viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 12


Cristian había dado un discurso increíble. Eso de las premoniciones de su madre me recordó a Bibiana. Ella también había visto algo terrible, pero nunca me dijo el qué. ¿Sería ella la otra persona que había visto ese horrible futuro? Tal vez sí. Eso explicaría muchas cosas.
Si Bibiana sabía de la existencia de la madre de Cristian era probable que supiera que él sería de ayuda en todo lo que estaba por venir. Ese podría ser el motivo por el cual quería que estuviera en esta casa con Cristian. ¿A caso pensó que aquí estaría a salvo de lo que fuera que fuera a pasar? ¿A caso no soy la Líder de las Damas? Mi misión era estar al frente de todo y cambiar ese futuro, no esconderme de él.
Tanto Bibiana como Cristian y su madre habían confiado en un sueño, pero la realidad siempre es mucho más dura. Sin embargo ellas ya estaban muertas para enfrentarla, solo Cristian y yo seguíamos aquí para continuar con la misión fuera cual fuese. Ese sueño solo era eso para nosotros, un sueño. Por el momento, no podíamos pensar en él, debíamos luchar para hacerlo realidad. Pero, ¿cuál sería el costo?
- ¿Aun cuando tu no sonrías en ese mañana?
Cristian me miró sorprendido por mis palabras. Unas palabras que salieron involuntariamente de mis labios. Yo también estaba sorprendida por eso. Era como si por un instante mi cuerpo hubiera actuado solo, dejándose llevar por una fuerza que no era extraña para mí. Ya la había sentido antes. Esa sensación de poder increíble, de que podría hacer cualquier cosa con esa fuerza, una sensación de grandeza, de que no existen barreras, pero la vez un fuerte sentimiento de soledad, rabia y tristeza. No estaba segura de lo que era, pero ya lo había sentido antes. Sin embargo, esta vez no me dejé arrastrar por ella e inmediatamente recuperé el control de mí misma y obligué a esa fuerza a permanecer en la sombra.
Cuando me recobré, me percaté del esfuerzo que me había supuesto hacerlo. Odiaba tener que darle la razón a Cristian, pero era cierto que necesitaba esa comida. No por que temiera enfermar, sino por temor a estar demasiado débil para mantener esa fuerza a raya.
Mientras cenábamos, Cristian no apartó sus ojos de mí. Tenía una extraña expresión en el rostro, una combinación de curiosidad y suspicacia, como si tratara de descifrar un difícil rompecabezas. ¿Habría notado algo raro cuando esa extraña fuerza me recorrió? Después de todo, el también usaba magia, oscura, pero magia al fin y al cabo.
La cena transcurrió en absoluto silencio y al terminar, me levanté inmediatamente para ir la habitación que me había sido asignada. Si se había dado cuenta no quería que me dijera nada, no quería darle ninguna explicación y mucho menos una que incluía hacerle saber quien era yo en realidad.
¿Alguna vez pensaron en tener a la líder de las Damas en su poder y dejarla escapar por ser una chica demasiado joven como para ni siquiera saber hacer uso de su magia? Cristian ya había dicho que no me haría daño incontables veces, pero aun así, no estaba muy segura sobre si debía confiar en él o no.
Un poco más de tiempo administrándole la ley del silencio no le haría daño. A demás me permitiría recapacitar un poco sobre toda la información que había recibido y decidir si creerle o no. Y aunque lo creyera, sería difícil que se ganara mi confianza. Era una persona muy cabezota.
Con esos pensamientos me metí en la cama y cerrando los ojos busqué el eliminar las tensiones del día. Luego de unos segundos, el cansancio y la escasez de adrenalina en mi cuerpo tras todo lo ocurrido se hicieron cargo del resto y rápidamente me sumí en un extraño sueño.
Ante mí había una hermosa mujer de unos cuarenta años, alta y esbelta, de cabellos negros azabache que caían en brillantes hondas hasta la parte baja de la espalda. Ambas estábamos en una completa oscuridad, pero ella miraba hacia delante como si hubiera algo precioso ante sus ojos. Entonces se giró hacia mí y pude ver su rostro, presidido por unos grandes ojos grises y unos gruesos labios de un rojo intenso.
Joven Dama.- me saludó con una gran sonrisa.- Sabía que él te traería a este lugar.
¿Él? ¿Te refieres a Cristian?
Por supuesto, ¿a quién si no? Después de todo, él es un buen muchacho. Hice bien en dejar todo en sus manos, aunque su papel no ha terminado aquí. Todo acaba de empezar, las manecillas para cambiar el futuro apenas están empezando a moverse.
Pero, no lo entiendo. Yo debería estar haciendo frente a lo que sea que nos enfrentemos, no escondiéndome. Por algo soy…
No temas decirlo.- dijo cuando me interrumpí, insegura de continuar.- Sé quien eres, joven Dama. Nada más ni nada menos que la Líder. Pero no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. Recuerda que estoy muerta y no puedo hablar con nadie.
Estás hablando conmigo.
Cierto, pero es… un caso especial. El sacrificio funcionó, por eso puedo estar aquí para ayudarte a ver toda la verdad, poco a poco, y con la ayuda de alguien más.
