jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 12


Las luces del garaje se encendieron de golpe interrumpiendo lo que fuera a pasar entre Scott y yo.
- ¿Rebeca?- preguntó mi madre en español desde la puerta.- Sabía que ya habías llegado, te escuché cuando entraste al garaje.- su mirada se detuvo en nosotros dos, sentados en el suelo con las cosas de la caja fuera de ella.- ¿Quién es este chico? ¿Un miembro del equipo?- preguntó sin cambiar al inglés.
- Mamá, este es Scott, el capitán de equipo masculino de hockey.- lo presenté, ya sí en inglés.- le estaba mostrando algunas cosas. Mañana sábado me acompañará a comprar las cosas del equipo, Estábamos viendo si valía algo de cuando jugaba en España, pero creo que no me valen ni las protecciones del último año, solo los patines.
- Encantado de conocerla, señora.- saludó Scott educadamente.
- Bueno, realmente no nos conocemos aun.- dijo mi madre, y cambiando al español añadió saliendo por la puerta.- Si tenéis cosas que hacer mañana mejor no te acuestes muy tarde.
- Tu madre y tú tenéis el mismo carácter.- comentó Scott.
- ¡Oh! Tú no la conoces, su carácter es mil veces peor que el mío.
- Bueno, tu madre tiene razón, mañana tendremos que levantarnos temprano, mejor te dejo que descanses.
- ¿Entiendes el español?- me sorprendió.
- De pequeño viajaba mucho con mis padres y algunas veces con mis tios. Hablo perfectamente el inglés y el español, me manejo con el francés, el portugués, parecidos al español, y el alemán. Luego entiendo un poco de japonés, pero no gran cosa.
- Vaya quién lo iba a decir, un chico que además de ser bueno en el deporte es un cerebrito.
- No soy ningún cerebrito.- rió.- Solo sé idiomas por eso viajes, pero no soy gran cosa como estudiante, digamos que soy del montón. Pero sí hay un que se le da bien el deporte y es un cerebrito. Te hablo de Dan.
- ¿Dan?
- Sip. Es muy bueno en el hockey a pesar de estar de suplente, y no creo que haya otro con un expediente mejor que el suyo. Lleva sobresaliente en todas las asignaturas, aunque lo que más le gusta es la informática, en eso creo que sabe más que el profesor.
Reí con él mientras lo acompañaba a la puerta del garaje para despedirlo.
- En fin.- suspiré.- Nos vemos mañana entonces, ¿no?
- Si, te recogeré a las 9, así que no desayunes. Yo invito.
Tras decir eso se montó en su coche y se largó de allí a gran velocidad. Ya que no iba nadie con él que le obligara a disminuir la velocidad podía correr tanto como quisiera.
- Ese chico no conducirá así cuando tú estás en el coche con él, ¿no?- dijo mi madre a mi espalda sobresaltándome.
- ¡Mamá! Creí que ya estarías acostada.
- Estaba esperándote en el salón. Y cuando te oí vine a ve que hacías a estas horas en el garaje. Lo último que esperaba era encontrarte con otro chico, sobretodo teniendo en cuenta que tu novio es otro.
- No estaba haciendo nada malo con Scott,- me defendí.- ya te expliqué que estábamos viendo las cosas de hockey de cuando jugaba en España.
- ¿Seguro?
- ¡Ay, mamá! Déjalo ya, ¿Cuántas veces te lo tengo que explicar? Además, no es como si Ben y yo estuviéramos juntos o algo así.
- ¿No estais juntos? Yo creí que…- su voz se apagó.
Yo también creí que entre él y yo había algo, pero obviamente el sentimiento solo existía por mi parte, por la suya nunca hubo nada, quizá solo agradecimiento por lo de su hermana, pero nada más. Sin embargo, no podía decirle nada de esto a mi madre. Era muy difícil de explicar, especialmente la parte sobre Ben siendo un vampiro y todo lo que ello conllevaba.
Subí a mi cuarto para cambiarme y acostarme. Lo único que quería era tirarme en la cama, olvidar lo que casi pasa en Scott y yo, olvidar lo que pasó entre Ben y yo, y dormir. Dormir por toda la noche. Pero ni noche aun no acababa.
Sobre mi cama encontré una nota garabateada deprisa con la letra de Ben. El papel para la nota había sido arrancada de una de mis libretas que estaba sobre el escritorio junto con un bolígrafo aun sin tapar.
Ben había estado aquí, en mi habitación.
Abría la nota, llena de curiosidad, preguntándome que podría querer decirme después de todo lo que había hecho.
