jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 13


Cuando volvimos al coche después de tan exquisito desayuno, que se le va a hacer, soy una golosa, Scott aun iba riéndose de mi reacción al ver los churros con chocolate. Me explicó que ese local lo llevaba una familia. El padre era un francés que había venido aquí en un viaje de estudios y que se enamoró de la que ahora era su mujer. Juntos habían montado el restaurante, mientras él se encargaba de atender a las mesas, ella se ocupaba de la cocina. Al cabo de unos años de llevar el negocio se les ocurrió la idea de incluir platos franceses en el menú y más adelante otras recetas de otros países. Con el tiempo también llegaron otros cambios, como el tener una hija que pasó a ocuparse de las mesas relegando a su padre a atender la barra.
Debía reconocer que la cocinera era estupenda, me había sorprendido mucho ver los churros con chocolate, pero aun más al comprobar que su sabor era excelente. Eran incluso mejores que algunos de los que había probado en ciertos locales de España. No había ninguna duda de que la mujer tenía una mano increíble para la cocina, me moría por probar más de sus platos…
- Ya hemos llegado.- Scott interrumpió mis pensamientos.- Deja de soñar despierta, tenemos cosas que hacer.- rió.
Bajamos del coche para entrar en una tienda de deportes normal y corriente. Tenía el aspecto que esperarías de una tienda donde encontrar ropa y calzado deportivos y numerosos complementos: maletas, bolsas, pelotas de fútbol, de baloncesto, de rugby, de balonmano, de voley, de tenis, raquetas, stick… de todo. El dependiente era un hombre de unos cuarenta años y se notaba que practicaba algún deporte. Eso estaba bien, un hombre que sabía lo que vendía. Y obviamente también conocía muy bien a Scott.
- Hola Scott.- estrechó su mano.- ¿Qué te trae por aquí? Tienes que ver los nuevos patines que han traído esta semana, son realmente alucinantes. No los he probado, ya me gustaría, pero estoy seguro que con ellos se podrán hacer los giros y saltos con mayor agilidad y limpieza.
- Estoy deseando que me los enseñes, Jonny.- contestó.- Pero no es eso por lo que estoy aquí. Te presento a Bec, la nueva integrante del equipo femenino de la escuela y su capitana.- me señaló.- Ese es verdadero motivo por el que hemos venido: necesitamos comprar su equipación.
- Un completo entonces, ¿no?- salió de detrás del mostrador.- Te mostraré unos buenos patines de competición. ¿Qué número tienes?- me preguntó.
- En realidad ya tengo los patines y el stick,- le dije.- pero todo lo demás sí que lo necesitaré.
- En ese caso, acompáñame.
Jonny me llevó hasta la parte de atrás de la tienda donde me pasó una equipación para que me la probara a ver que tal me quedaba. Cuando dimos con la talla que me quedaba perfecta, ajustada pero sin restringir ningún tipo de movimiento, él la apartó de las demás para poder ordenar todo lo necesario.
- ¿Que nombre tenemos que grabar en la camiseta? ¿Y el número?- preguntó ya de vuelta en su mostrador anotando todo en un papel
- Su apellido, Torres, y el número será el diez.- contestó Scott.
- Bien, creo que eso es todo. Llamaré para avisar cuando esté listo para recogerlo.
- Que no tarde mucho. Sabes que el campeonato empieza dentro de unas semanas.- dijo mientras caminaba hacia la puerta arrascándome con él.- Nos vemos, Jonny.
- Adiós.- alcancé a decir antes de que me sacara de la tienda.- Oye, no tienes que arrastrarme así.- le reproche ya fuera.- Se caminar por mí misma.
- Ya, pero aunque Jonny es un buen tipo si nos quedáramos más tiempo empezaría a hablar sobre las nuevas cosas que han salido al mercado y las que ya tiene en la tienda.- explicó.- Y quiero que vayamos a un sitio antes de que sea la hora de comer.
- Ese sitio al que quieres ir, ¿no será un parque de skate por casualidad?- traté de adivinar.