Ahora estás hablando de Bibiana, ¿no?
Sí, ella y yo, ambas seremos tus guías en todo lo que avecina. ¿O te creías que solo ibas a estar aquí escondida todo el tiempo? Tú, y solo tú, podrás enfrentarte a lo que viene, pero antes debes estar preparada para ello. Como ya he dicho solo tú tienes la capacidad para hacerlo y solo tendrás una oportunidad. No podemos permitirnos el lujo de fallar.
Todo esto resulta muy complicado y confuso.
No te preocupes, lo entenderás cuando llegue el momento. El destino es algo incierto, no está escrito. Por eso podemos cambiarlo, pero no es fácil. Se forja con nuestros actos y elecciones que se rigen por nuestra forma de ser y carácter. Así pueden predecirse ciertas cosas. Ver lo que sucederá es un don maldito. Podemos saber antes que nadie cosas importantes, pero debemos callar y no revelarlas. Está en nuestras manos el decidir si cambiarlo o no, y el cómo. Algunas veces la alternativa es peor y debemos cargar con la culpa. La gente que no entiende esto puede reprocharnos nuestra forma de actuar, pero son las leyes de la vida. Si alertamos a alguien de un mal futuro, esta persona cambiará su forma de comportarse para evitarlo; sin embargo, las vidas de todos están entretejidas de una manera muy compleja y terminaría afectando a los demás de una manera u otra. Tal vez el cambio sea para bien, o tal vez para mal. Lo que se nos muestra es un futuro relacionado con la actual forma de actuar de la gente, pero si esta cambia no sabemos lo que pasará, no sabemos si el cambio traerá problemas a otros muchos, y esos problemas y sus desgracias caerán sobre nuestra consciencia.
No sé si lo he entendido correctamente, pero es mucha responsabilidad.
Más de la que te imaginas. El destino está integrado por millones de engranajes e hilos que los mueven en un lado o en otro. La rotura de uno de esos hilos puede suponer un cambio enorme. Aquellos que podemos verlos, en ocasiones percibimos algunos “fallos” en todo este complejo mecanismo y podemos hacer algo para intervenir y moverlos engranajes en direcciones más favorables. Pero es algo sumamente complicado y delicado. Por eso digo que solo tú puedes cumplir con esto. Otra persona movería otros engranajes, y no sabemos los resultados de ese cambio. Sin embargo, tú eres la persona ideal, y cuando llegue el momento darás a la maquinaria el giro definitivo que nos aleje de ese futuro horrible y nos lleve a uno más favorable.
Pero, si todo es tan complicado, ¿cómo podré yo hacer eso?
Ya te lo he dicho. Eres la persona elegida para llevar a cabo este cambio. Tú ya tenías una importante participación en el futuro original, ahora también la tendrás en la alternativa.
¿Y qué hay de ti o de Bibiana?
Nosotras estamos tomando nuestro papel ahora, aunque aun nos queda mucho por hacer.
Ya, pero lo que quiero decir es ¿qué futuro hay para ti y para ella?
Nosotras no tendremos futuro. Eso es algo que asumimos cuando decidimos cambiarlo, es nuestro precio por intervenir. Como dije, un buen futuro para algunos pueden traer grandes males para otros. En este caso, Bibiana y yo hemos sido las perjudicadas, pero es algo que ya teníamos claro que sucedería desde el principio. Nosotras decidimos seguir adelante aun sabiendo lo que nos esperaba, ese es nuestro sacrificio. Sin embargo, no podemos decirte lo que debes hacer paso a paso, así estaríamos limitando tu capacidad de elección y creando un falso futuro. Podemos ponerte en el camino, pero los pasos debes darlos por ti misma. Es probable que no entiendas algunas de nuestras acciones, quizás la mayoría, pero todas son necesarias para que nuestro propósito y cometido se cumpla con éxito. De lo contrario, podría suceder que todo lo que hemos logrado hasta ahora, no sirva para nada si fracasamos en el momento final. Ahí es donde verdaderamente sabremos si hemos lo hemos conseguido o no.
Todo lo que me estás contando, las cosas que dices… Resulta abrumador. No sé si podré asimilarlo todo…
No es necesario que lo entiendas todo ahora. Las cosas irán encajando por sí solas poco a poco. Ahora debes descansar, te esperan días duros y tendrás que estar preparada para cuando llegue el momento. Entonces lo entenderás todo a la perfección y te darás cuenta de las cosas importantes. Por el momento, duerme.
Y poco a poco, la madre de Cristian fue desapareciendo de mi sueño, convirtiéndose en una pequeña bola de luz. Esta revoloteó a mi alrededor y me transportó a un bello jardín, con hermosos árboles que proporcionaban agradables sombras donde tumbarse a descansar, y coloridas flores que alegraban el verde de la fresca hierba.
Quise coger una de las flores para olerla, pero cuando me agaché para ello, otra bola algo más grande que en la que se había convertido la madre de Cristian apareció. Esta otra era bien distinta, no era una bola de una luz pura, era una bola negra, que inspiraba sentimientos dolorosos y tristes, sacando a relucir los peores recuerdos de cada persona.
