jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 4


Desperté en mi habitación, en mi cama. Estaba muy confusa. Recordaba que habíamos cenado en la cocina, mamá, Ben y yo. Después mientras recogíamos la mesa había empezado a sentirme mal. ¿Cómo había llegado hasta mi cama? La respuesta a mi pregunta estaba en la planta de abajo.
Ben. Podía oir como se despedía de mi madre en la entrada. Oí como después de cerrar la puerta de la calle, mi madre subía por las escaleras en dirección a mi habitación. Me miró sorprendida por encontrarme despierta.
- No esperaba que hubieras recobrado la consciencia tan pronto.¿Cómo te encuentras?
-Bien.- mentí
-Rebeca...- claramente había notado la falsedad en mi voz
- OK, no estoy tan bien, la cabeza me da vueltas.
-Te lo advertí. Te dije no hicieras esfuerzos. Y tú no me escuchaste. Ahí tienes la consecuencia.
-Lo siento, mamá.- en verdad no lo sentía. De hecho lo volvería a hacer, por estar con Ben.
- Descansa. No te quedes despierta hasta tarde. Según como te levantes mañana veremos si vas a clase o no.
- Mañana iré a clase. No puedo perder más clases.- no podía decirle a mi madre que lo que quería era ver a Ben.
- He dicho que ya veremos.- abrí la boca para protestar.-Y no hay discusión.
Decidí obedecer y tener más posibilidades de ir mañana a la escuela y pasar mi día con Ben. Pero antes de acostarme tenía que hacer unas cosillas. La primera era preparar mi maleta para clase. La siguiente incluir mi cuaderno de dibujos, a Ben le habían gustado, así que pensaba regalarle el que más le gustara. También debía ponerme el pijama y preparar la ropa para mañana. No es que fuera a vestir como si saliera de fiesta, pero asi me aseguraba que no vestía con lo primero que pillara en el armario. Por último puse el despertador par no quedarme dormida. Despues de eso me metí en la cama, me puse mi auriculares y me dejé ir mientras escuchaba El Canto Del Loco.
El pitido del despertador irrumpió en mis sueños. Cubrí mi cabeza con la almohada tratando de amortiguar el molesto sonido. No servía de mucho, así que me levanté y lo apagué, no sin antes echar una ojeada a la hora que marcaba. Las siete y cuarto de la mañana.
Me incorporé en la cama con cuidado. No quería que la cabeza me empezara a dar vueltas y mi madre me prohibiera ir a clase. Me aseé y vestí, con cuidado debido a la herida de la cabeza, y bajé a la cocina para desayunar.
Vi que mi madre ya me había preparado el desayuno. Zumo de naranja y tostadas.
- Sabía que bajarías temprano. Supongo que no tiene sentido que te pregunte por tu cabeza, ya que dirás que estás perfectamente.
No puede evitar dedicarle una sonrisa. Me conocía bastante bien, al fin y al cabo era su hija.
-¿Sabes? Es un buen muchacho.
Me quedé helada al escuchar esas palabras. No tenía ni idea que me hubiera calado hasta tal punto. ¿Tanto se me notaba? Opté por ignorarla y me centré en mi desayuno. Tenía que darme prisa si no quería perder el autobus, lo que me recordaba...
- ¿Mamá?
- Dime...
- Ya sabes que aquí la edad para conducir es a los dieciseis años, así que ¿por que no me saco el carné y me compras un coche?.- no pude ser más directa, la verdad.
Ella suspiró
- Supongo que tienes razón. Se me hace raro que me pidas un coche sin tener si quiera los dieciocho.
- Bueno... técnicamente los cumplo este año... aunque a finales. Además, ese no es el tema. Los dieciocho es la edad minima en España, no aquí.- me quejé
- Ya lo sé, pero...
-si tuviera mi propio coche no necesitaría que me llevaras a ningún lado, ni tampoco tendría que coger el autobus para ir al instituto.- la interrumpí.
- Ya lo discutiremos más tarde. Ahora las dos tenemos que irnos o llegaremos tarde.
Tenía razón. Si no me daba prisa llegaría perdería, de modo que me apresuré a terminar y salí disparada nada más coger mi chaqueta y mi mochila.
