el que pasaba un pequeño arroyo de agua clara que arrancaba destellos al sol y donde había pequeñas flores de todos los colores esparcidas por todo el claro. Todo ello iluminado por los rayos de sol que se colaban por entre los árboles, cayendo oblicuamente como un delgado velo.
- ¿Te gusta el lugar?- dijo con una sonrisa que iluminaba todo su rostro.
- Es… genial. No sabría como describirlo.- contesté sinceramente.
- Nosotros conocemos este bosque al milímetro. Aquí es donde Noelia practica su magia.- explicó sin mirarme directamente.
Noelia se acercó al arroyo sentándose en la orilla y sumergiendo una mano en él. Dejándonos a nosotros dos allí parados a unos metros de ella, evitando mirarnos sin saber que decir.
- Esto…- comencé a la vez que él por lo que me detuve abruptamente.- ¿si?
El también se había detenido al ver que yo empezaba a hablar, por lo que lo animé a que continuara. Sin embargo, él parecía haber pensado igual que yo.
- No, tú primero. ¿Qué ibas a decir?
- En realidad no se trata de nada importante.- dije avergonzada.- Solo iba decir que podríamos acercarnos al arroyo con Noelia.
- Ah, claro.- sonó decepcionado.- Yo había pensado más bien sentarnos a la sombra de algún árbol.
- ¡Oh! Bueno.
- Ven conmigo
Él me tomó de la mano y me guió hasta un árbol ligeramente apartado de donde se encontraba Noelia, buscando algo de intimidad, pero desde el que pudiera verla, no descuidando así su misión de protegerla.
Nos tumbamos en el césped aun cogidos de la mano, sin decir nada. Cerré los ojos sintiendo la suave brisa sobre mi piel alborotar mechones de mi pelo. Notaba como mi cuerpo se relajaba, sobre todo mis brazos, que estaban doloridos por el esfuerzo de caminar todo el rato con las muletas.
Entonces ocurrió algo extraño. Nuevamente sentí ese llamado como cuando entramos al bosque, pero esta vez fue diferente. Me encontraba totalmente relajada cuando ocurrió, de modo que mi magia respondió al llamado con una fuerza que me sorprendió.
Deje de notar la presión de la mano de Jaime en la mía, el entumecimiento de mis doloridos brazos, la brisa… todo. Abrí los ojos extrañada y vi como me elevaba sobre mi cuerpo, mi espíritu abandonandolo mientras era atraído hacia algún lugar del bosque que desconocía.
Sentía que había algo esperándome en el lugar al que me dirigía pero a la vez sabía que aun no era el momento de ir hacia allí. No sabía como podía saberlo, pero así era, y si había aprendido algo con esto de la magia era a confiar en el instinto. Y ahora mismo mi instinto me decía que debía resistirme a ese impulso de seguir esa extraña sensación.
Sin embargo, saberlo no era suficiente. Eso no impedía que fuera arrastrada irremediablemente. Asustada, volví la cabeza hacia mi cuerpo y al hacerlo me asusté aun más. Mi piel estaba más pálida que de costumbre y mis labios amoratados. No estaba respirando.
Jaime y Noelia me sacudían levemente tratando de hacerme reaccionar sin éxito. Estaban tan asustados como yo, gritando mi nombre una y otra vez entre sollozos.
- No despierta, Jaime.- hablaba Noelia entre lágrimas.- ¿Qué podemos hacer?
- No lo sé.- contestó frustrado.- Voy a buscar a sus Guardianes. Ellos sabrán que hacer.
- Date prisa.- gritó mientras él se alejaba.- No respira.
Noelia intensificó su llanto y abrazó mi cuerpo frío, sin vida.
- No respira, no respira, no respira…- repetía una y otra vez entre sollozos mientras sentía como mi pulso se apagaba.