jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 10


Llegué a casa con el tiempo justo para darme una ducha y arreglarme antes de que Rima se pasara a recogerme para ir a lo de Bobbie. Un local del que no tenía ni la más mínima idea de donde estaba. Al parecer se trataba de una especie de restaurante de comida rápida en el que se juntaban muchos chicos y chicas pertenecientes a clubes deportivos.
Subí las escaleras como si me persiguiera el mismísimo diablo y solté mis cosas de cualquier manera en mi cuarto antes de entrar en el baño. Me desvestí y me duché en tiempo record, pero sin olvidar que iba a salir por ahí, de modo que apliqué la mascarilla en mi cabello y la crema hidratante en mi cuerpo después de secarme.
Cepillé mis dientes y sequé mi cabello con el secador antes de usar la plancha para alisarlo, pero no del todo, sino que me hice unos leves tirabuzones en las puntas. Después cogí el eyeliner negro para perfilar mis ojos y destacarlos con un poco de rimel. Para los labios puse algo de color y de brillo.
En mi habitación rebusqué en el armario por unos pantalones rojos ajustados y una camiseta de tirantes finos de color beige. Me calcé unas botas negras altas de tacón de aguja y metí en un bolso pequeño el móvil junto con las llaves y la cartera.
Agarré la chaqueta de cuero negro y bajé las escaleras para esperar en el salón a que Rima llegara a recogerme, cuando mi madre llegó de su viaje de trabajo.
- Hola cielo. Al final he venido más tarde de lo que me esperaba. ¿Qué tal la escuela?
- Oh, bien. He entrado en el equipo de hockey de la escuela.
- ¿El equipo de hockey?
- Sí. Y ahora he quedado con las demás jugadoras y con los chicos del masculino, vamos que vamos todos los del club de hockey.
- Oh. Me alegro que tengas planes.- me miró aliviada.- Se que te prometí que haríamos planes juntas, pero vengo agotada.
- No te preocupes. Descansa y no me esperes despierta. No sé a qué hora volveré, pero procuraré que no sea muy tarde.- la besé en la mejilla.
En ese momento tocaron a la puerta.
- Esa será Rima.- dije yendo hacia la puerta.- Quedamos en que me recogería para ir juntas.
Abrí la puerta y me encontré con una Rima con le pelo recogido en una coleta alta y vestida con unos ajustados pantalones de cuero negros, una camiseta muy escotada azul que visible bajo su chaqueta también negra y unos botines con mucho tacón en color azul oscuro.
- ¿Lista?- preguntó ofreciendo una gran sonrisa.
- Eh…  sí, claro.- me volví hacia mi madre para despedirme de ella.- Bueno, nos vamos.
- Adios.- nos despidió.- Pasadlo bien y tened cuidado.
Cerré la puerta y salimos a la calle para montar en el coche de Rima. Era un mini cooper cabriolet color naranja con la tapicería en negro. Iba totalmente con el estilo de Rima, dulce pero agresivo.
- Venga, monta.- me apremió.- Ya están todos esperándonos. Somos las últimas, si tardamos más empezarán a comer sin nosotras.
- Yo estaba lista desde hace rato.- me defendí.- Has sido tú quien ha tardado.
- Está bien, está bien.- admitió mientras ponía música.- Habrá que ir ambientándose un poco, ¿no?
Ella guiñó un ojo y acto seguido nos echamos a reir. Algo me decía que esta noche lograría pasármelo bien y no pensar en Ben. Desde luego el hockey era la mejor distracción. Durante los entrenamientos y los partidos estaría tan concentrada que mi mente no tendría tiempo para pensar en él, y luego saliendo con todos los miembros, si eran tan graciosos y despreocupados como Rima, si lloraba sería de la risa.
Cuando llegamos al local de Bobbie todos estaban en la puerta esperandonos. Las gemelas llevaban la misma ropa: pantalones azul eléctrico con una camiseta blanca de manga a la sisa suelta y una chaqueta de paño gris junto con unos botines de tacón ancho grises también; ambas se habían alisado el pelo y lo lucían suelto. Sulie era la que estaba más cambiada con su pelo suelto con look despeinado y vestida con unos pantalones verdes oscuros y botas altas marrones de tacón bajo combinado con una blusa holgada blanca y una chaqueta de cuero marrón.
