viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 3


- ¡Guille! Me has asustado, idiota.- grité lanzándole mi zapatilla.
Él la cogió al vuelo sin ningún esfuerzo y después se arrodillo delante de mí.
- ¿Este es el pie en el que has cortado?- preguntó cogiendo mi pie descalzo.
Asentí con la cabeza y él me quitó el calcetín para examinarlo.
- Es un buen vendaje, ¿quién lo ha hecho?
- Un chico. Estaba cerca cuando resbalé y me sujetó. Después me curó.
- Ese chico sabía lo que hacía. Vamos, ahora tenemos que ir a casa.- dijo cogiéndome en brazos.- Por cierto, no les he dicho a tus hermanos ni a nadie que no estabas, así que cuando pregunten di que estábamos juntos. Si se enteran de que te habías escapado y no les dije nada, me la cargo.
- Jamás delataría a mi salvador.
- ¿Salvador?- preguntó confuso.
- Sí, ya sabes, me vas a salvar de la ira de David.- expliqué con un sonrisa en la cara.
- Tal vez, pero ni creas que te vas a ir de rositas. Tú y yo tendremos una charla antes de acostarte.
Llegamos al coche y me acomodó en el asiento del copiloto antes de soltar mi maleta en el asiento de atrás. Acababa de cerrar su puerta cuando su móvil sonó.
- Dime David.- dijo descolgando el teléfono.-... Sí, estoy con ella... Hemos ido a la piscina, pero ya vamos para la casa... Porque ella no quería... Escúchame, si tiene que ser todos o ninguno creo que ella elegiría ninguno y lo mejor para todos es que ella no vaya sola... ¡Oh, por favor! Es tu hermana, la conoces. Sabes que ha estado dos semanas encerrada en su cuarto solo para que no estuviéramos siguiéndola a todos lados... Esta bien, nos vemos en casa.- y colgó el teléfono con un suspiro.
- ¿Ha sido muy duro?
- Tu hermano es un cabezota. Más te vale que ser convincente a la hora de hablar con él, porque si no me degüella...
- No exageres.- le recriminé.
- ¿Que no exagere? ¿Tú sabes como se ha puesto por que le he dicho que hemos venido tú y yo solos a la piscina? Si se entera que en realidad te has escapado y que yo te he cubierto nos mata, a ambos.
- Lo siento, no os daré más problemas. Pero, por favor, dejadme algo de libertad, no estéis siguiéndome todo el santo día. Me agobiáis.
- Eso ya me ha quedado claro.- masculló por lo bajo.- Pero a cambio prométeme que la próxima vez que pienses en escaparte me avises.
- OK. Ya he visto que puedes ser muy comprensivo.- dije sonriéndole.
- Bueno, ahora veremos que tan comprensivo puede ser David.- comentó aparcando delante de casa.
Guille se bajó del coche y se colgó mi maleta a la espalda. Pasó por delante del coche para abrirme la puerta y volver a cogerme en sus brazos.
A penas había dado dos pasos cuando la puerta de casa se abrió y David salió por ella.
- He oído el coche y me preguntaba por qué tardabais...- se interrumpió al ver que no iba andando por mí misma, sino que Guille me cargaba en brazos.- ¿Qué ha pasado?- exigió saber plantándose a nuestro lado en menos de lo que tarda un parpadeo.
- Nada, me escurrí y me corté en el pie con una papelera de lata.
- ¿Te has golpeado en algún otro lado?- preguntó revisando mi cuerpo en busca de más vendajes o marcas.
- No, él me cogió antes de que llegara al suelo.- contesté señalando a Guille con la cabeza.
- Bien. Deberías habernos llamado en cuanto ocurrió.- le reprochó.
- David, tranquilo, solo son unos cortes sin importancia.- intervine en su defensa.
- ¡Hey! ¿Qué tal si entráis a casa antes de que os pongáis a gritar los tres y se enteren todos los vecinos?- nos interrumpió Alex apoyado la puerta cruzado de brazos.
Guille entró en la casa conmigo en brazos y David nos siguió dentro. Cuando estuvimos dentro Alex cerró la puerta.