La parada no estaba lejos, solo un par de calles. Cuando llegué vi a una chica que también estaba esperando el autobus. Al oir el sonido de mis pasos, volvío la cabeza para mirarme. Una expresión de reconocimiento cruzó su rostro, y sus ojos se abrieron hasta lo imposible. Obviamente estaba en el mismo colegio que yo.
-Tú eres Rebeca, ¿no? La chica nueva.
-Sí. ¿y tú eres...?
- Abigail Summer, pero llamame Abbie. Vi lo que hiciste el otro día en la cafetería. Y también lo que hiciste en gimnasia. En ambos casos tuviste mucho valor. No creo que mucha gente de este instituto hubiese hecho nada parecido.
-No estoy tan segura, es decir, Ben habría recibido con gusto el golpe de la pelota con tal de apartar a Lucy.- traté de restarle importancia. No me gustaba ser el centro de atención.
-Pero ellos son hermanos, eso no cuenta. Tú, sin embargo, solo la conocías de la hora de antes en el almuerzo.- insistió.
En ese momento llegó el autobus y ambas subimos. Nos sentamos todo el trayecto juntas y continuamos hablando hasta que llegamos al instituto. Descubrí que Abbie y yo compartíamos más cosas de las que cabía esperar de dos chicas que vivían en paises diferentes. Las dos eramos chicas con escasa vida social, algo que, en mí, estaba cambiando desde que había llegado a Boston; nos interesaban el mismo tipo de lecturas; y aunque nuestros cantantes preferidos eran distintos por los muchos kilómetros de distancia que nos separaban, el estilo musical era el mismo. La principal diferencia entre ambas consistía en que mientras yo era incapaz de mantener mi bocaza cerrada, ella era tímida a más no poder.
Bajamos del autobus para entrar al instituto, pero un par de chicas nos lo impidieron. Se plantaron delante nuestra desafiantes. Una de ellas era rubia, la otra morena. Los reucerdos que aun no habían vuelto a mi cabeza lo hicieron en ese instante. Ben tenía novia.
Esos recuerdos fueron para mí un jarro de agua de fría, sin embargo, no dejé que mi expresión lo reflejara. El rostro de Abbie, en cambio, mostraba tal pánico que cualquiera pensaría que esas dos fueran fantasmas.
-¿Qué os pasa?¿Acaso tanta laca en el cerebro ha hecho que os desorienteis? El isntituto se encuentra en la dirección contraria, a vuestras espaldas.- las desafié.
- Uy, Alexi, parece que alguién nos tiene envidia.- respondió la rubia.
No me lo podía creer. ¿Alexi? ¿Cómo en mi pesadilla?
-Es normal, quiero decir, míranos a nosotras, siempre tan perfectas, vistiendo ropa cara; y míralas a ellas, tan simplonas. ¿Quién no nos tendría envidia?
- Tienes razón.- nos recorrió con la mirada, esbozando una sonrisa al llegar a los pies.- De hecho algunas parecen que no saben ni andar, ¿no Abbigail?.-dirigí una mirada al tobillo de Abbie y descubrí que lo tenía vendado.
- No es eso. Dejadme en paz.- se defendió. O al menos lo intentó
-¿Qué? ¿Acaso intentabas caminar con tacones?
- Ya basta. Esto no tiene nada que ver con ella. Abbie no fue quién os tiró limonada por encima.- no iba a permitir que la humillaran por juntarse conmigo.
Ellas me dedicaron una mirada con los ojos entrecerrados. Era increible lo sincronizadas que estaban: hacían los mismo gestos, lanzaban insultos completandose las frases, incluso vestían parecido. Si no fueran físicamente tan distintas diría que eran hermanas gemelas.
- ¿Qué ocurre?- intervino Ben bajando de su coche. No lo había oido llegar.- Dejad de molestarlas.
- Oh, Ben. Que bien que hayas llegado, así podras acompañarme a la primera clase.- dijo Alexi con entusiasmo.
- No quiero acompañarte. No tengo por qué hacerlo. Tú y yo ya no tenemos nada que ver.
¿Qué no tenían nada que ver? Eso significaba, ¿que ya no estaban juntos? Un tanto para mí. Aun así, Alexi no lo iba a dejar escapar tan fácilmente, tal como estaba desmostrando.
- Corinne, ¿por qué no te llevas a Alexi de aquí antes de que me haga perder la paciencia?- le dijo a la chica rubia sin dejar de mirar a Alexi.
Alexi levantó una mano para detener a Corinne, la chica rubia, quien permaneció congelada donde estaba, y entrecerró los ojos mirando a Ben.
