jueves, 3 de noviembre de 2011

Historia 1: capítulo 1


- ¡Rebeca! ¡Ya es hora de que levantes! ¡Vas a llegar tarde tu primer día de clase!
Los gritos de mi madre me despertaron. Miré el reloj y vi que solo faltaban quince minutos para que empezara la clase. ¡Como había podido dormirme! Mi madre siempre dice que la primera impresión es muy importante, y yo iba a llegar tarde en primer día al instituto nuevo en el que no conocía a nadie...
Inmediatamente salté de la cama y cogí las primeras prendas que encontré en el armario y me vestí con ellas. Después fui corriendo a la cocina, engullí rápidamente mi desayuno y volé hasta el baño para peinarme y lavarme los dientes. Me miré en el espejo y vi una chica demasiado alta y delgada para parecer atractiva, con un tono de piel de un pálido casi enfermizo, una nariz algo gruesa y un pelo color zanahoria que nunca quedaba peinado de la manera adecuada. Lo único bonito de la chica del espejo eran sus ojos verdes y sus labios rojos y carnosos que ocultaban unos dientes perfectos. Le saqué la lengua y ella hizo lo mismo a la vez, después fui hasta la puerta donde mi madre me esperaba con la chaqueta en el brazo para llevarme al instituto.
Ella no solía hacer eso, mi madre, Elena Llorente, directora de un importante banco, es una gran defensora del hecho de que cada persona debe valerse por si misma. Sin embargo apenas hacía unos días que nos habíamos mudado a Boston desde Madrid y aún no conocía bien la zona, y si a eso le añadimos las dificultades del idioma... Lo cierto es que hablo muy bien el inglés pero aun así me cuesta captar los sarcasmos y las ironías y algunas bromas de los estadounidenses. Por eso mi madre en esta ocasión dejó de lado parte de sus principios para acompañarme, ya que la mínima posibilidad de que yo me perdiera o ella no supiera donde estaba la sacaba de sus casillas y la ponía al borde de la histeria.
En mi cabeza, no obstante, había otro tipo de preocupaciones, como el hecho de que no conocía a nadie en la ciudad. Hoy comenzaba el tercer trimestre en mi nuevo instituto. Durante el trayecto me hice muchas preguntas: ¿cómo serían mis compañeros de clase?, ¿les caería bien?, ¿conocería a algún chico que se fijara en mí? La respuesta más probable a esta última pregunta era que no, yo nunca había sido muy afortunada en el terreno amoroso, ni tampoco en el de la amistad. Solía pasar tardes enteras con el ordenador, leyendo o viendo películas con mi madre siempre que esta tuviese tiempo. Ella es una persona ocupada. Mi padre había muerto en un accidente de tráfico cuando mi madre estaba embarazada de mí y nunca llegué a conocerle. Era militar y aun conservamos sus medallas, sus fotos de la mili... Después de esto mi madre tuvo que ocuparse de todo. Se esforzó mucho y aun lo sigue haciendo, así obtuvo el ascenso a directora de una de las sucursales del banco para el que trabaja aquí en Boston.
 - Bueno, ya hemos llegado. Adiós, que te vaya bien en tu primer día.
- Adiós mamá.- dije despidiéndome con un beso.
Acto seguido bajé del coche y entré en mi nuevo instituto. Era un edificio grande, tanto que no era capaz de encontrar la secretaría, donde me indicarían mi horario de clases, las aulas en las que tendrían lugar y mi taquilla.
Había un grupo de chicos hablando cerca de la entrada a los que me acerqué a preguntar. Los integrantes del grupo eran dos chicos y dos chicas. Ambos chicos eran altos y fuertes, y las chicas altas y delgadas, como modelos de pasarela. Uno de los chicos era muy moreno de piel con el pelo y los ojos negros como el carbón, el otro era algo más pálido, de ojos verdes y pelo castaña claro. Había una chica muy morena de ojos oscuros  y pelo negro y liso, sus rasgos eran muy similares a los del chico moreno, supuse que debían ser hermanos. En cuanto a la otra chica tenía un tono de piel blanco como la nieve, sus ojos eran azules y su pelo rizado y rubio. Las chicas llevaban el pelo suelto que les llegaba hasta la cintura, y vestían con tacones, que aparentaban ser de doce centímetros, falda corta y camiseta ceñida que mostraba que ambas poseían un cuerpo del que presumir. Todo lo que llevaban era de marca, estaba bastante claro que esas chicas no se vestían con lo primero que cogían del armario. Los chicos vestían con vaqueros, deportivas y polos de manga corta, también de marca, que dejaban adivinar sus músculos a través de la ropa. Por la actitud que mantenían al hablar supuse que estaban saliendo entre ellos, la morena y el del pelo castaño y la rubia y el moreno.
- Perdonad, ¿podríais indicarme donde está la secretaría?