- Vayamos al salón antes de que empecéis de nuevo.
- No.- dijo Jorge, que bajaba las escaleras.- Ella debe ir a descansar a su habitación. Vosotros discutid tranquilos que yo me encargo de atenderla.
- Tú también tendrías que estar presente en esto. También te afecta.
- Tal vez, pero sabes que Alex y yo pensamos igual, así que diga lo que diga estaré de acuerdo con él. No es necesario que ella vea como Guille y tú os sacáis los ojos mientras soporta el dolor de sus heridas.
Dicho esto se acercó a Guille y a mí y tendió sus brazos para cogerme. Hicieron el intercambio con cuidado de no dejarme caer.
- Bueno, Guille, ahora podrás descansar de mi peso.- bromeé sin poder evitarlo a pesar de la situación.
- No pesas nada, si no llega a ser por Jorge ni me habría dado cuenta que aun te tenía cogida.- respondió con un gesto de la mano.
Jorge me subió hasta mi habitación, donde había preparado todo lo necesario para hacerme la cura.
- ¿Vas a curarme otra vez?
- Sí, quiero ver esos cortes. Si son muy profundos podrías necesitar puntos, sino, simplemente te haré la cura después de que te duches.- contestó dejándome sobre la cama.
Él cogió la silla de mi escritorio y se sentó frente a mí, cogiendo mi pie y quitando las vendas para examinar los cortes.
- Bueno... hay algunos un tanto profundos, pero no es necesario darte puntos. Eso sí, no podrás andar durante los días que tarden en curarse. Y te dolerá. Pero mirándolo por el lado bueno así no tenemos que vigilarte para que no te vuelvas a escapar.
Cuando dijo eso me quedé mirándole con la boca abierta. ¿Cómo era posible que hubiese descubierto que Guille y yo habíamos mentido?
- No me mires así.- dijo mirando mi cara.- Me lo veía venir, se puede decir que medio me lo estaba esperando, y cuando me di cuenta que Guille había desaparecido, igual que tú, supuse que te habías escapado y él había ido a buscarte. Pero no te preocupes, ni Alex ni yo os delataremos delante de David, aunque tendrás que prometer que no volverás a ser tan imprudente.
Asentí con la cabeza incapaz de pronunciar palabra después de su revelación.
- Dúchate, yo voy a bajo a intentar que David no acabe con Guille, cuando termines dame una voz para que te venga a hacerte la cura.
- Vale.- contesté recuperando el habla.
Antes de irse me ayudó a ir al baño y me sentó sobre el inodoro. Aun con la puerta cerrada podía escuchar como Guille y David discutían, mientras Alex y Jorge, que acababa de llegar, trataban de calmarlos.
Esto hacía que me sintiera peor por poner a Guille en esta situación. Yo era quién se merecía la bronca, yo era la que se había escapado, algo que parecían saber todos menos David, por lo que encendí la radio y subí el volumen para no escucharlos.
Tardé más de lo normal en ducharme debido a la herida del pie. Tenía que hacer equilibrios para no apoyar peso en él y no caerme, al final opté por sentarme en la bañera. Me sequé con la toalla y me puse el pijama, pero no podía llegar hasta mi cuarto sola. Así que apague la radio y abrí la puerta para llamar a Jorge y al hacerlo me tranquilizó no escuchar las voces de David y Guille discutiendo.
Sin embargo cuando vi no subía nadie me preocupé. Presté atención pero no escuché ningún ruido. Ni mamá en la cocina haciendo la cena, ni papá en el ordenador de su despacho, ni a los chicos discutir. Nada.
Algo no iba bien.
La casa nunca era silenciosa. Había demasiada gente para ello, y David y Guille chocaban en muchas cosas. Haciendo el menor ruido posible y cojeando me acerqué a las escaleras y eché un vistazo. Nada.
Traté de bajar con cuidado, pero costaba mucho bajar las escaleras a la pata coja y terminé cayéndome. Por suerte era el último escalón, así que solo me senté de culo.
