jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 14


Scott me dejó en mi casa para la hora de comer. Cuando llegué mamá ya tenía la comida preparada y la mesa puesta, solo me estaba esperando para empezar.
- ¿Hicisteis todas las compras?- preguntó.
-Sí,-contesté.- lo encargamos todo. El dependiente dijo que llamaría cuando estuviera listo el pedido.
- Mientras estabas fuera te llamaron por teléfono.
- ¿Quién?- pregunté
- Lucy, la hermana de Ben.
- Oh.- exclamé.
Claro que había llamado, seguramente quería preguntar sobre lo de esta mañana en la explanada. Había visto su cara allí, sorprendida y supe que tendría muchas preguntas que hacerme al respecto. Sin embargo, tenía el presentimiento de que no haría ningún reproche. Es decir, sé que le hacía ilusión que saliera con su hermano, pero también sabía que ella no me reprocharía nada. Al fin y al cabo las amigas están para apoyarse las unas a las otras, y Lucy había sido mi primera amiga aquí. Me entendería.
Además, tampoco había sucedido nada entre Scott y yo. Era cierto que él era un chico muy apuesto y que su actitud era encantadora, pero dudaba que pudiera existir entre nosotros algo tan intenso cómo lo que sentía por Ben. Quizas, en un futuro, aprenda a olvidarlo y pueda amar a otro y ese otro sería Scott, pero sería egoísta por mi parte pedirle que me esperara, un tiempo que no sabía cuanto duraría o si lo iba conseguir. Sería muy injusto para él esperar por algo que tal vez nunca llegue, que tal vez nunca pase de una buena amistad.
- De que terminemos de comer le devolveré la llamada.- le dije a mi madre.
Mientras comíamos le conté sobre la explanada y el TD Garden. Sabía que el estadio no despertaría interés en ella, pero sí lo haría la explanada. Y aunque así fue, lo que más le gustó de todo lo que le dije fue la sonrisa que iluminó mi cara al hablar de estos sitios, ver que a pesar del desengaño que había sufrido con Ben estaba sonriente, sin perder la alegría.
Creo que en el fondo estaba empezando a ver a Scott de buen modo. Cuando lo conoció en la noche no pareció caerle bien, pero ahora que veía como él conseguía hacerme sonreír debía haberse replanteado su primera impresión. Era probable que mi madre se estuviera haciendo unas ilusiones que yo ya había descartado.
Ayudé a mamá a recoger todo y luego con la cocina. Me estaba comportando como una hija modelo, una pena que en cuanto viera el desastre que es mi habitación esa imagen se caería a pedazos. Después cogí el teléfono y me lo llevé a mi habitación mientras marcaba el número de casa de Lucy.
- ¿Sí?- contestó la voz de Ben al tercer timbrazo.
No había planeado esto. No se me había ocurrido que quién podría contestar al teléfono podría ser Ben, pese a saber más que bien que eran hermanos, y como tales, vivían en misma casa. Me quede muda durante unos instantes, apoyada contra la puerta de mi habitación, sin saber muy bien que decir.
- ¿Hola?- volvió a insistir.- ¿Quién es?
- Hola,- pude contestar al fin, con voz tímida y grave.- ¿puede ponerse Lucy?
- Bec.- susurró en respuesta.- Yo siento mucho todo esto. Lo que menos quiero es lastimarte, yo…
- Ya es tarde para eso, Ben.- dije, mi voz ganando fuerza.- Confié en ti y salí mal parada de todo esto. Pero prefiero tener esta conversación cara a cara, no por teléfono, ahora pásame con Lucy. He llamado para hablar con ella, no contigo.
- De acuerdo,- suspiró.- nos vemos esta noche.
Cerré los ojos tratando de reponerme mientras escuchara como Ben llamaba a Lucy y le decía que yo estaba al teléfono y quería hablar con ella.
- ¿Bec?- preguntó ella.- Te llamé antes pero aun no habías vuelto, ¿te lo dijo tu madre?
- Sí, ella me lo dijo.- le contesté antes de ir al grano.-  Oye, Lucy, necesito hablar contigo sin que tu hermano se entere de lo que decimos,- cosa difícil con sus sentidos vampíricos.- ¿crees que podríamos quedar esta tarde?
- Claro.- respondió muy seria.- ¿Aviso a Abbie?
- Por supuesto, estaría bien que ella también se enterara.
- Entonces en cosa de una hora nos pasaremos a  por ti.
- Bien. Gracias, Lucy.
- No tienes por qué darlas. Nos vemos en un rato, hasta ahora.- se despidió.
- Adiós.- contesté antes de colgar el teléfono y ponerme a llorar.
