jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 11


El As de Trébol resultó ser un pub-discoteca con un apartado con mesas y puff para sentarte mientras tomas tu bebida y una zona de baile atestada de gente. No había mucho que decir sobre la decoración del lugar, la iluminación era tan baja que no se podían apreciar los detalles pero sí podía decir que tenía una decoración moderna con focos de colores que alumbraban únicamente la pista de baile.
Tash cogió a Will del brazo, Pam a Tom y Rima a Dan, y los arrastraron a la pista de baile. Rob, Sulie y Matt fueron a la barra a por algo de tomar, mientras Scott y yo fuimos a sentarnos en unos puff.
- Así que…- comenzó Scott.- ¿Dónde nos habíamos quedado antes de que nos interrumpieran? ¡Ah, sí! Estábamos en que habías dejado el hockey porque tus compañeras eran unas envidiosas. ¿Qué hay de tus amigas?¿Ellas no practicaban ningún deporte?
- No. Laura prefería los libros, era una autentica rata de biblioteca, todo el tiempo que tenía se lo pasaba allí; y Sonia no se separaba de su ordenador, ella era una autentica genio de la informática. Yo era deportista del grupo.
- ¿No tenías más amigas?
- No. No era muy popular allí. Solo eramos nosotras tres, y algún novio de ellas dos.
- ¿Tú no?
- Ya te he dicho que yo no era muy popular. Laura de vez en cuando encontraba a algún chico interesante entre las estanterías de la biblioteca, o que hubiera ido allí a estudiar; y Sonia… bueno siempre estaba conociendo chicos por su afición a los videojuegos.
- ¿Y tú no conocías a chicos por el deporte?
- La mayoría eran unos descerebrados o unos arrogantes, no es por ofender,-dije cuando alzó una ceja a modo de interrogante.- pero es la verdad. Y los que merecían la pena no se fijaban en mí. Ya te he dicho que yo no era popular, solo una chica que caía mal a sus compañeras de equipo y a la mayoría de sus compañeros de clase. A los demás ni si quiera les importaba.
- Eso es difícil de creer.- negó con la cabeza.- Una chica como tú, con tu forma de ser y tu carácter no es alguien impopular.
Scott alargó su mano hasta tocar mi pelo y apartar un mechón de mi cara para colocarlo detrás de mi oreja. Ese gesto me hizo pensar en Ben. No es que él hiciera eso a menudo, pero el simple roce cualquier chico me hacía sentir que estaba traicionándolo. Una autentica estupidez, si tenemos en cuenta que él me había traicionado a mí. Y no solo traicionado, sino que me había humillado delante de toda la clase, seguro que el rumor ya se había corrido por todo el instituto, Ben, al contrario que yo en mi antiguo instituto, sí era un chico muy popular.
Me eché hacia atrás como si su solo contacto me quemase. Scott inmediatamente bajó su brazo y lo dejó descansando sobre su regazo, mientras no dejaba que su expresión cambiara.
- Lo siento.- se disculpó.
- No te preocupes.- dije incomoda.- No es culpa tuya.
- Es por Ben, ¿no?- preguntó.
- Imagino que todo el instituto sabe ya lo que ocurrió.
- Sí,- contestó con sinceridad.- ese tipo es un calzonazos que se deja manipular por esa tipa. Podrá ser muy popular y todo lo que tu quieras, pero la verdad es que ella es de lo peor y él un cobarde por no luchar  y defender lo que de verdad quiere.
- Eso si realmente lo quiere.
- Mira la pista de baile.- me indicó.- Fíjate en Pam y Tom, en Tahs y Will, en Rima y Dan, incluso en Sulie y Rob,- obedientemente miré y presté atención a las parejas.- la forma de mirarse que tienen, devorándose con los ojos, como si para ellos no existiera nada más que el otro, como si fueran la luz en la oscuridad para cada uno.- podía ver todo lo que decía y más: la ternura en sus ojos, las sonrisas sinceras y pícaras, los gestos protectores de los chicos. No se trataba de que para ellos no existiera nada más que el otro, se trataba de que el otro era su todo, no eran una luz para el otro en la oscuridad, eran una brillante estrella.- Ben te mira igual. Créeme cuando te digo que él te quiere.- concluyó con un suspiro.
