jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 8


- Corinne,- respiré aliviada.- me has dado un susto de muerte. Pensé que era Alexi.
En respuesta, rió divertida ante mi miedo. Lo que con el subidón de adrenalina provocó mi enfado.
- No tiene gracia. ¿Qué diablos quieres? ¿Por qué has venido? Cuentamelo rápido y así podrás irte antes.
- Vaaaale, tranquila. No es necesario que te pongas así.- dijo levantando las manos.- Lo que te voy a decir es bastante delicado. Quizás quieras sentarte.
- ¿Más fuerte que lo que me contaste la última vez?
- Para una persona totalmente racional lo más provable es que no, pero para tí, estoy convencida de que esto será un golpe demoledor.
- ¿Me estás insultando?- le pregunté dirigiendole una mirada con los ojos entrecerrados.
- ¡Oh! Vamos, ¿qué te pasa? No me saques los dientes, aunque no lo demuestre delante de los demás, soy tu amiga.
- Esta bien.- esta vez me tocó a mí levantar las manos.- Lo siento. Es que... estoy muy a la defensiva por el susto que me has dado.
- Ya veo.- dijo sentandose en la cama.- Bueno, será mejor que te sientes.
Me dirigí a la cama y me senté a su lado, obediente. Ella desvió la mirada antes de empezar a hablar.
- No se como decirte esto. Pensé que podría encontrar un buen modo de decirlo, pero no creo que haya un buen modo para decir algo como lo que te tengo que decir. Pero debo decirtelo, tienes que saberlo, aunque te destroce por dentro.
- Me estás asustando.
- Sabes que no quiero ningún mal para tí. Por eso tengo que advertirte.
- ¿Advertirme sobre... qué?- pregunté, no muy convencida de querer saber la respuesta.
- Cuando te conté lo que somos, pensé que comprenderías a Ben y juntos podrías buscar la manera de evitar a Alexi y ser felices. Pensé que era lo que debía hacer, por Ben. Por tí.
- Y yo te lo agradezco mucho, pero no entiendo a donde quieres ir a parar.
- Me equivoqué. Pensé que Ben... creí que él aun era como antes. Lo veía rechazar a Alexi y a Brian todos los días, veía como los retaba una y otra vez. Sin embargo, él ya no es el Ben amable y generoso que conocí en prescolar.
¿Que Ben había cambiado? Quería acallarla, decirle que parara, pero era incapaz de hablar. Las palabras que había dicho, o quizá las que no había dicho todavía, me habían dejado muda.
- No sé lo que Ben te habrá contado sobre nosotros, pero ni él ni yo bebemos directamente de los humanos, al contrario que Brian y Alexi. Cogemos bolsas de sangre del hospital. La otra noche me tocó a mí ir a por más, y cuando fui a casa de Ben para darle su parte, no estaba en casa. Todo esto lo hacemos de noche, para intentar llamar la atención en los hospitales lo menos posible, de modo que cuando volvemos, tenemos que entrar por la ventana, ninguno de nuestros padres se tomaría muy bien que recibieramos visitas a las tres o cuatro de la mañana.- confesó con una sonrisa.- Normalmente él otro está en casa preparado para abrir esa ventana, pero sino, la dejamos levemente abierta. Cuando entré para dejar sus bolsas de sangre en la nevera, golpeé una carpeta que había sobre su escritorio. La cogí al vuelo pero una nota salió de ella. No era mi intención leerla, pero lo hice. La nota decía: "Sé lo que sois tú y tus amigos, y sé de la existencia de Rebeca Torres. Tienes problemas. A las 4 en el parque a dos manzanas de tu casa".
Hizo una pausa para mirar por la ventana y coger aire ruidosamente.