Las dos chicas me miraron con una cara de asco que me hizo recordad qué llevaba puesto, vaqueros oscuros, camiseta negra de tirantes y botas marrones sin tacón, además de la chaqueta de cuero que me entregó mi madre al salir de casa. Todo normal. ¿o no? Mirándolas a la cara vi que ambas llevaban kilos de maquillaje, aunque debí admitir que estaban perfectamente maquilladas. Yo no llevaba ni una gota. Me gustaba más sentir mi piel limpia, sin los brillos que te termina proporcionando el maquillaje. Ni siquiera llevaba delineador de ojos, únicamente algo de vaselina en los labios para impedir que mis labios, algo de lo poco que me gusta de mi aspecto, se resecasen y agrietasen.
Por el contrario el chico moreno me dirigió una mirada que no supe interpretar pero que me hizo estremecer.
- Yo te acompaño, tengo que recoger mi ficha para que me firmen los profesores.- Se ofreció el del pelo castaño.
- OK, gracias.
Mientras nos marchábamos dirigí una mirada a sus amigos. El otro chico le miraba atónito, la rubia con cautela, y la morada con odio, solo que no le miraba a él, sino a mí. ¿Creería que yo era una amenaza? ¿Qué le robaría el novio? Estaba claro que necesitaba comparar su reflejo en un espejo y el mío a la vez, ningún chico dejaría nunca a una chica como ella, al menos no por una como yo.
- Bueno, aun no me has dicho tu nombre. Porque supongo que tienes uno, ¿no?.- inquirió mi acompañante.
- Tú tampoco me has dicho el tuyo
- Mmm, touchè.- rió él- Mi nombre es Ben.
- Rebeca.
- Bien, Rebeca, aquí está, esta es la secretaría.- Dijo abriéndome la puerta para que entrara.
Entré a una habitación pequeña pero acogedora, con un sofá que parecía bastante cómodo, cuatro puertas con carteles que indicaban "enfermería", "despacho del director", "sala de profesores" y "sala de juntas", una maquina de fotocopias y una mesa hasta arriba de papeles tras la que se sentaba una mujer mayor con rostro dulce y unas gafas descansando sobre la punta de su nariz, que levantó la vista de lo que estuviera haciendo para mirarnos en cuanto escuchó la puerta abrirse.
- Sr. Wagner,- dijo reconociendo a Ben.- ¿qué ocurre?
- Venía a recoger mi ficha de asistencia, Sra. Brown.- contestó con una sonrisa.
Ella buscó un momento en uno de los estantes que había a su espalda y le tendió lo que él había venido a buscar. Entonces me dirigió una mirada.
- Conozco a todos los alumnos de esta escuela, y dado que su rostro no me resulta familiar, me atrevería a suponer que usted el la nueva estudiante, llegada desde España, Srta. Torres.
- Rebeca Torres.- asentí ofreciéndole mi mano para estrecharla.
- Lilyan Brown.- dijo tomando mi mano.- Mucho gusto en conocerla.
- El gusto es mío.
- Supongo que ha venido por su horario de clases y la llave de su taquilla.- comentó mientras se inclinaba hacia uno de los cajones de su escritorio.- Aquí tiene, su horario, su ficha de asistencia de hoy, su llave y un plano de la escuela, que imagino le será de utilidad, al menos los primeros días.- dijo tendiéndome los papeles con una gentil sonrisa en el rostro.
- Gracias.- contesté recogiendo mis papeles
- Y ahora marchaos o llegareis tarde a clase.- nos despidió amigablemente.
- Me gusta esa mujer,- le dije a Ben una vez que estuvimos en el pasillo.- es muy simpática
- Sí, todos aquí la apreciamos bastante, es como una madre para nosotros, o debería decir una abuela.
Si, esa mujer era muy simpática y muy buena. Conocía a todos los estudiantes por sus nombres y se mostraba dulce y cariñosa con ellos. No se podía decir lo mismo de la secretaria de mi antiguo colegio. Ella siempre mostraba enfado en su rostro, y cuando sonreía, lo cual sucedía raras veces, su sonrisa era agria y forzada. Todos tratábamos de evitarla siempre que podíamos.
-¡Eh!.- exclamé cuando mi horario desapareció de mis manos
- Vaya...- dijo Ben pensativo.- Tenemos casi las mismas asignaturas, simplemente yo tengo cuatro clases de español a la semana, y tu solo dos, las otras dos horas son una de refuerzo del inglés y otra de tutoría.
- Bueno, supongo que como española que soy puedo prescindir de un par de horas de español... además una hora para repasar mi inglés no estaría mal, es decir, no conozco todo el vocabulario ni por asomo... y en fin la otra hora con la tutora... pues no se... supongo que querrán asegurarse que me va bien y que entiendo lo que dicen los profesores en sus clase y no me pierdo...
- ¿Puedo preguntar por que motivo escogiste la asignatura de español?
- Pues... bueno... supongo que es una asignatura en la que puedo sacar nota. Además cuando rellené el impreso para el traslado me aconsejaron que me matriculara en una asignatura de la que pudiera prescindir para que pudiesen poner la clase de inglés y la hora con la tutora.
- Supongo que tiene sentido.- admitió pensativo. Luego alzó la cabeza y giró por un pasillo a la derecha tomándome del brazo.- Por aquí, el laboratorio de biología está al fondo de este pasillo.