- No.- sonrió con malicia.- Iremos a otro sitio.
- ¿Dónde?- pregunté curiosa.
- No te lo voy a decir, ya te dije que era una sorpresa.- dijo mientras entrábamos al coche.- lo verás cuando lleguemos.
- Parece que en el día de hoy me darás muchas sorpresas. Primero el desayuno y ahora esto, espero que las que sigan, en caso de que así sea, sean agradables.
- Te aseguro que todas mis sorpresas lo serán.- prometió muy seguro de sí mismo.
- No prometas cosas que sabes si podrás cumplir.- susurré, pero él no pareció escucharme por encima del ruido del motor.
Codujo manteniendo una velocidad responsable, sin hacer maniobras bruscas ni apartar la vista de la carretera, actuando como un conductor responsable. Fue en dirección a Cambridge, ahí fue donde comprendí a donde me llevaba: al río Charles. Un río que separaba ambos municipios. Había oído de la existencia de la Explanada del Río Charles, un lugar en el que poder caminar tranquilamente, montar en bicicleta, hacer footing, patinar, sentarte a leer, etc. En definitiva un lugar precioso, especialmente en los días de verano o primavera.
Cuando Scott detuvo el coche supe que esta vez no me había equivocado en mi suposición. Realmente me había traído a la Explanada del Río Charles. Bajé del coche aun sin salir de mi asombro, mirando fascinada a mi alrededor.
- Sabía que te encantaría.- dijo él detrás de mí.
- ¿Cómo no me iba a encantar un sitio así?
- ¿Quieres que lo recorramos patinando?
- Por supuesto.- exclamé dirigiéndome a al maletero de su coche.
Scott lo abrió y sacó de su interior mi maleta con mis patines y la suya con los suyos. Ambos, apoyados en el coche, empezamos a sacarnos las zapatillas y a ponernos los patines, junto con las rodilleras, las coderas y el casco. Debíamos tener cuidado cuando el campeonato estaba a la vuelta de la esquina y no lesionarnos. Estaba segura que si Scott se lesionaba sería un duro golpe para el equipo y el entrenador, al fin y al cabo era el capitán y el mejor jugador de su equipo, pero podrían seguir jugando al contar con Dan; pero si yo me lesionaba estábamos fuera del campeonato, y si eso sucedía las chicas me matarían.
- ¿Lista?- yo asentí.- Sígueme.
No esperó nada más. Solo dijo eso y salió disparado, patinando a toda velocidad, esquivando a corredores, ciclistas y los numerosos viandantes que circulaban por el lugar. A tan solo un par de metros lo seguía yo, permaneciendo detrás de él, dejándome guiar por un sitio que no conocía, pero sin permitirle dejarme atrás demostrando mi velocidad y potencia, haciendo gala también de mis reflejos evitando chocar con nadie ni nada.
Patinamos así, yo persiguiéndolo a él, durante varios minutos en los que no parecía dirigirse a ningún lugar en concreto, simplemente dando círculos en nuestro recorrido. Viendo que estaba jugando conmigo aceleré, moviendo mis piernas más rápido, con más potencia, con más agilidad, hasta que lo adelanté y cambié el juego. Ahora era él quien me perseguía a mí.
Unos instantes después noté como el ralentizaba su paso e hice lo propio. Girándome para quedar frente a él, mirándolo, pidiendo una explicación con la mirada.
- ¿Ya te has cansado?- medio le grité por la distancia.
- No quiero seguir jugando al gato y al ratón.- contestó avanzando hasta mí.- Pero no estoy cansado, ni mucho menos. Soy un deportista,- hinchó su pecho con teatralizado orgullo.- puedo aguantar mucho más que eso.
No pude evitar reír ante sus payasadas. Él, al verme reír como hacía tiempo que no lo hacía, se unió a mis risas mientras me pasaba un brazo por los hombros y me guiaba hasta un banco para sentarnos a descansar y seguir bromeando.
