viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 4


Una luz incidió sobre mis ojos despertándome. Pero no quise abrirlos. Me sentía terriblemente cansada, me pesaba todo el cuerpo y me dolía la cabeza.
Gemí mientras giraba el rostro apartando mis ojos de luz pero incrementando mi dolor de cabeza a la vez.
Escuche un suspiro de alivio.
- Por fin despiertas.- dijo una voz suave.
- ¿David?- pregunté con una voz ronca y pastosa.
- Shhh... No hables. Tienes que descansar. Ahora todo va a estar bien, ya lo veras.
- ¿Cuánto... cuánto tiempo he estado durmiendo?
- Día y medio. Mamá nos explicó que el hechizo que habías lanzado no era fácil. Y deshacerlo era aun más complicado. Dijo que esa clase de hechizos se aprenden en uno de los dos libros que aun no te han sido entregados. Sin embargo, tienes el poder necesario para hacerlos, el único problema es que aun no sabes controlar todo ese poder.
La puerta del dormitorio se abrió y Guille entró con una bandeja en las manos.
- Buenos días dormilona. Ya era hora de que despertaras, empezábamos a pensar que estabas en coma...- rió.
David le dirigió una mirada amenazante mientras le quitaba la bandeja de las manos y la ponía frente a mí. Al parecer las cosas aun estaban algo tensas entre ellos dos.
Decidí que tendría que hablar con David más tarde sobre ello, pero ahora quería concentrarme en la bandeja. En ella había un plato de sopa caliente, otro con croquetas y unas tapas de jamón, y un vaso con agua. Todo riquísimo.
- ¿Dónde están todos?- pregunté cuando terminé.
- Mamá y papá están abajo, comiendo. Y Alex y Jorge se acaban de ir a la universidad.
Era cierto. La universidad comenzaba hoy. Y se suponía que mientras Alex y Jorge estaban en clase, David y Guille me acompañarían por el campus y permanecerían cerca para cualquier improvisto.
David había terminado la carrera de Arquitectura hacía un año. Este verano se graduó Guille, al terminar la carrera de Criminología y Seguridad. Alex y Jorge llevaban la carrera media de Ingeniería de Telecomunicación. Y este año yo empezaba la carrera de Fisioterapia.
- No pongas esa cara.- dijo David al ver mi expresión.- Ya irás otro día.
- Sí.- le apoyó Guille.- Además los primeros días no explican nada, lo único que te perderás son las novatadas de los de años superiores.
Tenían razón. De este modo me ahorraba tener que sufrir las novatadas, aunque dudo que alguien lograra hacerme la más mínima broma teniéndolos a ellos de guardaespaldas, todo el día pegados a mí.
- ¿Podría alguno de los dos traerme algo para el dolor?
- ¿Te duele la cabeza? Eso es por la magia, así que ningún calmante te ayudará.- David negó con la cabeza.
- En realidad lo digo por el pie.
- Ah. En seguida te lo traigo.                                         
David salió de la habitación dejándome a solas con Guille, quién me miraba fijamente.
- Tú y yo aun tenemos una conversación pendiente. Pero tendrá que esperar a que ninguno de tus hermanos esté cerca para oírla.
- No te preocupes. Alex y Jorge ya saben que no me fui contigo, sino que me escapé, pero yo no se lo dije, lo averiguaron.
- No es eso. Es algo que tengo que decirte. Algo muy importante.
Ese fue el momento elegido por David para volver con una botella de agua y un sobre de ibuprofeno. Se inclinó sobre la bandeja y rellenó mi vaso.
Después de agitar con una cucharilla el sobre y el agua, me lo bebí. Odiaba ese sabor. Mis hermanos estaban hartos de decirme que si tomara comprimidos solo tendría que tragar sin notar el sabor a medicina, pero yo no sabía tragármelos. Simplemente no podía.
Me tumbé nuevamente en la cama y noté como se me cerraban los ojos.
- Creo que me voy a volver a dormir...- suprimí un bostezo.- No hace falta que os quedéis aquí. Id y haced vuestras vidas.
Dicho eso, no esperé a que se fueran para dormirme.
