viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 1


Era la hora de la cena. La cena anterior a la reunión, como indicaba la tradición, a la que había que asistir con una ropa determinada: los hombres con ropa negra y las mujeres con ropa blanca.
Cogí mi vestido blanco comprado para la ocasión. Era un vestido de tirantes finos, ceñido por la cintura y con mucho vuelo. Una vez puesto me miré en el espejo. El blanco del vestido, que me quedaba por encima de la rodilla, y de las bailarinas hacían que mi piel pálida se viera genial. Yo, al contrario que mis hermanos y mi primo que tenían una piel bronceada, era blanca como la nieve. Mi melena rojiza caía suelto en hondas hasta el final de mi espalda. Otra diferencia entre mis hermanos y mi primo eran mis ojos. Todos ellos los tenían verdes, pero yo los tenía azules, de un azul pálido.
Bajé al salón en cuanto el reloj dio las diez campanadas. Todos estaban esperándome de pie frente a sus sitios en la gran mesa del comedor.
La abuela Maria presidía la mesa. A su derecha se sentaba mi madre y a su izquierda el abuelo. Eso puestos indicaban que la abuela era la persona sobre la que recaía la importancia del secreto, actualmente, y que su sucesora sería mi madre. El tercer puesto de honor solía ocuparlo tía Amber, pero ahora lo ocupaba el abuelo por ser la persona de mayor edad.
Aunque eran gemelas, mi madre siempre había ocupado un puesto superior. Pero yo no conocía el motivo.
Por el momento.
El resto de asientos los ocupaban mi padre, mis hermanos y mi primo.
Cuando ocupé mi asiento enfrente de la abuela, el sitio del invitado de honor, todos se sentaron, haciendo antes una leve inclinación de cabeza a modo de saludo.
La cena fue sencilla: una ensalada mediterránea, algo de marisco y pollo asado con patatas en salsa alioli. Nadie habló durante la cena, solo había silencio mientras comíamos.
Cuando terminamos la abuela se levantó, y acto seguido lo hicieron todos los demás. Se retiró de la mesa y entró en el despacho dejando la puerta abierta tras de sí.
La seguí dentro y mi madre hizo lo mismo, cerrando la puerta a su paso.
- Elizabeth, la pequeña Elizabeth,- dijo la abuela sentándose en el sillón de cuero de mi padre.- hay que ver cuanto has crecido. Parece que fue ayer cuando eras apenas una enanilla que correteaba por todos los rincones de la casa creando alboroto. No dejabas títere con cabeza.
Una leve risilla avergonzada escapó de mis labios a la vez que notaba como el rubor cubría mis mejillas.
- Sin embargo, ahora, ya tienes dieciocho años. Ha llegado el momento de que conozcas toda la verdad acerca de nuestra familia. Toma asiento, hija, es una larga historia.- dijo mi madre sentándose en el sofá e invitándome a que hiciera lo mismo.
- Hace mucho tiempo,- comenzó la abuela.- la desgracia se cernió sobre una pequeña aldea. Terribles tormentas tenían lugar en la zona, provocando inundaciones que aislaron completamente la zona. Con ellas vinieron el hambre y la miseria, seguidas de las enfermedades. Muchos niños y ancianos murieron sin que se pudiera hacer nada por evitarlo. Los hombres se afanaban en las tareas de reconstrucción, mientras las mujeres se encargaban de cuidar a los enfermos y heridos por el temporal.
>> Las mujeres veían la muerte miraran donde miraran, la muerte de sus hijos, sus padres, sus maridos, hermanos, familiares y amigos. Hartas de tanta muerte y tanto dolor, un grupo de estas mujeres se hicieron con una barcaza y se adentraron en el bosque, que estaba anegado por las aguas.
>> Buscaron la parte más alta de este, la única donde había suelo firme. Allí formaron un círculo y comenzaron sus plegarias. Durante varios días las mujeres permanecieron allí invocando a las ninfas del bosque y de los elementos para que les otorgaran el poder necesario para detener las lluvias y sanar a sus enfermos.