Bec,
Sé que lo que has visto esta mañana te ha debido lastimar mucho, pero no me ha quedado otra opción. Te debo una explicación. Mientras estemos en el instituto debo seguir fingiendo ser el novio de Alexi, pero te juro que no siento nada por ella. Tú eres la única que realmente me interesa.
Encuéntrame mañana en la noche a las 12 en el As de Trébol. Se que ya conoces el lugar.
Te amo, aunque no lo creas.
La nota de Ben me dejó sin palabras. No sabía que pensar. Quería creerle, quería creer que todo tenía una explicación, pero sonaba tan falso y penoso que no sabía que hacer. Lo que sentía por el era tan fuerte que seguramente terminaría yendo a esa cita, por mucho que me prometiera que no lo haría.
Algo en mi me dijo que bien podría ser una trampa. Que tal como había dicho Corinne que hubiera planeado matarme y esa podría ser la perfecta ocasión para hacerlo. Una chica que sale a divertirse con unos amigos y que desaparece de pronto, apareciendo horas o días más tarde, muerta.
Un buen plan. Cualquiera pensaría que había sido algún borracho que estuviera fuera, que hubiera intentado propasarse conmigo y que al no conseguir lo que quería hubiera terminado matándome. Nadie pensaría que el verdadero culpable era un chico de buena familia, estudioso, inteligente y guapo y que además salía con la chica más ardiente de la escuela.
Pero, ¡¿qué estaba pensando?! Ben no podía se un asesino. Era cierto que se había portado fatal conmigo, usándome de esa manera y luego tirándome a la basura como si nada. Pero eso no significaba que fuera un asesino. No podía serlo. Eso me devastaría. Yo lo amaba y sería capaz de hacer cualquier cosa por él, pero jamás podría soportar algo así. No podía creer que había confiado tanto en una persona que me había mentido y utilizado de esa manera y que además resultase ser un asesino.
Dejé de pensar en ello y me tiré a la cama aun vestida, tratando de olvidarme de todo. Mañana sería un nuevo día y posiblemente viera las cosas de otra manera, con más sentido.
Esa noche no dormí bien. Habían pasado demasiadas cosas como para hacerlo. Lo que Corinne me había contado, ver a Ben besándose con Alexi, mi entrada al equipo de hockey, la extraña actitud de Scott y lo que casi pasa entre nosotros y por último la nota de Ben.
Demasiado como para dormir tranquilamente. Mi sueño fue intranquilo y desperté varias veces en la noche. Cuando dieron las siete ya no pude aguantar más tiempo en la cama, despierta y dando vueltas, así que me levanté y me metí en la bañera tratando de relajarme en el agua caliente.
Scott vendría a recogerme en unas horas y solo tenía que vestirme, ya que dijo que desayunaríamos fuera. Las cosas con Scott estaban tomando un cariz que no me gustaba mucho. Para mí era un amigo, uno de los de verdad, que no temen decirte la verdad y que están ahí para recoger los pedazos rotos para juntarlos después de las duras verdades. Lo conocía de la tarde anterior, pero ya había demostrado ser así.
Y era muy guapo además. Tal vez con algo de tiempo podría considerarlo algo más que un amigo, tal vez podría ayudarme a superar lo de Ben, pero sería muy injusto para él y egoísta de mi parte. ¿Qué pasaría si no funcionaba? ¿Y si se hacía ilusiones al respecto? No quería que sufriera, cómo lo estaba haciendo yo.
Salí de la bañera y me vestí con unos vaqueros y una camisa a cuadros en tonos azules sobre una camiseta negra y me calcé las zapatillas negras. Recogí mi rebelde cabello en una cola alta dejando un mechón suelto y ya estaba lista. Solo me faltaba coger dinero, las llaves y el móvil. Todo en los bolsillos, no era gran fan de los bolsos, solo los usaba cuando no me quedaba más remedio. Me puse a ordenar un podo mientras esperaba, para no deseperarme.
Había estado tanto medio sumergida en el agua que para cuando terminé de ordenar mi habitación llegó Scott.
- ¿Estas lista?- dijo nada más verme.
- Hola a ti también, y sí, estoy lista.
- Lo siento,- se disculpó entre risas.- hola. Te he preparado una sorpresa para más tarde, así que coge tus patines y échalos al maletero.
- ¿Los patines? Creí que ibamos de compras.
- Y así es, pero ya te he dicho que te he preparado una sorpresa para después.
Hice lo que me pidió y metí mi maleta con los patines en el maletero de su coche antes de subir y marcharnos. Mamá aun estaba acostada, adoraba levantarse tarde siempre que podía, así que le dejé una nota diciendo que me iba y que volvería para la hora de comer.