Desperté a la mañana siguiente, lista para el desayuno. No iba a perderme otro día de clase. Tenía muchas ganas de ver quienes iban a ser mis compañeros este curso y de cómo eran, si serían divertidos, amables, alegres o si serían egoístas, gruñones y secos.
Alex se pasó por mi habitación para hacerme la cura y me dejó unas muletas, para que pudiese moverme por el campus sin pasar la vergüenza de que me llevaran en brazos a todos lados.
Cuando terminó me vestí con unos vaqueros, las deportivas negras y un polo azul celeste. Después bajé a la cocina para encontrarme con el desayuno preparado. Un zumo de naranja natural, no me gusta el envasado, y una tostada de tomate, jamón y queso gratinado. La verdad es que últimamente mamá me preparaba mis comidas preferidas.
- ¿Has terminado? Vas a llegar tarde.- gritó Guille desde la puerta.
- Me lavo los dientes y lista.
Subí las escaleras tan rápido como me lo permitían las muletas. Entré atropelladamente en el baño y me lavé los dientes y la cara y me pinté la raya del ojo con negro. No es que fuera una gran fan del maquillaje, pero me gustaban mis ojos y por eso los remarcaba con negro. Después de eso bajé tan rápido como pude.
En la puerta me esperaban David jugando con las llaves del coche y Guille con mi chaqueta, que me pasó por los hombros nada más llegar a su lado, y mi maleta. No es que llevara muchas cosas en la maleta, apenas una carpeta con folios y un estuche para los bolígrafos, pero prefería llevarlo todo bien recogido en la maleta.
David condujo hasta la universidad, mientras Guille, sentado en el asiento del copiloto, y yo bromeábamos. David y Guille parecían seguir sin hablarse mucho, solamente lo básico. Así que decidí intervenir.
- Chicos, ¿habéis pensado en volver a dirigiros la palabra algún día?
- Ya hablamos lo suficiente.- el tono arisco de David casi me hace replantearme mi propósito, pero no me amedrenté.
- David, no seas tan duro con él. Guille no tiene la culpa. ¿A caso preferirías que hubiese ido yo sola? Por que desde luego no pienso ir a todos lados con los cuatro pisándome los talones. Vas a tener que acostumbrarte a que vaya con uno o dos Guardianes.
- Solo quiero que estés a salvo. Y para ello es necesario que estemos cerca de ti para protegerte.- insistió.
- Uno solo de vosotros puede hacer el trabajo perfectamente. Al fin y al cabo nadie anda detrás de mí… por ahora.
- Exacto. Por ahora. Y cuando lo estén, allí estaremos tus Guardianes también para protegerte.
- Estás obsesionado.-sentencié.
Estaba claro que David era un auténtico cabezota, pero tendría que darse cuenta de que no podía seguir así de sobreprotector. Era demasiado para mí.  Tendría que hablar con él largo y tendido en cuanto tuviera oportunidad.
Pero en ese instante tenía otra cosa que hacer: asistir a mi primer día de universidad. Baje del coche e inmediatamente Guille y David se colocaron en mis flancos, este último llevando mi maleta colgada de un hombro.
- Bueno… ¿y vosotros que vais a hacer mientras estoy en clase?
David alzó una ceja y me dirigió una mirada incrédula, como si fuera obvio…
-¡No!- me quejé.- ¡No me digas que vais a entrar conmigo!
- Por supuesto. ¿No creerías que te dejaríamos sola en una habitación con casi cien desconocidos?
Solté un bufido y aceleré el paso todo lo que pude, teniendo en cuenta que iba con muletas. ¿Así iba a ser siempre? Si esto seguía así mucho tiempo me volvería a escapar como fuera, pero esa vez tal vez no volviera…
En realidad no quería irme, solo era un pensamiento pasajero… que esperaba no se hiciera realidad…
- Espera…-me llamó Guille.- No te preocupes. Estaremos allí, pero si quieres nos quedaremos detrás… no es necesario que estemos pegados a ti.
- Guille…- le advirtió David.
- David, no pasa nada. Podemos vigilar igual desde unos sitios más atrás.
- ¡Gracias!- le di un beso en la mejilla a Guille.
