jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 2


Así trascurrió el resto del día, con Ben y yo sentados juntos para todas las clases y hablando siempre que podíamos sobre como eran las cosas en este instituto, hasta la hora del almuerzo.
Ambos cogimos nuestras bandejas y nos pusimos a la cola para servirnos. Yo escogí una limonada y dos buenos trozos de pizza, ademas de una chocolatina, un pequeño capricho. El por contra escogió una coca-cola, un enorme bocadillo y una manzana. Cuando fuimos a la caja no me dejó pagar lo mío, pagando él en mi lugar.
- No tenías porque hacerlo.- protesté cuando nos dirigiamos a una mesa vacia algo alejada de las demás.
- Pero quería, siempre es un placer invitar a una señorita a comer, y me refiero a comer de verdad no como la mayoría que solo comen una pieza de fruta para no desmayarse...
- En serio, no tenías porque.- le repetí
En ese instante llegaron sus amigos y su novia. El chico llevaba en la bandeja otro bocadillo como el de Ben, pero las dos chicas llevaban solo una manzana. Al verlo no pude evitar una mirada de complicidad con Ben, que inmediatamente se puso a reir mientras yo me ponia colorada. Ellas sin saber de que iva la cosa se sentaron de mala gana a su lado mirandome como si fuera un gusano que saliera alguna de las manzanas que ivan a comerse. El chico, sin embargo, se sentó a mi lado y me miraba con curiosidad, como un niño pequeño observando algo que le parece el mayor misterio sintiendose divertido por ello.
- ¿Cuál es el chiste?- preguntó mientras seguía mirandome.
- Chicos os presento a Rebeca, es la alumna nueve, viene de España y estamos juntos en practicamente todas las asignaturas, nada raro si tenemos en cuenta que ambos queremos estudiar medicina el año próximo.- dijo evitando dar una respuesta a su autentica pregunta.
- Entonces seguro que se trata de una cerebrito andante que solo vive para los libros y la escuela.- intervino la chica morena mirando con malicia.
No pensaba quedarme callada, eso no iba con mi forma de ser, así que le devolví la pulla
- En realidad hago mucho más que leer y estudiar... aunque dudo que a ti te puedan interesar alguno de mis hobbis, dado que no son ir de compras ni jugar con maquillaje.
- Desde luego a ti no te interesa la moda ni el maquillaje, no hay más que verte... pareces sacada de una tienda de horrores.- saltó su amiga la rubia en su defensa.
- Bueno, siempre es mejor que parecer una cualquiera con faldas tan cortas y tanto maquillaje,- seguro que Ben no volvía a dirigirme la palabra despues de lo que le estaba diciendo a su novia y su amiga, pero no iba a quedarme callada, si algo había heredado de mi padre era su mal genio y una gran bocaza que no podía permanecer callada.-pero claro eso tiene solución.- añadí mientras me levantaba cogiendo mi botellín de limonada.
Pude ver como Ben veia mis intenciones pero no trataba de impedirmelo, simplemente se quedo sentado observando que sucedería a continuación. Yo por mi parte, vacié el contenido del botellín sobre sus cabezas con su pelo perfectamente peinado y sus rostros llenos de maquillaje. Ellas retrocediron un paso sorprendidas por lo que acababa de hacer y soltaron exclamaciones de sorpresa e indignación. No pude evitar sonreir mientras veia como su rimel se corría dibujando lineas y parches negros bajo sus ojos. Despues de eso cogí mi bandeja con mi pizza y mi chocolatina y me cambié a otra mesa.
- ¿Puedo sentarme con vosotros?.-pregunté a unos chicos que estaban mirando boquiabiertos lo que acababa de hacer, como toda la cafetería.
Ellos asintieron aun sin poder articular palabra, y yo me senté y comence a comer en silencio. Sin embargo aun no había terminado mi primer trozo de pizza cuando tuve que levantarme para comprar otro botellín de limonada para poder tragar los bocados que le daba a la pizza sin atragantarme.
