lunes, 7 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 13


- ¿El Libro Oscuro?- pregunté extrañada.- ¿Qué es eso?
- Se trata del séptimo libro de las Damas, aquel que solo puede poseerlo la Líder. ¿No has oído hablar de él?
- Sí, pero no con ese nombre.- reconocí.- Sabía de su existencia, todas las Damas lo saben, pero ninguna conoce su nombre ni su posición. Ese libro contiene hechizo y conjuros muy poderosos, y esa es su forma de protegerse.
- Cierto, ese libro es difícil de hallar incluso para su dueña legítima.- admitió.- Como dices, hay poderos hechizos que lo ocultan, pero está ahí, y te está llamando. Por muy poderosa que seas, el libro terminará por atraerte a él, y antes de que eso suceda convendría que supieras usar tu magia correctamente.
Apreté los labios ante su afirmación de lo inútil que era con la magia. Lo peor de todo, era que sabía que tenía razón. Podría ser la más poderosa, pero no tenía ni la más mínima idea de cómo usar la magia y hacerlo por accidente no era de gran utilidad.
- Ya, bueno, no es como si por tener un gran poder sepa como utilizarlo de la noche a la mañana. Necesito aprender. Y para tu información, lejos de los libros y de mi madre, va a ser más difícil aun.
- Yo te enseñaré. No me mires así.- mi cara debía ser un poema. Sorprendida, pero al borde de la risa. ¿El Líder de la Orden de la Oscuridad enseñando a la Líder de las Damas? Definitivamente debía ser una broma.- Te estoy hablando en serio. Por el momento debes permanecer en esta casa, a salvo de mis hombres, así que ¿por qué no aprovechar el tiempo? Ya sé que nuestra magia es completamente diferente, pero podemos amoldarnos.- asintió creo que para sí mismo.- Si. Pude funcionar.
Mientras hablábamos se había sentado en el borde de la cama, y ahora, se levantó y se dirigió hacia la puerta. Antes de marcharse por ella, se giró y me miró.
- Mañana a primera hora empezamos, así que duérmete ya y no te quedes pensando en cosas que no puedes cambiar. Convendría que no estuvieras cansada.
- ¡Ya estaría durmiendo de no ser por ti!- le grité a la puerta cerrada.
Me dejé caer sobre la almohada, esperando dormirme pronto. Afortunadamente, los sucesos del día habían sido demasiado para mí y caí rendida al instante.
Desperté con el zarandeo de Cristian. Me tenía cogida por los hombros y me sacudía mientras me gritaba para que abriera los ojos. No me sentaba bien que me despertaran de esa manera, pero tampoco lo culpaba. Tenía un sueño muy pesado y era difícil sacarme de él.
- ¡Despierta!
- Ya, ya.- murmuré alejándome de su agarre.- Ya estoy despierta, no me zarandees más.
- Llevo tratando de despertarte un cuarto de hora.- resopló.- Date prisa en vestirte, el desayuno está enfriándose.
Salió de la habitación medio enfadado, dejándome para que me vistiera. Normalmente no tardo mucho en vestirme, solo cojo algo de ropa al azar y ya está, pero ahora ni siquiera tenía la posibilidad de elegir. Solo tenía los vaqueros oscuros, la camiseta blanca de manga corta y la sudadera gris.
Me vestí con esas prendas, que me quedaban algo grandes: los pantalones eran una talla más, y la camiseta y la sudadera tres; y puse mis ropas del día anterior en el cesto de la ropa sucia. Estaban peor de lo que había pensado, después del ataque y el intento de fuga habían quedado manchadas e incluso rasgadas en algunos sitios. Nada que no importara demasiado.
Cuando bajé Cristian había preparado tostadas y café. Hice una mueca ante ello, odiaba el café. Sin embargo, cogí una de las tostadas, untada en mantequilla y mermelada de melocotón, con ganas y la devoré en cuestión de segundos.
- ¿No hay algo más aparte de café?- pregunté.
- ¿No te gusta?- negué con la cabeza.- Tal vez pueda encontrar algo en los estantes...- rebuscó entre los muebles de la cocina.- ¿Té?