Me levanté rápidamente y escuché con atención por si alguien me había oído. Nada, nuevamente no escuchaba nada. Me asomé al salón a ver quién había y me sorprendí al ver que todos, mamá, papá, y los chicos estaban sentados en la mesa, comiendo y armando lo que sería un gran jaleo con los platos, los vasos y los cubiertos.
Y digo “sería” porque yo seguía sin escuchar nada. Traté de gritarles pero parecía que no me escuchaban. ¿Qué estaba pasando? Yo no podía oírles y ellos no podían oírme a mí tampoco.
Como pude me planté en medio del salón. Entonces me vieron. Jorge se levantó y vino hacia mi diciendo algo que no pude escuchar. Me quedé mirándole a los ojos sin moverme lo más mínimo y él se detuvo a unos pasos de mí, mirándome con incredulidad.
Jorge volvió a decir algo, pero esta vez dirigido al resto de la familia, quienes se levantaron todos a la vez, mirándome con el ceño fruncido. Mamá se adelantó de entre todos ellos y colocándose a solo un paso de mí, tendiéndome su mano.
Dudando la cogí y entonces la oí. En mi cabeza.
- ¿Qué ocurre, mi cielo?
- No lo sé. No puedo oíros, y parece que vosotros a mí tampoco.
- Ya veo.- dijo sin dejar de sonreír y mirarme con ternura.- Todo esto es obra tuya.
- ¿Mía?- pregunté confundida.
- Sí, hija, tuya. Es tu magia. Dime, ¿había algún motivo por el que desearas no escucharnos?
- Bueno... yo... no quería oír discutir a Guille y a David. Por eso puse la radio, no quería escuchar nada más aparte de la música que sonara en ese instante.
- Entonces todo está claro. No querías oír nada y así ha sido, no oyes nada más. Solo tienes que deshacer el hechizo.
- Pero... yo no sé como deshacerlo, ni siquiera sé como lo he hecho.
- Tendrás que descubrir la manera, y rápido. Sentí tu magia y creé un escudo para que no pudiese traspasarla y alertar a los miembros de la Orden de la Oscuridad, pero no tu magia es superior a la mía y no podré retenerla más.
Mamá soltó mi mano y cerró los ojos para concentrarse en no dejar caer el escudo. Y yo me concentré en deshacer este hechizo que ni siquiera sabía que había hecho.
Cerré mis ojos y mentalmente volví a atrás. Recordaba haberme sentido muy culpable porque Guille se había ganado una bronca de parte de David por cubrirme, y haber deseado no escucharlos. Ahora me centré en lo contrario, en desear volver escucharlos hablar, reír, discutir, llorar,... todo. Quería oírlo todo...
- ¿Qué crees que está pasando?
- No lo sé, pero creo que Eli ha hecho algo con su magia.
- ¿Y que está haciendo mamá?
- Vuestra madre trata de ocultar la magia a la Orden de la Oscuridad.
- ¿Por eso no nos oía? ¿Ni nosotros nos la oíamos a ella tampoco? ¿Porque ha hecho magia?
- Sí, pero parece que no era consciente de ello, que lo había hecho sin darse cuenta.
Escuché todas esas voces hablando a la vez, pisándose las palabras unos a otros y supe que lo había logrado. Estaba tan contenta que no me molesté en poner nombre a las voces.
Abrí los ojos y les sonreí a todos, que se callaron inmediatamente, mirándome expectantes.
- No os calléis, quiero oíros.- Me quejé.- ¿Sabéis lo mal que lo he pasado pensando que no podría arreglarlo?
- No te preocupes,- dijo David.- me oirás hasta desear no haberlo logrado porque tú y yo tenemos una charla pendiente sobre eso de largarte con solo un Guardián.
- ¡Oh, David! Por favor, no me arruines el momento...- de repente me vi incapaz de continuar.
Notaba mis piernas temblar violentamente y supe que había empleado más energía de la que sabía controlar en hacer y deshacer el hechizo.
Alguien me sujetó por la cintura, pero cuando intenté alzar la vista para ver de quien se trataba las nauseas y el mareo se adueñaron de mí y todo se volvió negro.