- ¿Te importa?.- pregunté al chico que estaba a mi lado señalando mi bandeja.- Necesito comprar otra bebida.
- Descuida, ve.
Cuando volvía con otro botellín de limonada, una chica bajita y delgada se me acercó. Era una chica que nada más verla me dieron ganas de proteger, se la veia tan delicada y frágil... Tenía el pelo largo y ondulado de un rubio oscuro, y unos ojos verdes preciosos. Sus labios eran rosados y perfectos.
- Has estado impresionante.- me dijo con una voz cantarina
- No a sido para tanto, aunque estoy segura que me odiara toda la vida, bueno supongo que no he empezado mi primer día haciendo amigos precisamente...- leve risilla se me escapó al finalizar la frase.
- Oh! Vamos, con ese gesto te has ganado a más de la mitad de la escuela, esas dos son unas arpías que critican a todas por su forma de vestir y cosas por el estilo, aunque en vez de enfrentarlas, lo que hacen todas es tratar de imitarlas y procurar no ofenderlas nunca, como si asi fuesen a ganarse su aceptación...- dijo poniendo los ojos en blanco.
- Supongo.- entonces dirigí una mirada hacia la mesa en la que me había sentado, con mi comida esperadome.- ¿te importa que sigamos hablando mientras como? Tengo hambre.- añadí con una sonrisa
- Claro que no, vamos.- entonces mientras caminabamos hacia mi bandeja añadió:-Me gustas. Eres autentica, no como todas estas chicas de esta escuela. Aun no me he presentado, me llamo Lucy
-Yo soy Rebeca
-¡Ah! La chica española, todo el colegio estuvo hablando sobre ti durante los últimos días.- con esas palabras logró que me sonrojara.- Estas en el último curso, ¿no?
Como tenía la boca llena asentí con la cabeza.
- Yo también. ¿Qué clase tienes ahora?
- Gimnasia.- contesté después de tragar y consultar mi horario
- ¡Genial! Yo también.- definitivamente me gustaba esta chica, tan alegre y efusiva.
Y así, aunque no tenía a Ben para que me guiara por el instituto llegue al gimnasio siguiendo a Lucy, quién evitó que me perdiera. Después de cambiarnos salimos a la pista y el profesor nos puso a correr alrededor de esta para calentar. Tras hacer unos calentamientos anunció que dividiría la clase y echaríamos un partido de beisball. Ante esto, las chicas comenzaron a quejarse, lo que empezaba a ser ya un hábito. Sin embargo, a mi me gustaba hacer deporte, aunque en algunos en una pesima jugadora, en otros se me daban realmente bien. Supongo que el gusto por el esfuerzo físico también lo heredé de mi padre. Poseia buenos reflejos, gran flexibilidad, resistencia y mi fuerza era considerable siendo una chica, aunque obiamente contra un chico llevaría las de perder, pero no en una carrera de velocidad.
- ¡Eh! ¡Tú! ¡La chica española!- empezaba a hartarme de que todos me llamaran así.- ¿conoces las reglas?
-Si.- No había jugado mucho al beisball alli en Madrid pero conocía las normas a la perfección, y no se me daba nada mal.
-Bien, pues comencemos.- dijo tocando su silbato
Yo estaba en el mismo equipo que Lucy, la chica rubia y el chico moreno, los amigos de Ben. Pero él y la chica morena, su novia, estaban en el contrario. Ben ya había bateado y se encontraba en la segunda base, y ahora le tocaba batear a ella. Lucy estaba muy cerca mia, demasiado cerca.
Cuando la chica morena bateó, lo vi en sus ojos, lo hizo a posta. Su objetivo no era hacer un home-ran, sino golpearme con la pelota, pero la puntería le falló y la pelota no se digió hacia mí, sino hacia Lucy. Ella estaba preparada para atraparla, pero la bola iba demasiado rápida. Vi el miedo en sus ojos cuando lo comprendio, no podría atraparla, la golpearía. Le grité que se apartara, pero estaba paralizada mirando la bola. Vi a Ben corriendo hacia ella gritandole igual que yo, pero yo me encontraba más cerca y era lo bastante veloz para evitar lo que iva a pasar. Debía serlo.