No quería escuchar eso. No quería escuchar más mentiras. Yo a Ben no le importaba nada. Scott no sabía todo lo que yo, él no sabía la forma tan cruel en la que me había traicionado. Y yo había estado dispuesta a escuchar su explicación, pero me había mostrado que no era nada para él con su demostración de amor por Alexi. Ella era su todo, su estrella, pese a todo lo que ella le había hecho. Ella era su todo, su estrella, no yo, aun cuando había renunciado a tantas cosas por él. ¿Pero no es eso el amor? ¿Renunciar a todo por la persona amada? ¿Perdonarle todo? Yo amaba a Ben, pero él no me amaba a mí sino a Alexi.
- No quiero hablar de eso.- le dije casi al borde de la lágrimas.- De hecho creo que será mejor que me vaya a casa.
- Aun es pronto.-trató de detenerme agarrándome del brazo.- Lo siento, no debí haber sacado ese tema.- se disculpó.
Sacudiéndome su mano de encima me levanté para buscar a Rima en la barra y pedirle que me llevara a casa, pero cuando la encontré me detuve. Ella estaba, tal como había dicho Scott, mirando de esa manera Dan, como si de un momento a otro fueran a comenzar a besarse. No quise interrumpirla, pero tampoco quería quedarme allí por más tiempo.
Salí fuera y me sorprendí al notar tanto frío. Al caer la noche cerrada la chaqueta que llevaba no suponía gran protección para evitar que me congelara. Comencé a caminar tratando así de entrar en calor, mientras averiguaba por donde debía ir para llegar a casa. No conocía esta zona.
- Espera, Rebeca.- escuché la voz de Scott a mi espalda.- Te llevo a casa.
- No tienes por qué. Quédate y diviértete, aun es pronto, tu mismo lo dijiste.
- No importa. Hace mucho frío para que vayas andando a casa. Además, estoy seguro de que no sabes por donde ir.
- Está bien.- cedí ya que tenía toda la razón y no veía que conseguiría largándome sola, a parte de pillar un resfriado y perderme.- Tú ganas.
- Vamos.- se dirigió a su coche y lo abrió.- Monta.
Obediente abrí la puerta y me monté en el asiento del copiloto. Scott arrancó en seguida y salió del aparcamiento con una rápida maniobra.
- ¿Por qué todos los chicos tenéis que conducir de forma tan temeraria? ¿Tanto os cuesta quitar el pie del acelerador?- le pregunté con cierto sarcasmo recordando el viaje con Ben en su moto.
- Nos gusta la velocidad, eso es todo.- me dedicó una sonrisa traviesa.
- A mi no.- le dije sin reír su gracia.- Preferiría que fueras mas despacio.
- Como guste su señoría.
Para ser honesta, Scott conducía bastante bien, cuando mantenía una velocidad normal. Sus manos, fuertes y hábiles, acostumbradas a manejar el stick y a dar golpes de efecto, sostenían el volante con firmeza y sus reflejos eran rápidos y buenos, entrenados por las horas dedicadas al hockey.
- ¿Y me vas a contar algo de ti?- le pregunté.
- ¿Cómo?
- Sí, yo te he contado todo lo que has querido. Ahora es tu turno para confesarte.
- Está bien. ¿Qué quieres saber?
- No sé. ¿Qué tal si me hablas de la primera vez que jugaste al hockey?
- ¡Oh! Eso fue algo que nunca olvidaré.- contestó con una amplia sonrisa.- En mi séptimo cumpleaños mi tío me regaló unos patines. Al principio no los usaba mucho por que ninguno de mis amigos tenía, de modo que tenía que salir con mi hermana y sus amigas si quería darme una vuelta con ellos, pero ese verano un vecino del barrio consiguió otros y quedábamos muchos días y muchas tardes para patinar por la calle. Poco a poco aprendimos a manejarnos bastante bien con los patines: subíamos y bajábamos cuestas tan rápido como podíamos, saltábamos obstáculos, nos subíamos a las barandillas de las escaleras… Recuerdo que mamá siempre estaba quejándose porque cada vez que salía a patinar volvía con la camiseta o los pantalones rotos y alguna herida que curar.- rió al recordar aquello.- Un día cerca de mi octavo cumpleaños mi vecino y yo salimos a patinar y al pasar por un descampado cercano vimos a unos chicos jugando a beisball y quisimos imitarlos, pero con los patines añadiríamos una leve modificación al juego. Cogí un palo y esperé en lo alto de unas escaleras a que mi vecino lanzara la piedra que había cogido. Salté deslizándome por la barandilla para golpear la piedra con el palo, pero mi vecino había lanzado bajo pensando que no iba a saltar, de modo que al golpearla perdí el equilibrio y terminé rodando por las escaleras. Terminé con un brazo roto y una brecha en la cabeza, pero ahí no acabó mi mala suerte. La piedra había ido a parar a una casa cercana y había roto una ventana. La regañina que nos echaron nuestros padres fue monumental, aunque yo me llevé la peor parte ya que yo había sido el que golpeó y el inventor de la idea. A él lo castigaron un mes sin patines y yo dos.