- Con todos los mitos sobre vampiros que existen sabrás que preferimos el anonimato. Por ello no podemos revelar lo que somos a los humanos, debemos aparentar ser como cualquier otro humano. Es la única norma que tenemos. Hay ciertos vampiros que se aseguran de que la cumplimos, son los centinelas. Ben y yo rompimos esa norma. Cuando eso sucede y los centinelas lo descubren, solo hay dos caminos posibles. El primero consiste en que el vampiro acusado se niegue a aceptar la ley, entonces tanto el vampiro como el o los humanos son ejecutados. El segundo, en que el vampiro muestre arrepentimiento matando él mismo a los implicados, tanto vampiros como humanos.
Dejó de hablar y me miró con lágrimas en sus ojos. Entonces se lazó sobre mí y me sacudió por los hombros.
- ¿No lo entiendes? Nos ha traicionado a ambas. El veredicto es inmediato, no te dan unos días para que te lo pienses. Si él sigue con vida es que ha aceptado a matarnos a ambas, a mí por contarlo y a tí por saberlo.
No podía creerla. No quería. Ben no haría eso. No el Ben que conocía.
Pero... ¿realmente lo conocía?
Hacía poco más de una semana que había entrado a la nueva escuela y nos presentamos. ¿Es tiempo suficiente para conocer a alguien?
Pensé en Ben, en sus abrazos, su besos, sus caricias, todas la veces que me había dicho que le importaba, que me quería, pensé en sus gestos hacia mí, que hasta entonces me habían parecido protectores y llenos de cariño.
Pensé en las palabras de Corinne, todo lo que había dicho sobre Ben, tanto las cosas buenas como las malas. Sobre todo las malas.
Sentí un enorme vacío que comenzó a formarse en mi pecho. Hasta entonces no había sentido algo tan intenso por ningún chico como lo sentía hacia Ben, y tampoco había sentido el dolor de una traición así. No es como cuando el chico con el que sales te deja plantada o te rechaza delante de gente a la que conoces. No. Es mucho peor. El chico al que amas con todo tu ser ha hecho un trato para matarte a cambio de salvar su propia vida. La persona por la que has renunciado a la razón y que has creido incluso cuando te dijo cosas que parecían imposibles, se combertirá en tu asesino.
Lloré. Lloré y me abracé a Corinne con todas mis fuerzas. Tratando de desacerme de toda la amargura que había surgido en mi interior, aunque en el fondo de mi ser sabía que eso solo sucedría si todo esto solo se tratara de un error.
Un error. Eso era lo que quería creer una parte de mí, que nada de esto era cierto, que solo era un error, una confusión. Sin embargo no podría acercarme a él y preguntarle directamente sobre ello. ¿Qué iba a decirle? ¿Que sabía que había planeado matarnos a Corinne y a mí para salvarse? No. Él no sería capaz de ello. Era cierto que lo conocía desde hace poco, pero nunca habría pensado que era un cobarde y un ruin.
No me di cuenta de que me había dormido hasta que me desperté con el sonido de la alarma del movil. Corinne también se había dormido y estaba tendida a mi lado en mi cama, ambas encojidas sobre nosotras mismas, abrazandonos. Finalmente el repetitivo pitido de la alarma terminó por despertarla. Ella se incorporó pesadamente y miró confundida a su alrededor.
- ¡Oh Dios!- exclamó abriendo sus ojos hasta lo imposible.- ¡Me he quedado dormida!
Saltó de la cama y se estiró la ropa.
- Tengo que ir a casa cuanto antes. Mis padres deben de estar histéricos.
Y sin más explicación salió por la ventana.
Me precipité sobre el alfeizar medio esperando encontrarla tirada en el jardín. Pero puesto que se trataba de una vampiresa, había hecho un aterrizaje perfecto y desaparecido de mi campo de visión.
Entonces caí en la cuenta de que yo también debía prepararme para ir a clase.
Siguiendo con el ejemplo de Corinne entré apresuradamente en el baño. Después de una noche tan mala necesitaba un baño relajante, aunque sabía que no tenía demasiado tiempo. Dejé el grifo del agua abierto para que se fuera llenando la bañera mientras hacía la ropa y preparaba la ropa. Bajé rapidamente a la cocina para coger una napolitana y un batido de chocolate.