- Prefiero tomar la leche blanca.- me resigné.
- Bueno, como sea. Pero date prisa, ya son las seis de la mañana y tenemos mucho por hacer.
Él, que ya había desayunado, salió de la cocina dejándome sola para terminar de comer. ¿Había dicho que eran las seis de la mañana? ¿A qué hora me había despertado? Ya sabía que tenía el sueño pesado, pero si encima había dormido poco…
Bien, al menos esta noche dormiría como un bebe. Me iría temprano a la cama y dormiría sin que nada me molestase. Esperaba.
Terminé mi desayuno refunfuñando para mí misma sobre lo temprano que me había despertado y lo poco que había dormido y salí al patio, donde Cristian me estaba esperando para comenzar mi entrenamiento. Sinceramente, no sabía cómo lo iba a manejar. Era cierto que él podía utilizar la magia, pero la oscura, mientras que yo manipulaba la magia blanca; y aunque no era una experta en el tema, sí sabía que ambas eran muy diferentes y nada semejantes.
- Bien,- se giró para hablarme al notarme llegar.- este será el plan de entrenamiento. Nos levantaremos a las cinco y media y a las seis comenzaremos. Iremos elemento a elemento, pero no nos detendremos en que tengas un control perfecto, solo aceptable, no hay tiempo para nada más. Desde las seis hasta las tres, la hora de comer, practicaremos tu magia; a las cuatro y media retomamos las lecciones, pero será más teórico, cosas que debes saber sobre la magia; haremos un descanso sobre las seis y media o siete de media hora, y luego, el resto de la tarde nos centraremos en tus habilidades físicas.
- ¿Habilidades físicas?
- Sí. Trataré de enseñarte a luchar, o al menos a defenderte. Eres la Líder de las Damas, así que convendría que supieras defenderte por ti misma no solo con magia. Sé que tienes Guardianes, pero al parecer, no son lo suficientemente buenos para protegerte, de lo contrario no estarías aquí. Y no voy a correr ningún riesgo.
- Vale.- dije algo insegura.- Y ¿qué haremos primero?
- Bueno, por lo que he visto, y probado en mis propias carnes, tienes un control, malo pero control después de todo, sobre el agua. Trataremos de llevarlo a un nivel aceptable.
- ¿Cómo?
- Tienes que ser consciente del agua que hay a tu alrededor, trata de sentirla.
- ¿El de la piscina?
- No. Me refiero al agua del aire, su humedad. Trata de concentrarla y manejarla a tu antojo. No siempre dispondrás de reservas de agua como piscinas, estanques o cosas así; pero, siempre la tendrás en el aire.
Ya había sentido el agua antes, aunque fuera en grandes cantidades, así que esto no debía ser muy diferente. Me concentré en el aire a mi alrededor, dejando mi magia liberarse y vagar a su antojo, haciéndolo de un modo sencillo.
Había comprobado con anterioridad que intentarlo demasiado no era la clave, debía ser algo más natural. La magia era innata en mí, así que debía sentirse fácil, natural, correcto, no algo forzado.
Sentí el agua de la piscina no muy lejos de donde me encontraba, pero la ignoré. No era lo que buscaba. Y poco a poco comencé a ser consciente de esas micro-gotitas que impregnaban el ambiente; sin embargo mi magia no las alcanzaba. Las sentía, sabía que estaban allí, pero no podía doblegarlas a mi voluntad. No querían obedecer.
Durante un instante pensé en intentarlo más duro, pero sabía que eso no sería lo ideal. Simplemente, dejé a mi magia rodeándolas, reconociéndolas, para que ellas también reconocieran mi magia y su autoridad. La mía.
No fui consciente del tiempo que pasé así: completamente quieta, con los ojos cerrados y con mi respiración tan baja que cualquiera pensaría que me había dormido de pie; pero cuando mi estómago rugió abrí los ojos como si algo se hubiese sacudido dentro de mí.
No tenía sentido seguir. Había perdido la concentración y debía empezar de nuevo.
Con un suspiro cerré mis ojos y volví a concentrarme.
- No.
- ¿Qué?- pregunté extrañada abriendo solo un ojo.