Ninguna de las cinco llevaba más maquillaje que algo de eyeliner, rimel y brillo de labios. Imagino que no ninguna éramos grandes fans del maquillaje…
Los chicos también estaban allí. Robert, con su pelo rapado y sus ojos negros, llevaba vaqueros y una camiseta ajustada blanca de manga corta destacando sus poderosos músculos mientras tenía la chaqueta, también vaquera doblada en el brazo. Danniel, con unos pantalones vaqueros pero en negro llevaba una camiseta también de manga corta pero del mismo azul que sus ojos, tenía el pelo rubio cayéndole a ambos lados de la cara en mechones aun húmedos por la ducha. Matthew, con sus ojos verdes, también iba en vaqueros y llevaba una camisa a cuadros en tonos negros, blanco y rojo sobre una camiseta gris y el pelo castaño totalmente revuelto. Thomas llevaba unos pantalones azules marino con una camiseta blanca bajo una chaqueta gris, que junto con su pelo  negro corto y sus ojos grises le daban un aspecto de rebelde. William, iba vestido con unos pantalones grises claros y una chaqueta blanca destacando el rojo de la camiseta que llevaba debajo, combinando con su pelo rizado corto en tonos rojizos y sus ojos negros. Scott, que estaba algo apartado del grupo hablando por teléfono, miraba hacia ninguna parte con sus ojos azul océano y se pasaba la mano en un gesto distraído por el pelo negro azabache ligeramente largo. Él vestía con unos vaqueros oscuros y un jersey morado bajo el que asomba una camiseta blanca.
- Ya estamos todos.- dijo Matthew.- Ya podemos entrar.
- Espera.- le interrumpió Robert.- Antes deberiamos presentarnos bien. El entrenador te dijo nuestros nombres pero realmente eso fue una presentación bastante fría.- explicó.- Puedes llamarme Rob.
-Cierto,- le apoyó William.- Todos aquí preferimos la versión corta de nuestros nombres, es más…
- Más de amigos.- completó Scott, quien ya había terminado de hablar.- Así que ya sabes, ellos prefieren que les llamen Rob, Will, Matt y Tom. Yo me mantengo con Scott.
- Oh Scotty, no seas tan frío.- se burló Thomas, quiero decir Tom.
- Ella aun no es mi amiga.- sentenció.- No ha hecho nada por ganarse mi confianza.
- En ese caso, chicos vosotros podéis llamarme Bec,- les dije.- excepto tú, Scott. Para ti seré Rebeca, al menos hasta que tú también te ganes mi confianza.
- Bien.- asintió con la cabeza.- Ahora, ¿podemos entrar a comer?
Todos entramos en el local que estaba hasta arriba de chicos y chicas comiendo y alborotando por todos lados. Cogimos una mesa libre, la única que quedaba, y nos sentamos mientras las conversaciones surgían entre los miembros de mi grupo.
Yo me senté entre Rima y Sulie, algo sorprendida por las palabras de Scott. ¿Qué le había hecho yo? Antes, al terminar el entrenamiento dijo que quería hablar conmigo y ahora se mostraba tan frio conmigo, como si fuera su peor enemigo. Este chico tenía claros problemas de carácter, era bipolar.
- Bueno,- dijo Dan.- ¿Qué vamos a pedir?
- Como siempre: hamburguesa simple para las gemelas y Rima, una normal para Sulie y doble para nosotros.- contestó Tom.- En cuanto a bebidas, 3 coca-colas light, 3 normales, 2 acuarios de limón y 1 nestea. Solo falta saber que tomará Bec.
- Mmm… una hamburguesa normal y una fanta de limón.- contesté.
- OK.- asintió Dan.- Tom ven conmigo a hacer el pedido.
- ¡Chicos!- los llamó Pam.- A esta invitáis vosotros, ya sabéis, por la paliza.- les guiñó un ojo.
- Si, vale, como digáis.
- Chicos,- dije levantandome.- enseguida vuelvo. Voy al baño.
Me levanté de la silla que ocupaba y me dirigí al baño, tal como dije. Necesitaba algo de espacio. Me estaba agobiando allí dentro, rodeada de tanta gente a la que acababa de conocer. No sabía si encajaría por completo con ellos, se veían tan unidos, haciendo bromas entre sí y riéndose los unos de los otros continuamente.
No llegué a entrar en el baño de mujeres, ya que estaba ocupado y me quedé fuera esperando a que saliera quien fuera que estuviera dentro para poder entrar y mojarme la cara. Pero antes de que esto ocurriera alguien más llegó y agarró del brazo reclamando mi atención de forma brusca.
- ¡Eh!- protesté girándome para enfrentar a quien me hubiera cogido de esa manera.
- Tú y yo tenemos una conversación pendiente.- dijo la persona que sostenía mi brazo con fuerza, Scott.- Te parece si salimos fuera a tomar el aire.
- Está bien,- acepté.- pero suelta mi brazo.- me sacudí.
Caminé hacia la salida con Scott pisandome los talones. Dirigí un vistazo fugaz a nuestra mesa y vi como algunos nos miraban con curiosidad y otros con sorpresa. Otros simplemente nos miraban.
Una vez fuera Scott me adelantó, me guió hasta su coche, un mustang blanco con las dos rayas en azul, y se sentó sobre el capó. ¿Qué pasaba con esta gente? ¿A caso todos tenían coches caros?
- Ya estamos fuera.- le dije.- ¿De qué querías hablar?
- Es sobre lo del entrenamiento de hoy.
- ¿Y eso no lo podrías haber dicho dentro con todos?
- No.- contestó.- Me he dado cuenta de que no estabas cómoda allí con todos nosotros. No participabas en las conversaciones.
- De acuerdo,- accedí.- Y, ¿concretamente de que querías hablar?
- Habías jugado antes al hockey.