- Tú sabes que por mucho que lo niegues siempre tendremos algo que ver, lo sabes muy bien.
-Ya hemos hablado de esto miles de veces... No es necesario que lo volvamos a hacer aquí y ahora.- contestó él manteniendo el tono desafiante.
- Muy bien, pues entonces acompañame para que lo discutamos a solas.
Ambos se miraron fijamente durante unos instantes, luego finalmente Ben cedió. Cogió su mochila y caminó hacia el edificio con Alexi colgando de su brazo y Corinne siguiendoles.
-Siempre se sale con la suya
Miré sorprendida a Lucy, había permanecido todo este tiempo en el coche, pero ahora estaba tranquilamente a nuestro lado como si hubiese estado aquí durante toda la discusión.
- ¿Eh?
- Siempre consigue que él haga lo que ella quiere.- me explicó.
- Bueno, se supone que son novios, ¿no?- preguntó Abbie.
- No. Lo dejaron en la fiesta de fin de curso el año pasado.
- Entones, ¿por qué siguen actuando como si aun lo fueran?- Abbie, al igual que yo, no entendía lo que pasaba.
- No lo sé. Pero sé que hay algo con lo que ella le hace chantage. La noche de la fiesta Ben desapareció. No lo ví en ningún momento. Volvió a casa a la mañana siguiente, entonces puede hablar con él. Me dijo que no quería volver a ver a Alexi en su vida. Desde aquel momento estuvo actuando muy raro: salía todas las noches cuando pensaba que estabamos durmiendo, no comía nada y nos rehuía todo el tiempo. Menos mal que al cabo de unos meses volvió a actuar más o menos normal.
- ¿Más o menos normal?- no puede evitar preguntar
- Sí, ahora come y nos rehuye, pero aun sale todas las noches cuando cree que dormimos. ¿Me pregunto donde irá?
- ¿No has pensado en preguntarle?- cuestionó Abbie.
- Una vez lo hice. No sirvió de nada. Se enfadó mucho conmigo y me hizo prometer que no diría nada a nuestros padres.
Mientras hablábamos nos sorprendió el sonido de la sirena. Lucy levantó la cabeza al escucharla.
-Deberíamos darnos prisa o llegaremos tarde.- dijo sonriendonos como si la conversación que habíamos tenido no se hubiera producido.
Abbie y yo nos limitamos a asentir con la cabeza y a seguirla hasta la clase de literatura. Cuando entramos ibamos sin aliento por la carrera. Era la primera vez que asistía a esa clase, así que no sabía donde sentarme. Lucy y Abbie se sentaban juntas, y Ben se sentaba con Alexi. Vi un único sitio libre al lado de Corinne. No me apetecía sentarme a su lado, pero parecía que no tenía otra opción.
O eso pensaba cuando vi entrar a Brian y dirigirse a ese asiento. ¿Brian? Ni siquiera sabía si ese era su auténtico nombre, simplemente era el nombre que le había dado mi subsconsciente. Pero si había acertado con el de Alexi, ¿por qué no con el suyo?
Detras de Brian entró el profesor, el Sr. Dempsey, mientras que yo aun seguía de pie junto a la puerta. Me miró como si fuera un nuevo elemento de la decoración del aula y se sentó en su mesa.
-Senorita, ¿piensa quedarse ahí de pie toda la clase?
- Disculpe, pero no hay ningun sitio libre.
Él miró hacia la clase y entrecerró los ojos.
- Bien, parece que tenemos un ligero problemilla... Sr. O'Shea, ¿le importaría buscar al conserje para que traiga un pupitre más?
Un muchacho pelirrojo, de ojos oscuros y gafas modernas se levantó y salió a cumplir con el encargo. Entre tanto yo seguí allí de pie parada ante toda la clase mirándome. Me sentía incómoda, muy incómoda. Para mi fortuna el conserje no tardó mucho, apenas unos minutos. Era un hombre fuerte y a pesar de estar ya entrado en años, aun conservaba su atractivo. Él cargaba con la mesa, mientras que mi compañero de clase llevaba la silla.
Lo colocaron todo al final de la clase, donde nadie podría mirarme sin que el profesor le llamase la atención. La clase fue muy aburrida. El profesor se dedicó a leer algunas páginas de una novela. Una española. El Quijote. Como buena española, había oido hablar de esta hasta la saciedad e incluso la había leido una vez en la escuela. Después pasó un cuestonario sobre lo que había leido. Cuando llegó a mi, me miró pensativo.