- Tienes una risa hermosa.- dijo cuando paramos de reír.- Quiero escucharla siempre.
- Con todas las tonterías que haces y dices eso no será problema.- me salí por la tangente volviendo la cabeza al notar cómo mis mejillas se sonrosaban.- ¿Qué es ese lugar de allí?- señalé.
Al girar la cabeza mi vista se había dirigido a una estructura que no sabía bien como definir. Se trataba de un arco gigante que delimitaba un espacio cubierto formando una especie de semi-cúpula ovalada, con el suelo elevado y con una pared escalonada hacia los lados a modo de adorno delante pero sin entorpecer la visión.
- Oh, eso. El Music Oval (el ovalo musical). Allí se dan a menudo conciertos, pero para pillar un buen sitio hay que venir con tiempo. Te sorprendería lo mucho que se llena todo esto.
- Me gustaría venir a un concierto aquí.- susurré más para mí misma que para Scott.
- Me enteraré.-sonrió.- Cuando sea el próximo podremos venir si tantas ganas tienes.
- Eso sería genial, estoy segura que mis amigas Lucy y Abbie querrán venir también.
Su sonrisa vaciló un poco con mis palabras. Supuse que estaría confundido. Después de lo que casi pasa entre nosotros la noche anterior quizás esperaba encontrarme con otra actitud menos evasiva. Sin embargo, él ya había intentado volver a crear esa atmósfera, no romántica, sino más bien íntima entre nosotros dos veces y ambas había logrado saltear el tema.
Aparté mi mirada sintiéndome culpable, aunque no sabía muy bien de qué. Scott era un chico fantástico que no se merecía que lo utilizara para olvidar a otro, para olvidar a Ben. Él se merecía alguien que lo amara de verdad, que lo viera por encima de cualquier otro chico, que se entregara totalmente a él sin guardar un trocito de su corazón para otro, sin reservas, alguien no se cuestionara si hacía lo correcto o no al salir con él porque no tendría ninguna duda respecto a lo que sentía, porque los amaba con total intensidad y jamás se plantearía nada de esto, jamás sentiría culpa por estar con él.
Pero Scott no me haría las cosas fáciles, no parecía dispuesto a desistir. Puso su mano sobre mi pierna y mi mirada se clavó ella. Con la otra mano cogió mi barbilla para hacerme levantar la cabeza y enfrentar su mirada. Una mirada cargada de sentimiento e intensidad que me abrumaba, no podía soportarlo. Quise apartarme, levantarme y patinar lo suficiente deprisa como para que él no pudiera alcanzarme.
Sin embargo, no hice nada de eso. No porque yo no quisiera, no porque él me lo impidiera. No. Fue por Ben. Sí, él estaba allí. Se acercó a nosotros montado en su bicicleta sin que nos diéramos cuenta hasta que se detuvo justo delante de nosotros. Frenó apoyando el pie en el suelo para mantener el equilibrio y se quedó mirándonos. Más concretamente mirando la mano de Scott sobre mi pierna y la otra en mi cara. Por un instante me pareció ver como se reflejaba en sus ojos un temor desconocido para mí, el dolor por una traición inexistente y los celos. Pero no podían ser reales, nada de eso podía ser cierto cuando él estaba saliendo con Alexi, cuando me había dejado y humillado para volver con ella.
Scott le dedicó una mirada cargada de odio y resentimiento, una mirada fría que me heló en lo más profundo de mi ser, aunque dudaba que surtiera algún efecto en un ser tan frío como Ben. Este levantó la mirada, ya libre de todo lo que me había parecido ver durante los primeros segundos, y se la sostuvo a Scott, en un reto silencioso entre ellos.
Detrás de él venía su hermana Lucy, también en bicicleta, que paró en seco mirándonos con la boca abierta y una clara expresión de sorpresa e incredulidad en su rostro. Entonces caí en la cuenta de que a pesar de habar pasado varios segundos desde que Ben se paró frente a nosotros, Scott aun tenía sus manos sobre mí sin que él hiciera nada por retirarlas ni yo por apartarme.