Llegué hasta ella y la aparté de la trayectoria de la bola, pero no fui lo sufientemente rápida, y no pude a partarme. Traté de cubrirme, pero ni si quiera eso logré hacer antes de que la bola me golpeara.
Entonces sentí un tremendo golpe en la frente, a la vez que un líquido caliente descenciento por la misma. Después todo se volvió negro.
Cuando desperté estaba tumbada en una cama de sábanas blancas dentro de una habitación también blanca. No recordaba como había llegado hasta allí. Me dolía mucho la cabeza y cuando alcé mi mano para tocar allí donde me dolía encontré una venda que rodeaba mi frente. De pronto una mano retuvo la mia, no me había fijado que había alguien conmigo en la habitación.
- Don't touch your head.- me dijo el muchacho que retenía mi mano.
¿Me hablaba en inglés? ¿Por qué me hablaba en inglés? Entendía sus palabras, me decía que no me tocara la cabeza, pero me costaba trabajo concentrarme. Mi cabeza daba vueltas.
Entonces entró alguien más en la habitación, una muchacha joven, más o menos de mi edad que tenía los mismos ojos verdes que el muchacho, que aun tenía mi mano entre las suyas.
- How are you?.- me preguntó, también en inglés
La chica no entró sola, una mujer entró con ella, mi madre. ¿Qué hacía ella aquí? Y lo más importante, ¿dónde era aquí? Dios, esto era tan confuso...
- Cielo, ¿cómo te encuentras?.- al fin alguien me hablaba en español
- Yo... no sé... la cabeza me da vueltas y... ¿por qué me hablan todos en inglés? ¿quiénes son ellos?
-¿No recuerdas lo que ocurrió?.- se sorperndió. Yo negué con mi cabeza, levemente, ya que sentía que me iba a estallar.-Hija te hablan en inglés porque estamos en Estados Unidos, en Boston. Ellos son los hermanos Wagner, Benjamin y Lucy, los dos están contigo en clase de gimnasia. Durante esa clase una pelota iba a golpear a Lucy y tu la apartaste, pero no pudiste apartarte tú. Nos diste a todos un gran susto, el golpe te dejó incosciente y el chico te llevó a la enfermería, desde donde llamaron a una ambulacia nada más ver el estado en el que te encontrabas. A mi me llamaron desde el colegio diciendo que viniera aquí, que era donde te llevaban. Los dos hermanos te acompañaron en la ambulancia.
Les dirigí una mirada a los hermanos Wagner, que miraban concentrados a mi madre mientras hablaba en español, como tratando de entender lo que decía. Me concentré en la cara del chico, Benjamin. No. Ben. Eso es, Ben, sí lo recordaba, aunque vagamente. Después miré a la chica, Lucy. No lograba recordarla. Me dolía la cabeza, así que lo dejé. Suspiré
Ben aun tenía mi mano entre las suyas y yo no iba a retirarla, me gustaba esa sensación. Él me miraba fijamente, con preocupación en sus ojos. Mamá estaba hablando en inglés, no intenté entenderla, sabía que mi dolor de cabeza aumentaría pero imaginé que estaría contandoles que no recordaba nada de lo que habia pasado, que ni si quiera les recordaba a ellos, y que tenía la mente tan embotada que ni siquiera podía pensar en el inglés...
Vi que a Lucy no parecía gustarle la idea de que no la recordara, y tampoco a Ben, por la expresión de sus rostros, aunque en el de él había un sentimiento que se leía por encima de todos los demás, la preocupación.