>> Aunque no podíamos patinar nos habíamos hecho muy amigos durante el tiempo que sí pudimos, así que seguimos saliendo juntos cuando nos lo permitían. En una de esas salidas vimos un cartel que decía que estaban formando un equipo de hockey. La imagen del cartel, un chico con patines y golpeando la pelota con el stick, nos recordó a nuestra hazaña con el palo y la piedra y nos echamos a reír sin poder parar. Creo que fue porque nos recordaba a eso que nos decidimos a apuntarnos. Yo aun tenía el brazo escayolado pero aun así entré al equipo condicionalmente, me harían la prueba cuando me quitaran la escayola y recuperara la movilidad del brazo. Cuando me la hicieron entré de titular junto con mi vecino, desde entonces hemos estado juntos siempre que jugábamos al hockey, hacemos buena pareja en el campo.
- ¿Quieres decir que tu vecino es Will?- pregunté sorprendida.
- Por supuesto.- asintió con la cabeza.- Juntos aprendimos a patinar, juntos nos llevamos golpes y caídas, juntos nos hemos convertido en auténticos jugadores y juntos pensamos ganar el trofeo intercolegial este año. Nuestra última oportunidad.
- ¿No la habéis ganado nunca?
- No. Hay un equipo que siempre nos gana en la final. Uno de un instituto privado que está en la otra punta de la ciudad de donde está el nuestro. Tiene gran fama en los deportes, así que los mejores jugadores quieren ir allí. Pero este año no podrán hacer nada, porque ganaremos nosotros.- dijo con firmeza y total convencimiento.
- ¿Y que tal les ha ido a las chicas en el campeonato esto años?
- Bueno, ellas no siempre han participado, siempre estaban escasas de jugadoras. El año pasado compitieron pero el campeonato se les escapó cuando en semifinales una de las jugadoras se lesionó. Tuvo que dejar de jugar durante meses.
- Vaya, ¿que pasó con ella?
- Su nombre era Michelle Denney, nosotros la llamábamos Shelly. Ella era la capitana y tenía tu actual puesto en el equipo. Era una gran jugadora, pero esa lesión fue demasiado para su cuerpo. Se lesionó la rodilla de manera que no iba a poder jugar más. Trató de aceptarlo, pero no podía con ello. Todo le recordaba al hockey, el deporte que tanto amaba y que no podría volver a jugar, así que se cambió de instituto. Se fue a uno privado solo para chicas. Desde entonces no he sabido nada de ella.
Al hablar de la chica su expresión se volvió sombría, la alegría y la felicidad abandonaron su rostro dando paso a la tristeza y la añoranza. Ella significó algo para él, si fueron grandes amigos o algo más no podía decirlo. Por lo poco que conocía a Scott, podría decir que apreciaba profundamente a sus amigos, sabía su expresión sería la misma si quien hubiera sufrido la lesión y abandonado todo fuera Will.
- Ya hemos llegado.- dijo con una sonrisa fingida, seguramente recordando momentos felices con la tal Michelle.
Me hice la nota mental de cuando viera a Rima preguntarle al respecto. La chica parecía saber todo lo que pasaba en el instituto, así que si alguien sabía si hubo algo entre Scott y Michelle ese alguien era ella. Por el momento lo único que podía hacer era tratar de animarlo.
- Oye, ¿te parece si entras conmigo y te muestro mi stick y patines homologados? Están en el garaje.
- De acuerdo.- aceptó algo pensativo.- Así podré ver cómo son y si valen.