Con las manos ocupadas por mi desayuno, subí corriendo por las escaleras para vigilar el agua de la bañera. Terminé de comer mientras la bañera se llenaba, después me deshice de la ropa y me metí dentro.
Notaba como el agua caliente relajaba la tensión de mis músculos. Me encontraba perfectamente allí, medio sumergida en el agua con espuma, sin embargo, sabía que debía darme prisa y no llegar tarde a clase, otra vez. Por lo que no me permití disfrutar plenamente del baño, como a mí me gustaría.
Ya seca me enfundé en los vaqueros claros y una camiseta blanca de manga corta debajo de una sudadera morada, cogí unos calcetines al azar y agarré las deportivas blancas en la mano. Otra vez me tocaba ir patinando.
Bajé las escaleras atropelladamente con la maleta de la escuela en la otra mano y me precipité hacia la maleta de los patines, donde guardé las deportivas y saqué los patines. Una vez puestos salí a la calle y patiné todo lo deprisa que pude hasta el instituto.
Mientras patinaba seguía dándole vueltas en la cabeza a lo que me había contado Corinne, tratando de convencerme a mí misma de que no tenía motivos para dudar de Ben, quién me había mostrado tanto amor y había sido maravilloso conmigo. Sin embargo, por otro lado, lo que ella me había contado tenía tanto sentido… Estaba hecha un lío, realmente no sabía que pensar. Para cuando llegué al instituto me había convencido de que todo era un error, una confusión, que Ben jamás me traicionaría de esa manera.
Sin embargo, al entrar al aula me quede paralizada. Ben estaba sentado en su sitio, algo retirado de la mesa y sobre su regazo sostenía una Alexi sentada a horcajadas sobre él y besándolo apasionadamente. Pero eso no era lo peor. Lo peor era que él le devolvía el beso mientras la estrujaba contra sí, con sus manos recorriendo su espalda.
Traté de recobrarme lo más rápido posible y entré a ocupar mi sitio sin mirarlos dos veces. Inmediatamente volvieron a mi cabeza la promesa que Ben me hizo anoche. ¿Esta era mi recompensa? ¿Encontrarlo dándose el lote de esta manera en clase con su ex? ¡Pues valla! Otra conversación llegó también a mi cabeza. La de Corinne.
Si el amor de Ben valía tan poco como sus promesas, quizá no habría ninguna confusión ni error en lo que ella me contó. Quizá fuera cierto, quizá para él yo solo era un juguete con el que se había divertido y que una vez usado tiraría a la basura sin remordimientos.
Hundida en mis pensamientos fui vagamente consciente de la entrada del profesor de Literatura. Comenzó con su clase, pero realmente no le presté atención a nada de lo que decía, estaba demasiado ocupada tratando de no dejar que los demás vieran el penoso estado en el que me encontraba al saberme traicionada. Pude ver como Corinne me dirigió una mirada disimulada llena de preocupación a mí y otra de curiosidad y sorpresa a Ben. Obviamente ella no se esperaba esto tampoco.
Pese a mis esfuerzos por no dirigir la vista hacia la ardiente pareja no pude evitar echar un par de vistazos. Ben miraba al frente, con toda su atención puesta en el profesor y su mano entrelazada con la de Alexi. Ella, con su mano libre, acariciaba su pelo y lanzaba miradas de triunfo a Corinne y Brian, y algunas de desprecio hacia mí.
No sabía si podría soportarlo más, de modo que, interrumpiendo al profesor, levante mi mano pidiendo permiso para salir del aula e ir al baño. Me levanté sin esperar respuesta y salí al pasillo, notando las lagrimas luchando por salir de mis ojos y caer por mis mejillas.
- Eh… sí, claro…- alcancé a oír al profesor mientras cerraba la puerta a mi espalda.
Corrí al baño ya llorando como una magdalena y sin ver realmente por donde iba. No se cómo, pero logré llegar y me encerré en un cubículo. Allí me apoyé en la puerta y me dejé caer al suelo para seguir llorando hasta quedarme sin lágrimas.