Como si su contacto me quemara la piel me aparté de él, clavando la vista en el suelo sintiéndome incapaz de enfrentar a ninguno de los tres. A Ben porque seguía amándolo después de todo y no quería ilusionarme tontamente otra vez; a Lucy por ser su hermana y mi mejor amiga, quién seguramente estaría preguntándose infinidad de cosas en su cabeza; y a Scott por una extraña mezcla de vergüenza y culpa.
Sintiéndome torpe me levanté del banco y comencé a patinar en la dirección de la que habían venido Ben y Lucy, notando como mis movimientos se agilizaban conforme me iba apartando de ellos. Patiné incrementando mi velocidad hasta sentir mis músculos arder por la intensidad del ejercicio, pero no me detuve, seguí patinando. Sentía la urgente necesidad de poner distancia entre ellos y yo para poder sentir alivio en mi corazón, el cual notaba tan oprimido que dolía; para liberar mi mente de los innumerables pensamientos de culpa que invadían mi cabeza; para liberar las lágrimas que se desbordaban de mis ojos haciéndolos picar y dificultándome la visión.
Mi visión estaba tan enturbiada que no vi cómo otro patinador venía de frente hacia mí y choqué de lleno con él. Esperé por el duro golpe con el suelo pero no sucedió así. El otro patinador me abrazó en el instante del choque y me sostuvo contra su cuerpo evitando que cayera hacia atrás por la fuerza del impacto, lo más normal con la velocidad a la que iba. Sin embargo, el patinador me sostuvo y permaneció así aun cuando la impresión por haberlo atropellado pasó, con una mano sobre mi espalda y la otra acariciando mi cabeza, colocando los pelos sueltos detrás de mi oreja.
- Tranquila.- susurró en oído una voz que conocía muy bien.- Todo está bien, o al menos lo estará.
Me aparté levemente de él, solo lo suficiente para poder alzar la mirada hasta su rostro. El rostro de Scott.
- ¿Cómo…?
- Conozco esto mucho mejor que tú.- me interrumpió.- Sé a donde lleva cada camino y como atajarlos.
- Entonces dime como salir de aquí sin que volvamos a encontrarnos con ellos.- logré decir entre lágrimas.
- Ven conmigo, te llevaré a un sitio que amarás.
Me cogió de la mano con fuerza, como si tratara de pasarme algo de su confianza, y guió fuera de allí. Donde quiera que fuera donde me llevaba, no debiera estar muy lejos, ya que dejó el coche donde estaba y fuimos patinando.
Recorrimos un par de calles hasta que se detuvo delante de un edificio. Pero no un edificio cualquiera. Se trataba ni más ni menos que del Boston Garden, o como era llamado ahora, el TD Garden, el famoso estadio cubierto en el que se celebraban principalmente los partidos de la NBA, liga de baloncesto, y la NHL, liga de hockey, además de servir para otros eventos como shows sobre hielo, circos, conciertos y otros eventos privados como seminarios de ventas y marketing, cenas benéficas, recepciones, etc.
Me sorprendió tanto la visión del edificio que sin darme cuenta detuve mis lágrimas para poder admirarlo. Scott me dejó tiempo suficiente, durante el que permaneció en silencio, para que me tranquilizara mientras contemplaba el TD Garden.
- ¿Estás mejor?- preguntó al cabo de unos minutos.
- Supongo.- me encogí de hombros y después volví la cabeza para mirarle.- Scott, ¿podrías hacerme un favor?
- Dime.
- Esta noche.- dije.- Quiero que avises a todos para salir. Quiero que vayamos al As de Trébol.
- Está bien,-asintió.- pero no entiendo a qué viene eso ahora.
- Solo que tengo algo que hacer y me acabo de acordar.
Pero en verdad lo que acababa de hace había sido tomar una decisión. No podía estar evitando a Ben toda la vida, debía hacerle frente, poner fin a todo esto. Y solo había una manera de lograrlo: Yendo a esa cita esta noche a las doce en el As de Trébol.