Era una autentica llorona. Esto no podía seguir así, tenía que ser más fuerte. No podía darme el lujo de que esta noche cuando fuera a hablar con Ben me pusiera llorar como una magdalena delante de él. Más me valía descargar todas mis lágrimas ahora que no entonces. Debía ser más fuerte cuando llegara el momento.
Decidí que no quería llorar más por Ben, que no permitiría que me viera débil ante él, que jamás le dejaría volver a lastimarme. Con esa decisión me levanté del suelo, donde estaba tirada y me metí en el baño. Después de una ducha, minutos más tarde, salí del baño para vestirme.
Arreglé mi cabello dejándolo caer en unas ondas perfectas y lo recogí suavemente en una coleta baja a un lado, con un par de mechones sueltos. Enfundé mis piernas en unos pantalones de pitillo vaqueros y me puse una camiseta negra de manga al codo con escote, metida por dentro del pantalón, completando el conjunto con un cinturón marrón de remates calados, un fular estampado con aspecto arrugado, y unas botas de goma negras.
Con el móvil, las llaves y algo de dinero en el bolsillo, solo debía esperar unos pocos minutos hasta que llegaran Lucy y Abbie. Ese pensamiento acababa de pasar por mi mente cuando llamaron a la puerta. Ya estaban aquí.
Cogí mi abrigo y bajé las escaleras corriendo para no hacerlas esperar, y al llegar a bajo las encontré a ambas mirándome con expectación. Lucy ya había puesto al día a Abbie. Bien, eso me arroba tener que contarles todo, solo me quedaba explicarles.
Me despedí de mamá y salí por la puerta cogiéndolas a cada una de un brazo arrastrándolas conmigo. Caminamos varias calles sin fijarme en al dirección que tomábamos aun agarradas, yo guiándonos sin rumbo fijo, con el único pensamiento de salir de casa y alejarme de mi últimamente entrometida madre.
- Espera,- dijo Abbie.- ¿a dónde nos llevas?
- O mejor dicho,- intervino Lucy.- ¿a dónde nos arrastras?
Me detuve en seco en mitad de la calle, dándome cuenta de que tenían razón, no sabía a donde me dirigía.
- Donde sea.- contesté.- Decidid vosotras un lugar al que ir. Uno que sea tranquilo para hablar sin que nadie nos moleste o escuche.
- Vale, seguidme.- Abbie se puso a la cabeza.
Tras su guía recorrimos varias calles, desandando el tramo por el que las había arrastrado y andando otros tantos. Todo, hasta llegar a una vieja fábrica abandonada que aun se mantenía en buen estado. Y con “buen estado” me refiero a que no parecía que fuera a caerse de un momento a otro, para mí eso era suficiente.
- ¿La vieja fábrica?- se extrañó Lucy.- No podremos entrar, no tenemos las llaves de la verja.
- No te olvides de con quién estás hablando.- dijo con orgullo Abbie.- Puedo abrir cualquier puerta y este candado es de la prehistoria. Estaremos dentro en solo unos segundos.
Abbie sacó una orquilla de su cabeza y se afanó en el candado. Mientras tanto, observé el lugar. No parecía una construcción muy vieja, aunque por algún motivo habían dejado de usarla y con el paso del tiempo sin ningún tipo de manutención, se había deteriorado. Ahora, la fachada que antes habría sido blanca, lucía amarilla con manchas oscuras por la humedad, las ventanas no tenían cristales y las pocas que sí lo hacían, estaban rotas.
- Sé lo que estas pensando.- dijo Lucy notando mi escrutinio.- Era un fábrica de vidrios. La abrieron hace veinte años, pero a los dos años hubo un accidente y la pararon. Durante los cinco años siguientes trataron de volver a abrirla, sin embargo, una serie de sucesos extraños quitaron esa idea de la cabeza de los propietarios y los políticos. Así que desde hace trece años esta fábrica está oficialmente abandonada.
- Si buscas un lugar para íntimo para hablar… o algo más…- dijo pícaramente Abbie incorporándose.- este es tu lugar. Nunca bien nadie por aquí debido a esas leyendas. Si no temes esas leyendas, entra…- y dio un pequeño empujón a la verja abriéndola.
¿Leyendas? Hasta hace unos días habría pensado que eran solo eso, leyendas. Pero después de saber sobre los vampiros me preguntaba si todas las demás leyendas también eran ciertas o eran solamente cuentos para asustar a los niños.
De cualquier modo, me tragué mis preguntas y entré la primera en el recinto, caminando por la entrada hasta la puerta inexistente del edificio. Lucy y Abbie me seguían, la primera ligeramente asustada, como si creyera en esas leyendas, lo que me hacía preguntarme si sabía algo acerca de su hermano y sus amigos; y la segunda completamente tranquila y fresca, obviamente no creía en nada de eso.