- Supongo que no te has dado cuenta, pero tu estómago sí.- me sonrojé ligeramente por que él hubiese escuchado mis tripas sonar.- Es la hora de comer.
- ¿Ya? Pero si solo llevamos…- no tenía ni idea de cuanto tiempo llevábamos.
- Son casi las tres, apenas faltan unos minutos.- suspiró.- Cuando usas la magia, al principio, puede resultar absorbente, no te das cuenta de nada, ni del tiempo, que parece correr a tu lada sin que te enteres. Con el manejo de la magia se hará más fácil, no necesitarás de horas para hacer algo.
- No he logrado nada.
- Te equivocas. Has hecho exactamente lo que te pedí: sentir el agua en el ambiente. No intentes hacerlo todo en un solo día.
- Pero…
- ¿Sabes cuanto tarda cualquier otra Dama solo en sentir su magia? ¿Los elementos que maneja? Normalmente, depende del poder de cada una, pero te aseguro que ninguna logró sentir nada en su primera o segunda sesión de entrenamiento. Ni siquiera las Líderes tenían esa habilidad.
- Pensé que mi control era malo.
- Y lo es. Solo puedes sentir el agua y manejarla en muy pocas ocasiones, la mayoría de las veces, como respuesta a tu estado de ánimo. Pero tienes el potencial para cambiar eso muy pronto.
Nuevamente entramos a la cocina y me sorprendí al ver la comida ya preparada y puesta sobre la mesa. Miré de forma interrogativa a Cristian, quién rió suavemente antes de contestar.
- ¿No creerás que he estado toda la mañana ahí plantado mirándote? Hay barreras para que ninguno de mis hombres note la magia realizada aquí y pueda rastrearla, así que estabas a salvo de ellos; y por supuesto, mantuve mis sentidos y mi magia alerta por si necesitabas ayuda. Pronto aprenderás a guiarte por las percepciones de la magia más que por los ojos u otros sentidos más comunes. Te aseguro que son más fiables.
La comida transcurrió en silencio, mientras yo pensaba en todo lo que me había dicho y en lo que había conseguido. Cristian me dejó pensar en todo eso sin presionarme, comprendiendo que necesitaba mi espacio.
Un espacio que compartía en mi cabeza con mi familia. ¿Qué estarían haciendo ahora mismo? ¿Cómo estarían los gemelos? ¿Se habrían mudado? ¿Cuándo vuelva tendré que dejar la universidad para esconderme? ¿Volvería alguna vez?
Cuando dejé todos esos pensamientos de lado, ya estábamos en el salón con un montón de libros alrededor. Me sorprendí por no haberme fijado en ello antes, tenía un serio problema cuando encendía el piloto automático…
- ¿Eli? ¿Estás ahí?
- Sí, sí. Solo estaba un poco distraída.
- Ya bueno.- suspiró.- Ahora vamos al lío.
Miré los libros que Cristian debía haber sacado de los estantes y apilado en columnas encima de la mesa. Eran muchos y gruesos, tardaría siglos solo en leerlos, de aprenderlo mejor ni hablar…
Pasé mi mano por la cubierta de algunos de ellos, dejando un camino en el polvo acumulado sobre las mismas. La verdad era que por mucho que me quejara era una amante de los libros y me gustaba acariciarlos, sentir el tacto de las cubiertas, de sus hojas e incluso aspirar el aroma que desprenden. Unas características únicas de cada libro.
Eso me hizo pensar en algunos de mis libros favoritos, los que tenía asociados con un olor en concreto. Libros que debían estar en mis estanterías en mi habitación. Esperaba que si mi familia se hubiese mudado, se hubieran acordado de guardar mis cosas.
Distraída tiré uno de los libros sobre la mesa al suelo, cayendo abierto por la mitad.
Cristian se giró con el ruido y miró el libro con expresión despreocupada.
- No te preocupes, ese libro no es importante. De hecho, no sé por qué está aquí…- se interrumpió.- Está totalmente en blanco así que…
Dejé de escucharlo. Había algo más interesante que se llevaba toda mi atención.
El libro en blanco no estaba en blanco.
Tenía un montón de cosas escritas a mano con una caligrafía antigua y casi ilegible.