En el trabajo le habían dado el resto del día libre a mi madre para que pudiera ocuparse de mí y los asuntos del hostipal. Los médicos dijeron que sufría amnesia temporal a causa del golpe. Los recuerdos que había perdido pertenecían a los últimos días, pero no tardarían en volver, aunque no podían asegurar con certeza cuando lo harían. Eso es algo que no se puede asegurar nunca. También dijeron que había tenido mucha suerte, si el golpe hubiera sido algo más fuerte o me hubiera alcanzado en alguna de las sienes, mi estancia en Boston habría sido increíblemente corta.
Ben y Lucy se marcharon sobre las seis cuando sus padres vinieron a recogerlos. Antes de irse se pasaron por mi habitación y me agradecieron lo que hice por Lucy. Sus padres eran muy simpáticos y agradables. Lucy era la viva imagen de su madre, solo que más joven y pequeña. La única diferencia entre ellas  era el color de los ojos: los de su madre eran azules mientras que los de Lucy eran como los de su padre, verdes. Su padre, que rondaría los cuarenta, tenía la misma constitución física que su hijo, alto y musculoso; y su pelo castaño lucía brillante y sano.
Aquí en America los jovenes conducen a partir de los dieciseis, pero Ben había dejado su coche en el instituto al acompañarme en la ambulancia. Por ello sus padres tuvieron que pasarse a recoger el coche allí y luego traerlo hasta el hospital, donde estábamos todos. De modo que aprovecharon la oportunidad para hacerme una visita, aunque de no haber sido posible esta habrían hallado otra ocasión para ello, según digeron.
Al final del día ya me encontraba en mi casa, descansando en mi cama. La verdad es que no me apetecía hacer nada más que tumbarme y relajarme hasta quedarme dormida, la cabeza aun me daba vueltas por el viaje en coche desde el hospital. Así que nada más entrar subí las escaleras hasta mi dormitorio y me tendí en la cama. Mi madre me subió la cena allí, junto con unos calmantes para el dolor de cabeza que me había recetado el médico. Cuando mi madre se llevó la bandeja me metí en la cama aun vestída y me dormí al instante. Seguro fue cosa de los calmantes.
A la mañana siguiente cuando desperté estaba sola en casa. Bajé a la cocina y encontré una nota de mi madre.
Cielo, he creido conveniente que hoy no asistieses a clase, que te convendría descansar, de modo que no te he despertado esta mañana temprano. Te he dejado los calmantes por si te duele la cabeza en el estante donde están las tazas del café. No hagas demasiados esfuerzos.
Besos
Mamá
Miré el reloj, ya eran las doce del mediodia. Había dormido más de doce horas, y la cabeza no me dolía, pero tenía la mente embotada por el sueño. También tenía hambre, así que cogí mi tazón de cereales y lo llené hasta arriba de mis cereales preferidos con chocolate y después le añadí toda la leche que admitió. Sin embargo el cartón de leche se me escapó de las manos en el último momento y llené mi ropa de leche al igual que el suelo.
Lo recogí todo con la fregona, mientras mis cereales se ablandaban en el tazón, y subí a cambiarme. No me apetecía desayunar mojada. Cogí una camiseta de tirantes blanca y un pantalón corto color salmón. Aunque los inviernos en Boston fueran muy fríos, la calefacción esta alta, de modo que no me preucupaba pillar un resfriado.
 Apenas me había llevado la cuchara a la boca cuando llamaron a la puerta. ¿Quién podría ser? A esta hora mi madre seguía en el trabajo y las otras únicas personas que conocía debían encontrarse en la escuela. Abrí la puerta con la cuchara en la boca y me quedé en el umbral mirando a aquel chico moreno que estaba frente a mi.
- Buenas, ¿Qué tal te encuentras?.- preguntó en inglés.
- Perdona, seguramente nos habremos conocido ayer en el instituto,- no aparentaba tener muchos más años que yo.- pero por el golpe en la cabeza no lo recuerdo.