- No sé si los patines me seguirán valiendo.- concordé con él.- No sé si me habrá crecido el pie desde entonces.
- Pues comprobémoslo.
Bajamos del coche y nos dirigimos al garaje tratando de no hacer ruido para no despertar a mi madre. Lo atravesamos entero y fuimos hasta unas cajas que estaban apiladas en la pared del fondo aun sin desembalar.
- ¿Tan malos recuerdos tienes de tu época de jugadora que lo tienes olvidado en cajas en la parte de atrás del garaje?
-¿Eh? No, no se trata de eso. Ya sabes que me he mudado hace poco y aun no he buscado un sitio donde colocarlo todo.- contesté mientras rebuscaba entre las cajas hasta encontrar la que quería.- Ven, esta es. Ayúdame a bajarla al suelo.
La caja no era muy alta, pero sí alargada y muy pesada para una sola persona. Estaba colocada encima de otras muchas cajas más pesadas todavía. En serio, ¿qué habíamos metido mamá y yo en las cajas cuando lo empacamos todo? ¿Piedras?
- Vaya.- gruñó Scott.- ¿Qué guardas aquí dentro? Esto pesa bastante.
Logramos poner la caja cuidadosamente en el suelo, no sin algo de esfuerzo por parte de ambos, y la abrí para descubriendo su contenido.
En su interior estaban el stick y los patines, pero también había otras muchas cosas: las distintas equitaciones que había llevado desde que entré al equipo con diez años hasta que lo deje con quince, los varios juegos de protecciones que había tenido que ir cambiando a la vez que crecía, las medallas conseguidas durante los cinco años que participé en el campeonato y también los trofeos. Cuando un equipo gana algún trofeo, estos se quedan en una vitrina en el instituto para mostrar a otros el éxito de sus jugadores, y en ocasiones los pasaban entre los miembros del equipo para que estos lo lucieran en sus casas por un corto periodo de tiempo antes de ser guardados en la vitrina de exposición. Sin embargo, yo tenía copias de esos trofeos.
- ¿Cómo es que tienes los trofeos?- preguntó Scott.- ¿No se quedaron en tu instituto?
- Poco después de dejar el equipo los pedí prestados para hacerles una copia como recordatorio de los éxitos logrados con mi antiguo equipo.- le expliqué.- Tal vez no les tuviera ningún aprecio a esas chicas, pero mientras jugaba lograba olvidarme de que ellas realmente no me aceptaban y lo mismo ocurría cuando celebrábamos haber ganado el campeonato. En esos momentos todo era risas y alegrías. Por eso había convencido a mi madre para hacerles lasa copias a los cinco trofeos.
- Tú madre debe tener un gran sueldo para permitirte eso.
- Es el único capricho que alguna vez me he permitido.- me encogí de hombros.- Y ahora mamá gana más que cuando estábamos en España. Además contamos con la pensión del estado por la muerte de papá.
- Sé que tu padre murió,- comenzó indeciso.- pero no sé qué ocurrió. No tienes que contestar si no quieres.
- Ocurrió en un accidente de tráfico.- dije como toda respuesta.
- ¿Qué tal si me cuentas sobre tus trofeos?- cambió de tema después de unos minutos de incomodo silencio.
- Este trofeo es del primer año que entre a formar parte del equipo.- saqué un trofeo pequeño.- Quedamos en tercer lugar. Y esta es la medalla que recibimos.- Rebusqué entre las cosas un poco hasta sacar la medalla de bronce.- El segundo año logramos llegar a la final, pero perdimos.- señalé una medalla de plata y un trofeo de tamaño mediano.- Los otros tres años también llegamos a la final y entonces sí que conseguimos ganar. Estos son los trofeos y las medallas.
Levanté la mirada hacia Scott, con las medallas en una mano y uno de los trofeos en la otra para mostrárselos, sin embargo cuando mi mirada se encontró con la suya me di cuenta de que no prestaba atención a lo que le señalaba. Sus ojos estaban fijos en mi, su mano sobre la mía y su rostro tan cerca que podía sentir su aliento en mi sobre el mío.
Tal vez, después de todo, Scott no me odiaba tanto como parecía en un principio. Tal vez fuera un chico amable que pudiera hacerme olvidar a Ben.