- Sí.- contesté pese a no ser una pregunta.- Allí en España no es un deporte tan popular como el futbol, el baloncesto o el balonmano, pero había algunos clubes de hockey. Yo pertenecí a uno de ellos durante un tiempo, pero acabé por dejarlo.
- ¿Por qué? Quiero decir, eres realmente buena.
- Por eso. Porque, aunque te suene presuntuoso, era demasiado buena comparada con las demás jugadoras. Ellas no se tomaban en serio los entrenamientos, faltaban muy a menudo y cuando asistía no prestaban atención a las indicaciones del  entrenador. De modo que las superé en nivel en poco tiempo. Yo no les caía bien, me hacían el vacío. Así que opté por dejarlo. Le dije a todo el mundo que ya no estaba interesada en el hockey y que prefería centrarme en mis estudios. Y eso fue lo que hice, centrarme en los libros pese a las insistencias del entrenador por que volviera al equipo, el cual comenzó a bajar puestos estrepitosamente en las diferentes ligas y clasificaciones.
- Tus antiguas compañeras eran unas envidiosas.- sentenció.
- Tal vez, pero eso no cambia el hecho de que no podía soportarlo más y lo dejé.
- Ahora tienes la oportunidad de volver a jugar.
- Lo sé, y no pienso dejarla pasar. Esta vez nada me hará dejarlo, ni si quiera tú y tus malos modos.
Eso pareció sorprenderle en un principio. Abrió sus ojos en un gesto de extrañeza, pero luego recompuso su expresión y mostró una sonrisa pícara.
- Bien. No quiero que lo dejes, pero no te voy a dejar que me vuelvas a humillar como esta tarde.
- ¡Oh!- exclamé.- ¿Te gustó mi jugada inicial?
- Eso fue realmente increíble, tengo que admitirlo, pero no creas que todo será asi de fácil. Me pillaste con la guardia baja, pero ya estoy prevenido contra ti. No volverá a suceder.
- Ya veremos. Por cierto, ¿cuándo es el próximo entrenamiento?
Scott abrió su boca para hablar pero no pudo hacerlo porque en ese momento Rob salió a la puerta y nos llamó. Ya estaba la comida en la mesa y si no nos dábamos prisa se enfriaría.
- Venga chicos.- dijo Tash cuando nos sentamos.- ¿qué hacían allí fuera con el frio que hace?
- Solo hablábamos.- contestó Scott.- Le estaba hablando del equipo. El entrenador me llamó hace un rato. Cuando terminó el entrenamiento olvidó hablar con Rebeca. Ya sabéis, el horario de los entrenamientos, la equipación y todas esas cosas. Me encargó que mañana te acompañara a comprar la equipación y unos patines y un stick para que tengas unos propios. Aunque si ya has estado en otro equipo antes imagino que tendrás los patines y el stick reglamentarios, de modo que solo habrá que comprar la equipación.
- ¿Y en cuanto a los horarios de los entrenamientos?- pregunté.
- Es fácil, entrenamos los lunes, miércoles y viernes. Siempre después de las clases durante tres horas. Pero si hay partido entrenamos también el día de antes aunque no toque.
- Ya verás como pronto te habitúas a la rutina de los entrenamientos.-dijo Tash.
- Sí, será bueno tener algo que hacer por las tardes.- afirmé.
Devoramos nuestras hamburguesas en cuestión de segundos. Todo el ejercicio realizado daba mucha hambre. Una vez saciada me fijé mejor en la gente que había comiendo a nuestro alrededor. Rima se percató de donde se dirigía mi atención y me explicó quienes eran cada grupo.
- Los chicos de allí,-señaló con la cabeza a un grupo muy numerosos de chicos muy grandes que armaban mucho más jaleo que el resto. La mayoría de ellos tenía a alguna chica alta y muy delgada, la mayoría rubias con el pelo liso, sentadas sobre su regazo.- son los miembros del equipo de rugby, y las chicas son las animadoras. Ellos son casi en su mayoría chicos sin cerebro, solo músculo, y ellas… bueno, creo que el tinte les ha afectado al cerebro. Aunque no todas son así, algunas se salvan como Alice. Esa de la camisola verde. Ella es una chica muy simpática e inteligente. Cuando termine aquí quiere estudiar ingeniería aeronáutica.
- Vaya… eso debe de ser duro.
- Los de la mesa de al lado son los de baloncesto, chicos y chicas muy simpáticos y agradables. Si necesitas algún favor puedes pedírselo sin problemas. Los del fondo son los atletas: corredores de marcha, maratón, salto de altura, con pértiga… todos ellos. Allí puedes encontrar de todo, desde la persona más agradable hasta la más estúpida, como en todos lados. Y aquel último grupo de mesas son lo tenistas. Realmente no sé mucho sobre ninguno de ellos, no se relacionan más que entre su grupo de amigos.
- Oigan chicos,- interrumpió Matt.- ¿qué les parece si ya que hemos terminado nos vamos a tomar algo?
- ¡Sí!- corearon las gemelas con entusiasmo.- Vayamos al As de Trébol.