Yo entré a clase primero, con la maleta colgada ya de mis hombros y no de los de Guille, y ellos entraron después, sentándose dos asientos detrás de mí. Una chica alta, con cuerpo de modelo y de piel muy pálida, con pecas, pelo negro azabache y ojos grises se sentó a mi derecha, junto a otras dos chicas amigas suyas, altas como ella y un cuerpo similar, pero una rubia de ojos verdes y otra de pelo castaño y ojos marrones.
-Hola.- me saludó.- Yo soy Ángela, y estas son mis amigas Susana,- señaló a la del pelo castaño.- y Julia.- presentó a la rubia.
- Hola.- dijeron ellas al unísono.
- Buenas, yo soy Elizabeth, pero podéis llamarme Eli.- les sonreí.
- Ayer no te vimos por aquí.- dijo Julia.- aunque supongo que aun no hemos visto todas las caras…-rió.
- No. Ayer no vine, no pude. Por el pie.- señalé hacia él.
-¿Qué te ha pasado?- preguntó Ángela alarmada.
- Nada… una caída muy tonta.- le quité importancia.- El otro día estuve en la piscina y resbalé. Había una papelera de lata y al golpearla con el pie me corté.
- Vaya…- dijo Susana.- Deberías tener más cuidado.
-Bueno, no ha sido para tanto…
En ese momento entró el profesor y todo el mundo se sentó en sus asientos y se quedó cayado. Él profesor era un tipo alto y delgado ya entrado en años, como reflejaban sus cabellos plateados y sus ojos azules ligeramente empañados por el paso del tiempo.
- Es el profesor Juan José Barreda,- me susurró Ángela.- Da las clases de anatomía y es bastante estricto. Prepárate para coger apuntes, porque él no los cuelga en la plataforma como el resto.
Saqué un boli y comencé a tomar apuntes rápidamente, procurando no perder nada de lo que decía… Hasta que Ángela volvió a susurrarme al oído, interrumpiéndome.
- ¿Has visto esos dos chicos de allí detrás? ¿Los de los ojos verdes?
- ¿Te refieres al chico del pelo castaño y al del pelo negro?- pregunté entrecerrando los ojos.
- Sí, pero ¿por qué te pones así?
- El chico del pelo negro es mi primo, se llama Guille, y el otro, el idiota del pelo castaño es mi hermano, David.
- Oh.- se sorprendió.- ¿Sois familia? Pero si no os parecéis. Quiero decir, ellos sí, tienen el mismo tono verde de ojos, pero tú no.
- Lo sé. Todos en mi familia se parecen, menos yo.
-Bueno, entonces ¿nos presentaras cuando termine la clase?
Yo la miré con una mezcla de sorpresa e ingenuidad. ¿Me lo decía en serio? ¿A caso no le acababa de decir que era un idiota? Ella se limitó a encogerse de hombros y volver la mirada al frente. Y yo hice lo mismo, centrarme nuevamente en la clase, no sin antes dirigir una última mirada hacia mis dos vigilantes, quienes no me quitaban ojo de encima, ni a mí ni a mis compañeros.
Cuando el profesor salió del aula dando la clase por terminada todo el mundo volvió a levantarse y a armar jaleo. Y obviamente David se situó de inmediato a mi lado, mientras Guille alzaba los ojos al techo.
- David y Guille, quiero presentaros a unas compañeras que acabo de conocer. Ellas son Ángela, Susana y Julia.- les señalé.
Dicho esto ellas asumieron todo el control de la situación hablando sobre sus vidas, mientras ellos las escuchaban y seguían la conversación dándoles respuestas breves, aunque a ellas no parecía importarles siempre y cuando les prestaran atención. Yo, por mi parte, me dediqué a observar el aula, la gente que había en ella.
Y durante un solo instante vi un pequeño resplandor. Seguí su dirección con la mirada, con el corazón desbocado por lo que ello significaba. El resplandor provenía de una chica bajita y delgada sin curvas con el pelo de un negro intenso y brillante y los ojos azul pálido. Unos ojos que miraban fijamente en mi dirección con idéntica expresión de sorpresa que los míos.
Casi sin quererlo me llevé una mano a mi colgante y busqué otro similar en su pecho, donde ella dirigió también su mano agarrando algo oculto por la ropa. Entonces sus labios rojos y carnosos esbozaron una sonrisa mostrando unos dientes perfectos.