>> Finalmente sus oraciones fueron escuchadas y contestadas. De les haría entrega del poder siempre y cuando cumplieran con una serie de condiciones. El don únicamente sería poseído por las mujeres, que debían de asegurarse de que este era heredado por una nueva generación. No valía que una de ellas tuviera tres hijas y otras ninguna, la balanza debía permanecer equilibrada, una hija cada mujer, excepto en casos de embarazos múltiples naturales, en ese caso sería la propia naturaleza quien exigiera que el pode se repartiera entre varias herederas. Cada hija aprendería a utilizar su don por ella misma, quedando la madre relegada al lugar de consejera y guía.
>> La última condición del acuerdo con las ninfas era la más importante. En cada generación habría una líder cuyo poder sería superior al de cualquier otra mujer. Con tal energía nada sería imposible de realizar, esa mujer tendría en su mano el poder de destruir el mundo si quisiese o de salvarlo. Pero su poder no se manifestaría desde primera hora como tal, sino que iría en aumento, de modo que pudiese aprender lo suficiente para controlarlo cuando alcanzase la plenitud de su magia.
>> Sin embargo, la leyenda de estas mujeres comenzó a conocerse en otras zonas y la ambición por hacerse con el control de ese poder místico dio lugar a La Orden de la Oscuridad. Esta organización, formada únicamente por hombres, capturaban a las mujeres y las hacían sus prisioneras obligándolas a cumplir sus deseos y delirios de poder y grandeza. Cuando ellas se negaban a obedecer sus órdenes eran torturadas y finalmente asesinadas.
>> El número de mujeres con el don menguó debido a las acciones de La Orden de la Oscuridad. Por ello tomaron medidas: se organizaron en otra Orden, Las Damas de las Estrellas, y crearon otra para los hombres de la familia, Los Guardianes, quienes luchaban por ellas contra sus enemigos mortales, La Orden de la Oscuridad.
>> Esta historia no es una leyenda, es verdad y hoy en día aun existen herederas de ese don. Elizabeth, tú eres la última Dama de nuestra familia, hasta que tengas a tu propia hija. Tu madre y yo misma, somos Damas, y como ya habrás deducido, tu tía Amber y tu prima Bibiana también lo eran. La versión oficial de su muerte junto con la del tío Adrián es un incendio accidental producido por un cortocircuito, al que solo sobrevivió tu primo Guillermo. Pero la autentica historia es que mientras Bibiana experimentaba con la magia, la Orden de la Oscuridad la encontró y atacó en la casa. Guillermo y Adrián, como familiares masculinos de Las Damas, eran Guardianes, sin embargo, no pudieron hacer nada para salvarlas, únicamente preparar la escena de su asesinato para que pareciese un incendio.
>> Yo no tengo hermanos, soy hija única, por lo que mi único Guardián es el abuelo. Tu madre tiene de Guardián a tu padre, Enrique. Pero tú tendrás cuatro guardianes: tus hermanos y tu primo.
En ese momento, como si todo estuviese programado, papá, el abuelo, mis hermanos y mi Guille entraron al despacho. Tanto papá como el abuelo tomaron posiciones de pie detrás de sus protegidas, mientras que mis Guardianes se arrodillaron enfrente mía.
- Al cumplir la mayoría de edad, el vinculo entre la magia de la madre y la hija se rompe, por lo que la hija debe aprender por si misma a ocultar su poder y a manejarlo.- explicó mamá.- Ellos como Guardines tienen sus deberes y obligaciones. Han estado preparándose desde su mayoría de edad para este momento, para protegerte. Tú, como Dama, tienes los tuyos, pero primero, al igual que ellos, tienes que prepararte.- dijo señalando una pila de libros que descansaba sobre el escritorio.
- Como el mayor de tus hermanos y Guardianes, me corresponde el liderazgo de la cuadrilla, y como tal hablo en nombre de todos al decir que estamos a tu servicio y que te defenderemos con nuestra vida.- juró David.
- Yo no soy tu Guardián legítimamente, pero me pongo a tu servicio tras fracasar en mi deber con Bibiana.- añadió Guille.