- ¿Ocurre algo Sr. Dempsey?- pregunté.
- Es solo que usted no estuvo presente los días en que leímos esta novela y estaría en desventaja respecto a los demás en esta prueba, que obviamente contará para nota.- me explicó.
- No se preocupe. Yo diría que son mis compañeros quines están en desventaja, no olvide que soy española, y como tal conozco bastante bien la obra de Cervantes.- dije soriendo.
- En tal caso, aquí tiene.- y acto seguido me entregó el examen.
Había sido facilísimo. Cualquier chico de mi antiguo instituto podría haberlo hecho relativamente bien, incluso aquellos que eran pésimos estudiantes. Supongo que es la ventaja de ser española.
Durante las siguientes horas hasta el almuerzo no pude hablar con Ben. En algunas horas, Alexi o sus amigos se sentaban a su lado, y en las que era yo quien estaba a su lado, no me dirigía la mirada, únicamente eventuales miradas tristes.
Mientras comía en silencio con Lucy y Abbie noté como alguien me observaba todo el tiempo. Me estaba poniendo nerviosa... Ni siquiera me giré para ver quien era, ¿qué haría si nuestras miradas se encontraban? En vez de eso me di prisa en terminar y salí con la excusa de ir al baño.
Todo el mundo estaba comiendo en la cafetería, de modo que no había nadie más en los pasillos. Sin embargo, escuché otros pasos además de los míos. Me apresuré hacia el servicio tanto como pude, pero los pasos también aceleraron su carrera. Cuando vi la puerta me lancé hacia ella, entrando como una exhalación.
Me sugeté al lavabo mientras recuperaba el aliento. Pero mi alivio no duró mucho tiempo. La puerta se abrió y alguien entró.
Mi perseguidor.
¿O debería decir perseguidora?
Quien me había seguido era Corinne. Y algo me decía que también era quien había estado observandome en la cafetería. Ella se acercó a mí con mirada decidida y me tomó por la muñeca. ¿Acaso iba a reclamarme por algo? Yo no me había acercado a Ben ni a ninguno de ellos, al menos no deliberadamente. Sin embargo ella me sorprendió.
- Escuchame con atención, no tengo mucho tiempo para contarte esto y conseguir que me creas. Pero siento que tengo que ayudar a Ben. Él no se merece lo que Alexi le está haciendo.- me dijo muy seria.
- ¿De qué estás hablando?
- Mira, nosotros cuatro no somos como el resto de estudiantes de esta escuela. Alexi y su hermano Brian llegaron nuevos hace un año.- no estaba muy segura si haber acertado con el nombre de Brian era bueno o no.- Por aquel entonces tanto Ben como yo sí que eramos como el resto de estudiantes, pero al poco tiempo el empezó a salir con Alexi y yo con Brian. Esa fue nuestra perdición. En la fiesta de fin de curso ocurrió algo... algo muy malo. Desde entonces Ben y yo pasamos a ser como Brian y Alexi. Él se rebeló, o trató de hacerlo, porque ella nunca se lo permitió. Él nunca le ha perdonado lo que le hizo. Yo, en cambio, decidí fingir que era su amiga y seguir saliendo con Brian para ahorrarme problemas como los que Ben está teniendo. Supongo que soy una cobarde.-dijo con una triste sonrisa.
-No te entiendo, ¿por qué me cuentas esto?
- Por qué tú eres la única en esta escuela que le planta cara a Alexi y se acerca a Ben, a quien ella considera de su propiedad. Te expones demasiado. Podrías salir muy mal si provocas un enfrentamiento de verdad con ella.- me advirtió.
-¿Y por qué tendria que creerte? ¿Tú eres su amiga?
- No lo soy. Solo lo aparento.- dijo soltando mi mano con furia.- Si te advierto es porque eres importante para Ben. En el pasado no lo ayudé cuando debí hacerlo, así que supongo que trato de redimirme.- nuevamente esa mirada triste.
- Pero, ¿de qué me adviertes exactamente?- estaba muy confusa.
- De lo nosotros, de lo que somos.
Tenía miedo de formular la siguiente pregunta en voz alta, pero aun así no me detuve.
-¿Qué sois?
- Vampiros.