Se trataba de la extraña fuerza que había sentido durante la cena. Otra vez volvía a reclamarme. Pero ahora no fue de la misma manera. La luz pura me proporcionaba una protección frente a esta y le imposibilitaba el atacarme. La esfera de oscuridad comenzó a dar vueltas a mi alrededor como había hecho antes la bola luminosa, que giraba desenfrenadamente sobre mi cabeza.
Nuevamente fui transportada a otro lugar. Un lugar que ya conocía, el bosque donde había sentido por primera vez esa fuerza. El bosque donde casi me atrapa, donde logré cambiar mi gema por otra superior, revelándome a mí misma como Líder de las Damas. El Bosque en el que David y Guille aclararon las cosas con Oscar y Jaime, los Guardianes de Noelia, hijos de mi predecesora.
La primera vez que sentí esa fuerza, me había atraído mostrándome un camino por el bosque hasta llegar a un muro de piedra cubierto por musgo y enredaderas. Ahora me hallaba en ese mismo lugar. Esa fuerza, que era capaz de sentir con total plenitud, provenía de esa pared. Sin embargo, gracias a la luz pura de la madre de Cristian no podía hacerme nada.
De pronto, la bola oscura dejó de dar vueltas a mi alrededor y salió disparada hacia la pared, atravesándola y mostrando a su vez una cueva oculta por las muchas enredaderas que cubrían su entrada.
Quise seguirla, pero algo dentro de mí me dijo que no sería buena idea. No sé si se trataba de la consciencia de la madre de Cristian, de la de Bibiana o de mi propio instinto, pero obedecí. Al fin y al cabo, debía se cautelosa con esa fuerza desconocida para mí que había estado apunto de acabar con mi vida. Antes de acercarme a ella debía saber con más exactitud de qué se trataba. No cometería más fallos debidos a mi ignorancia.
Después de eso, el sueño terminó y me encontré tumbada en la cama. Todos lo sitios a los que había sido transportada y no me había movido del mismo lugar… Cada día me sorprendía más con la magia. Supongo que todo es posible cuando se tienen ciertos dones, aun cuando estos puedan llegar a ser maldiciones, como en el caso de Bibiana y la madre de Cristian.
- Veo que estás bien.- me sobresaltó escuchar la voz de Cristian dentro de la habitación y me incorporé rápidamente, provocando que la cabeza se me fuera levemente y mi visión se nublara por unos instantes.- Me asustaste durante unos segundos, tu respiración estaba demasiado agitada, como en una pesadilla, pero no te movías lo más mínimo. Eras una estatua, completamente estirada y tiesa. Ni si quiera de despertaste cuando te toqué.
- Tonterías.- dije tratando de evitar contarle lo de mi sueño.- Tú sí que me has asustado a mí.- le reproché mirándolo a la cara cuando la cabeza se me despejó y recuperé la visión.- ¿No te han enseñado que no se entra a las habitaciones de las señoritas sin permiso?
- ¡Oh! Y lo pedí.- se levantó del suelo, donde estaba sentado con la espalda apoyada en el armario.- Pero no contestaste cuando llamé a la puerta y me preocupó la idea de hubieras vuelto a cometer otra locura como la de esta tarde antes de la cena.
- Pues ya ves que sigo aquí, como tu fiel prisionera. Ya puedes largarte y dejarme dormir en paz.
- Hay algo que me gustaría saber…- comenzó mirándome con esa expresión extraña que me mostró durante la cena.- Tus ojos son de un azul aguamarina, pero durante un momento se volvieron tan oscuros como una noche sin estrellas… Una ironía… Pero lo que quiero saber, es si sentiste algo extraño en ese momento.
- ¿Una ironía?- traté de desviarlo del tema.- ¿Por qué?
- Te lo diré cuando contestes a mi pregunta.
Lo sabía. Sabía que se había dado cuenta y que me preguntaría al respecto. Así como sabía que no se daría por vencido hasta conocer la respuesta. Supongo que no tenía sentido mentirle, sería negar la evidencia; a demás, tal vez el supiera algo sobre esa fuerza misteriosa. No perdía nada por probar.
- Durante unos segundos, noté como una extraña fuerza entraba en mí.- le dije.- No sabría describirla fielmente, pero me sentía muy poderosa, como si el mundo entero estuviera en la palma de mi mano, como si pudiera hacer cualquier cosa… Pero a la vez también sentía una terrible soledad y una inmensa tristeza que devastaría a cualquiera.- lo miré a los ojos y añadí:- Ahora dime, ¿por qué es una ironía?
- Es una ironía que una Dama de las Estrellas tenga unos ojos como una noche sin estrellas, mucho más si es la Líder.- me congelé con sus palabras.
- ¿Cómo…?
- Al ver tu reacción lo supuse, pero me lo has confirmado con tu respuesta anterior.- contestó a la pregunta sin formular.- Lo que sentiste fue el llamado de un libro especial, uno que solo se muestra ante las líderes de las Damas, pero solo a las más poderosas. El Libro Oscuro.