- Aquí está bien.- les dije al poco de rebasar la puerta.- Aquí podremos hablar tranquilas.- lejos de los oídos sobrenaturales de Ben y de las interrupciones, añadí internamente.
- Entonces habla.- me sonrió Abby.- Te escuchamos.
- ¿Es sobre lo de esta mañana?- aventuró Lucy.
- ¿Qué es lo de esta mañana?- preguntó Abby antes de que tuviera tiempo de contestar.
- Que salí con mi hermano a dar un paseo en bicicleta y la vimos con Scott, el capitán del equipo masculino de hockey, patinando por la Explanada.
- Eso no tiene nada de malo.
- No, pero cuando los vimos estaban sentados en un banco y, como decirlo… ¿un poco acaramelados?
Abby abrió sus ojos hasta lo imposible y me miró sorprendida.
- Yo…- abrió la boca para hablar.- Quiero decir… Ben… Scott… Bueno, creí que aun…- dejó la frase incompleta después de varios intentos.
- Por eso es por lo que quería hablar con vosotras.- les dije.- Entre Scott y yo no hay nada. Para mí solo es un gran amigo que me está ayudando a integrarme en el equipo.
- Sí, para ti es un amigo,- comentó Lucy.- pero, ¿te has planteado lo que significas para él?
Bajé la mirada, incapaz de admitir que había notado como él se mostraba más interesado que lo que se mostraría un amigo. No podía negar las veces que habíamos estado a punto de besarnos y los momentos íntimos que habíamos tenido con apenas conocernos. Ellas entendieron el mensaje, ya que sus rostros así lo reflejaban. El de Abby era la viva imagen de la compresión, y el de Lucy era una mezcla de triunfo y decepción.
- ¿Y qué hay de Ben?- preguntó Lucy tímidamente.- ¿Existe alguna posibilidad de que os reconciliéis?
- No lo sé.- dije honestamente.- Lo que hizo… me dolió mucho.- sacudí la cabeza frenéticamente.- Aun me duele mucho, y no sé que pasará. Quiero decir, lo amo, como nunca he amado a nadie y por ese motivo, si él vuelve a mí, es probable que lo acepte sin pensarlo; pero dudo que alguna vez olvide lo que me ha hecho.
Lucy y Abbie asintieron en silencio a mis palabras, con sus cabezas cabizbajas. La primera, en un obvio conflicto de intereses al tratarse de la hermana de Ben y mi amiga; la segunda, comprendiendo mi posición y la de Lucy.
Entonces capté un rápido movimiento a sus espaldas, pero cuando miré hacia allí no había nada fuera de lo común. Antes de conocer a Ben y Corinne y saber de sobre los vampiros, posiblemente había supuesto que se trataba de mi imaginación jugándome una mala pasada, incentivada por las historias y rumores que corrían sobre el edificio. Sin embargo, ahora sabía que el mundo existían cosas que prefería no tener que enfrentar, por lo que reprimiendo un escalofrío insistí a mis amigas a salir de allí.
- Ya hemos dicho lo más importante.- les dije.- ¿Qué tal si nos vamos a dar una vuelta por ahí?
- Yo aun tengo algunas preguntas…- dijo Abbie.
-  No importa, vayámonos de aquí.
- Pero… creí que querías un lugar donde nadie pudiera escuchar.- dudó Abbie.
- Este sitio me da escalofríos,- insistí.- Vámonos.
- Es bastante tétrico.- corroboró Lucy.
- Venid a mi casa.- salté de pronto.- Tenemos planes que hacer para esta noche.
- ¿Esta noche?- preguntaron a la vez.
- Sí, Ben me ha pedido que nos encontremos esta noche en el As te Trébol para aclarar las cosas.
- ¿Y te reunirás con él?- Lucy se animó ligeramente.
- Lo siento.- me disculpé con expresión torturada.- Como dije antes, ha pasado muchas cosas y no se solucionará con una simple charla. Pero iré, hablaremos y le demostraré todo lo que se ha perdido.
- Justo como una mujer luchadora.- murmuró Abbie.
- ¿Qué?
- Dije que acabas de sonar como una chica guerrera. Estás dolida con él por lo que te ha hecho, y tienes motivos, pero no renuncias a él. Le darás tu mejor imagen para que se arrepienta de sus actos, haciéndole sufrir y justo cuando decidas que ya ha tenido bastante como castigo, comenzarás a darle otra oportunidad.
- Tal vez.- admití con una sonrisa traviesa.- Pero salgamos ya de aquí.
Y así fuimos a mi casa, a preparar todo para esta noche. Tenía que ser perfecta, para que Ben cayera de lleno a mis pies, viendo todo lo que había perdido sin saber si lo recuperaría.