- No importa,-dijo restandole importancia haciendo un gesto con la mano.- de todos modos ni siquiera nos presentaron adecuadamente. Ben lo intentó, pero las chicas parecían tener ganas de bronca...
Así que este chico era amigo de Ben. Bien, eso confirmaba que lo había conocido en la escuela, aunque no recordaba la pelea a la que se refería.
- Yo soy Rebeca
- Lo sé, todo el mundo en el instituto te conoce. Solo estuviste allí un día y ya eres famosa.- contestó consiguiendo que me sonrojara.- Yo soy Brian. Brian Campbell. Solo quería saber que tal te encontrabas y disculpar a mi hermana Alexi.
- ¿Alexi? ¿Disculparla?.- No sabía de que hablaba, obviamente era algo que había olvidado.
- Sí, ella fue quien bateó la pelota que te golpeó.- explicó ante mi falta de memoria.
-Ah, vale, de acuerdo. No importa, supongo que fue un accidente, además según me han contado la pelota no iba hacia mí, sino hacía la hermana de Ben, Lucy, ¿no?
- Sí, pero aun así fue a tí a quien golpeó. Además con Lucy ya se ha disculpado hoy en clase.
- Hablando de clase... ¿No deberías estar allí?- pregunté tratando de echarle de casa, aunque técnicamente aun seguíamos en el umbral de la puerta.
Me estaba quedado helada. Aunque la calefacción me permitiera vestir ropas de verano dentro de casa estando en invierno, esa ventaja no se aplicaba fuera de casa. Pero no era solo el aire frío que chocaba con mis piernas y brazos, la mirada de Brian también me hacía estremecer. No sabía por qué, pero no me gustaba ese chico. Había algo en su forma de recorrerme el cuerpo con sus ojos que me ponía nerviosa y hacía que imperara en mí el deseo de despedirle cuanto antes.
-Sí, bueno, supongo que debería volver antes que se acabe la hora del almuerzo o me ganaré un reporte.- comentó despreocupadamente con una sonrisa burlona en el rostro.
-Bueno, adios.-le contesté cerrando la puerta
Sin embargo no logré cerrarla del todo porque una mano fuerte me lo impidó. Miré con sorpresa a Brian, quién me miraba con una expresión que no sabía muy bien como encuadrarla. Su mirada era maliciosa, divertidad, peligrosa, atrevida. Todo a la vez
- He dicho que debería irme no que fuera a hacerlo.- dijo empujando la puerta y a mí con ella.-Vamos, no seas aguafiestas. Vamos a divertirnos un rato, estoy seguro que podemos pasar un rato bastante entretenido.
Retrocedí evitando que me agarrara, pero el avanzó a la vez. Ya estaba dento de la casa, con la puerta abierta detras de él.
- Fuera de mi casa, Brian.- le ordené tratando de sonar autoritaria, no asustada.
- Venga, no seas así.
Saltó sobre mí tratando de agarrame, pero yo fui más rápida y lo esquivé por los pelos. Corrí escaleras arriba tan rápido como fui capaz y me encerré en mi habitación. Atranqué la puerta con la mesa del escritorio y busqué mi movil desesperada. No estaba. Lo había dejado en la cocina. Maldita sea. Siempre lo llevaba encima, incluso cuando no lo necesitaba, y ahora que tenía una urgencia no lo llevaba conmigo.
Brian empujaba contra la puerta cada vez más fuerte. No tardaría en abrir la puerta lo suficiente como para poder entrar. Tenía que pensar rápido. Eche un rapido vistazo a mi habitación tratando de buscar una salida. La encontré. La ventana era mi salida. Apesar de estar demasiado alta como para saltar a través de ella, había un árbol que quedaba bastante cerca al que podría agarrarme y descencer por él. No lo pensé más y lo hice.
Salté al árbol y traté de descender con cuidado hasta el suelo. Sin embargo, una rama cedió bajo mi pié y caí desde una altura demasiado alta como para llegar abajo ilesa.