No sé cuanto tiempo permanecí allí, realmente perdí la toda conciencia sobre el tiempo. Lo único que sé es que en un momento dado alguien golpeó la puerta e inmediatamente interrumpí mi llanto.
- ¿Bec? ¿Estás ahí?- Escuché la voz de Lucy.- El profesor se preocupó porque tardabas demasiado y me envió para comprobar que todo fuera bien. ¿Puedes abrirme?
Sabía que estaba comportando como una autentica cría encerrada en el baño y llorando a lágrima viva, pero la situación me superaba y no tenía fuerzas para nada más. Como pude me levanté lo suficiente para abrir la puerta y dejar pasar a Lucy, quien me miró con expresión preocupada y torturada.
- Bec… yo… realmente lo siento mucho… no sé porqué está actuando de este modo…- dijo retorciendo sus manos.
- Está bien.- la interrumpí.- Tú no tienes porqué disculparte. No es culpa tuya. Es él quien tiene que explicarse, digo, si en verdad hay algo que quiera explicar…
- Pero…
- No, Lucy. No. No quiero excusas.- hice una inspiración antes de añadir la decisión que se había formado en mi cabeza casi sin darme cuenta de ello.- No quiero saber nada más de él, lo quiero lejos de mi vida, o al menos tan lejos como sea posible. No puedo soportar más dolor del que ya soporto.
Ella me miró con una mezcla de comprensión y de pena, pero no intentó defender a su hermano. Lo que era un alivio, porque no sabía si podría mantenerme firme en mi decisión. Al fin y al cabo Ben era la persona más importante para mí, pero a partir de ese momento decidí que no era conveniente para mí pensar más en él.
Él, quien me había jugado con mis sentimientos. Él, quien después de decirme que era alguien especial para él me había vendido para salvar su propia vida. Quién seguramente me matara en un futuro no muy lejano. Quien después de asegurarme que odiaba a su ex, se encontraba besándola de manera que pareciese que se iban a succionar el uno al otro.
Me lavé la cara antes de salir del baño para volver a clase con Lucy detrás de mí cabizbaja sin decir una palabra. Llamé a la puerta con decisión pidiendo permiso para entrar. Esta vez no abandonaría el aula por la indiferencia de Ben. No dejaría que me afectara. Seguiría con mi vida como si realmente no lo conociera, como si solo fuera un estudiante más.
La clase terminó pronto, esa y todas las demás. A pesar de que en todas ellas estaba Ben, con la única excepción de mi clase de refuerzo de inglés, pude concentrarme totalmente consiguiendo así que mi mente no vagara hacia terrenos peligrosos e inestables.
En el descanso para la comida en vez de dirigirme al comedor para encontrarme con Abby y Lucy fui al gimnasio a ver al entrenador. Llame a la puerta del su despacho y cuando oí el “adelante” entré. No era un gran despacho, se trataba de una habitación cuadrada con un ventana en la que había dos mesas de oficina con un ordenador de mesa cada una y varias estanterías en las paredes llenas de libros sobre deporte, masajes, cajas de archivos y un botiquín.
Tras una de las mesas se encontraba el profesor con el que tuve, por el momento, mi única clase de gimnasia, un tipo con aspecto de militar y también con el carácter, el Sr. Fick. Tras la otra había otro hombre mucho más joven, seguramente sería su primer trabajo. Como buen deportista era alto y fibroso, su pelo castaño caía en mechones por su cara enmarcando unos ojos grises que daban luminosidad a su rostro fuerte.
- Sr. Fick, tengo entendido que quiere formar un equipo de hockey. Estaba interesada en formar parte de él.
- Bien, pero no es conmigo con quien tienes que hablar, sino con él,- señaló al profesor más joven.- él es quién se hará cargo de entrenar al equipo. El Sr. Staton.
Él se levantó y me ofreció su mano para estrechársela.
- Encantado de conocer a la primer miembro del equipo.- Estreche su mano con fuerza.- Puedes llamarme Aaron.