- ¿Qué te apetece desayunar?- preguntó con una sonrisa en su cara.
- La verdad me gustaría unos churros con chocolate, pero aquí serán difíciles de encontrar por no decir imposibles, así que… ¡sorpréndeme!- le dije con otra sonrisa.
- Entonces te sorprenderé. Ya sé te llevaré a mi sitio favorito. Allí preparan los mejores desayunos de todo Boston.
Condujo hasta un sitio algo destartalado, con el cartel del nombre del local prácticamente borrado por lo que no pude leer como se llamaba el sitio. Dentro no había mucha gente, solo un par de mesas estaban llenas y eran gente mayor. Tal vez fuera por ser sábado tan temprano o tal vez que el lugar no era nada del otro mundo.
- Que no te engañen las apariencias.- dijo Scott al ver mi expresión.- Ya verás como no has probado nada igual.
Nos sentamos en una mesa y enseguida se acercó una camera a tomarnos el pedido. Era una chica joven, apenas unos años mayor que nosotros.
- Hola Scott.- lo saludó.- Veo que hoy bienes acompañado
- Sí, bueno, ya era hora de compartir los ricos dulces de tu madre con otros, ¿no?
Se notaba que él era un cliente asiduo de este sitio y que conocía bastante bien a la camarera y a la cocinera. Tenían una buena relación entre ellos, tal como se veía por sus risas.
- Bien, ¿y qué vais a tomar?- me miró a mi también.- ¿A ti te pongo lo de siempre? ¿O vas a querer la receta nueva de mamá?
- No, hoy no.- le hizo un gesto con el dedo para que se acercara más y le susurró algo al oído.
Ella puso una cara sorprendida, pero se recompuso rápidamente y sonrió de una manera pícara. Después de eso, se fue deprisa a la cocina para dar a su madre el encargo. ¿Qué se traía Scott entre manos? No sabía si me iba a gustar su sorpresa…
- ¿Qué le has dicho?- pregunté curiosa.
- Ya lo veras.- contestó con una sonrisa de autosuficiencia en el rostro.- Querías que te sorprendiera, ¿no?
- Ya no estoy segura de lo que quiero.
- Créeme, te gustará. Y mientras esperamos te cuento sobre el equipo.
- Está bien.- me resigné.- ¿Qué tienes que decirme?
- Bueno, el entrenador me dijo que tú llevarías el número diez.- dijo.- En hockey no tenemos números importantes, pero sí los hay en fútbol, y el diez es el más importante.
- ¿Algo más?
- También te he traído esto.- me tendió una llave.
- Gracias.- la recogí.- ¿Qué es?
- Una llave.
-Muy gracioso. Me refería a qué abre esta llave.- la agité ligeramente.
- Es la llave de tu taquilla del gimnasio.- contestó.- Los estudiantes tenemos una taquilla en el colegio para los libros y lo que queramos meter, pero los que estamos en los equipos tenemos otra taquilla en el gimnasio para que no tengamos que pasearnos continuamente desde el colegio hasta allí cargando todas las cosas. Además, así si quieres entrenar cuando el colegio esté cerrado podrás hacerlo. Con esa llave tienes acceso a las pistas del gimnasio, aunque obviamente no al colegio. No se fían tanto de nosotros.
- De acuerdo. Y dime, ¿Dónde vamos a comprar las cosas para mi equipación?
- Oh, hay una pequeña tienda cerca de aquí donde los demás compramos las cosas. Allí encontraremos todo lo necesario. Ellos ya tienen el diseño de las camisetas, solo tendrás que probarte unas equipaciones en blanco para ver tu talla y ellos se encargan de grabarlas y llamarnos cuando estén listas.
- ¿Y qué es lo que vamos a comprar?
- Pues ya tienes los patines y el stick, así que las protecciones, el chándal del equipo, un anorak un puñado de medias y un par de cada tipo de equipaciones: local, visitante y alternativa. En definitiva todo, pero no te preocupes que hoy saldremos de allí con todo eso. Hoy solo haremos el encargo.
- Bien.
- Mira aquí viene nuestro pedido.- señaló.
- Ah, veamos con qué vas a sorprenderme.- dije algo sarcástica.
Sin embargo, si que me sorprendió lo que la camarera trajo. Lo único que podía levantarme el ánimo después de la mala noche que había pasado. Algo que podría levantarle el ánimo a cualquier chica: un chocolate caliente que despedía un aroma exquisito y unos churros recién hechos con una vista estupenda. Justo como los que tomaba allí en España.