Por el modo en que mamá y la abuela me lo habían contado pensé que eso era un hecho, que Guille sería otro de mis Guardianes. Pero, ahora, al ver que todos me miraban esperando una respuesta, comprendí que sería decisión mía tomarlo como Guardián o no.
Todo era muy confuso. ¿Magia? ¿Damas? ¿Guardianes? Me limité a asentir con la cabeza sintiéndome incapaz de articular palabra.
Los cuatro se levantaron y se colocaron a mi alrededor: Jorge y Alex, los gemelos, detrás mío, mientras que Guille ocupaba mi flanco izquierdo y David el derecho.
En ese momento, la abuela, cogió una cajita del escritorio y, ceremoniosamente, se la pasó a mi madre.
- Esto.- dijo abriendo la caja.- te ayudará a canalizar tu poder de ahora en adelante.
Del interior sacó un colgante redondo del tamaño algo más grande del de una moneda de dos euros y dorado. En medallón estaba adornado con una serie de circunferencias, cada una menor que la exterior, y una gema en el centro.
Tanto mamá como la abuela poseían unos colgante iguales que solo se diferenciaban en el tipo de gema: la de la abuela era cuarzo blanco y la de mamá, ónice. La gema de mi colgante era un esmeralda.
Mamá se levantó con el colgante en sus manos para poder colocármelo. Me aparté el pelo para que pudiese ponérmelo más fácilmente.
- ¿Cómo escogéis la gema que adornará el colgante?
- No la escogemos nosotras.- explicó la abuela.- La piedra que ocupa el centro de cada colgante es elegida mediante magia, de acuerdo con el poder que alberga cada Dama. Tu piedra muestra que eres más poderosa que tu madre o que yo. Cuando estudies tus libros aprenderás sobre este y otros temas. Seguramente resuelvan todas tus dudas, pero si no es el caso, siempre puedes preguntarnos a tu madre y a mí.
- ¿Esos libros?- pregunté señalando a la pila de libros que había encima del escritorio.
Había cinco libros, todos ellos de aspecto antiguo. Las cubiertas eran negras y tenían unas letras en los lomos que casi se habían borrado. Los cinco tenían aproximadamente el mismo grosor, que no era poco. El más fino debía de tener cerca de más de mil páginas.
Papá los cogió del escritorio y me los dio. Fue una suerte que estuviese sentada, sino los libros se habrían estrellado contra el suelo. Definitivamente pesaban demasiado.
- ¡Vaya! Si que pesan.
- Deja,- dijo Guille liberándome del peso de los libros.- ya te los subo yo a tu habitación.
- Son cinco.- explicó mamá.- El primero que deberás leer es el de "Historia y Tradición de la Magia" y después continuaras con los otros cuatro, que tratan sobre el control de los elementos, en el siguiente orden: agua, aire, tierra y fuego. Cuando llegue el momento en el que debas practicar los encantamientos y hechizos que aprendas tendrás que ir a una zona alejada donde no haya peligro si los de la Orden de la Oscuridad rastrean la magia. Una vez termines con esos, habrás alcanzado el nivel elemental. Entonces recibirás otros dos libros, uno sobre encantamientos superiores y otro sobre defensa mediante magia.
- Imagino que estarás impaciente por echar un vistazo a los libros.- dijo el abuelo, dando por finalizada la reunión.
Subí las escaleras hacia mi habitación mientras me seguían Guille, cargado con los libros, y mis hermanos. Entonces, al llegar a arriba caí en la cuenta de algo: mi habitación se encontraba situada entre las habitaciones que ocupaban los gemelos a la izquierda, y David y Guille a la derecha.
Eso hizo que me diera cuenta de otra cosa: nunca había estado sola. Siempre había tenido a alguien cerca, cuando era niña mis padres siempre estaban allí para mí, y luego, cuando crecí, mis hermanos permanecieron a mi lado preparados para protegerme de cualquier cosa.
Sin embargo ahora que se había roto el vínculo con mi madre que custodiaba mi poder, algo me decía que la vigilancia sería mucho peor.