 Entramos al laboratorio cuando ya todos los demás estaban sentados esperando al profesor que debía estar al llegar. El aula estaba casi en silencio, no había grupos de jóvenes armando jaleo por ningún sitio, únicamente leves susurros entre compañeros de mesa. En mi antiguo instituto esto no pasaría ni aunque hubiese una epidemia y solo asistiesen a clase cuatro alumnos. Esta es la diferencia de un instituto público, como el mío en Madrid, y uno privado como este.
Justo en la primera fila había una mesa libre, la mesa en la que solía sentarse Ben, y por lo que pude intuir de las miradas que me dirigieron todas las chicas allí presentes, nadie más compartía esa mesa con él. Nunca.
Ben, aun agarrando mi brazo se sentó en su silla y me hizo sentarme a su lado. En ese momento entro el profesor. El Sr. Murray. Era un tipo algo atolondrado, pero aun así inspiraba respeto. No me hizo presentarme delante de toda la clase, y lo agradecí silenciosamente en mi interior. No soportaría todas esas miradas fijas en mí, unas miradas que al entrar en el laboratorio con Ben agarrando mi brazo y sentarme a su lado había sido una mezcla de odio y sorpresa.
Según parecía hoy era día de prácticas y había que diseccionar una rana. Cuando el Sr. Murray hizo el anuncio una avalancha de quejas se extendió por toda la clase, unas quejas que se extinguieron rápidamente con una mirada del profesor.
- No te preocupes,- me tranquilizó Ben.- yo puedo encargarme de la disección. No tienes que mirar si no quieres.
- ¿Quién te a dicho que no quiera mirar? Yo también puedo hacer la disección. Y si crees que justo después de hacerlo voy a salir corriendo al baño a vomitar, está claro que te has equivocado de chica.- Le contesté mientras me miraba con la sorpresa reflejada en sus ojos, una sorpresa que rápidamente dejó lugar a una expresión de respeto y una preciosa sonrisa.
- Bien, eso facilitará las cosas. Podríamos terminar antes si trabajamos los dos a la vez.
No sabía como eran las chicas aquí en este instituto privado, pero a mi desde luego no me sentía repulsión por diseccionar una rana. Allí en Madrid asistía a un colegio público y la variedad de estudiantes era enorme, desde las chicas que se asustaban y gritaban como locas por ver una avispa, hasta las que eran capaces de comer tierra y lombrices. Al principio, cuando entré en la edad escolar, mamá aun no había hecho muchos progresos en su trabajo. Ella había estudiado Economía y aunque se había graduado con honores, nunca había ejercido. El dinero que ganaba papá siempre había sido suficiente para mantenerlos a los dos. Pero con la muerte de papá, mamá tuvo que buscar un trabajo. Cuando mamá obtuvo un puesto con gran salario, yo ya tenía mis amigas en ese colegio y me negué a cambiarme a uno privado. Ahora que mi madre consiguió su puesto aquí en Boston, no puse objeciones a que me apuntasen a uno privado, cosa que mama siempre había querido. Ella quería asegurarme un gran futuro y por ello insistía continuamente en inscribirme a un colegio privado de gran prestigio. Desde luego eso es algo que con su sueldo y la pensión que recibimos del Estado Español por la muerte de mi padre, podemos permitirnos sobradamente, aun más si contamos con todos esos años en los que mi madre se ahorró todo un dineral en colegios privados.
- Tienes buen pulso.- reconoció Ben, sacándome de mis pensamientos.
- Gracias,- dije sonrojándome y permitiendo que mi pelo cayese sobre mi cara ocultándola, aunque no del todo, no estaba acostumbrada a que me dieran cumplidos aunque fueran provocados por mis logros académicos, que no son escasos.- en el futuro me gustaría estudiar medicina.- Él sonrió al ver como me sonrojaba y alargó su mano para apartar mi pelo de mi cara y ponerlo tras mi oreja.
- Eso es una sorpresa, la mayoría de las chicas que estudian aquí quieren estudiar derecho o cualquier cosa que les asegure un puesto en una oficina para estar sentadas en un sillón cómodo delante de un ordenador. No en un hospital tratando con enfermos y viendo sangre y vísceras en cualquier momento. Las chicas que hay aquí en biología solo se interesan por el profesor.
- ¿El profesor?- eso me sorprendió, el Sr. Murray no es tan guapo como para apuntarse a una clase que no te gusta y que incluso te da asco.
- Si, bueno no por el Sr. Murray, sino por el de química, el Sr. Turner. Y, ya sabes, para coger química tienes que tener forzosamente biología o física.
- ¿Entonces por qué no escogieron física?
- Está claro que no conoces al profesor de física, el Sr. Wallace. Sus clases son muy duras y él es un profesor muy estricto. Tienes que pasarte todos los días estudiando sin parar para lograr aprobar y si quieres sacar la nota máxima tienes que ser un autentico cerebrito. Y, la verdad, echa un vistazo a esas chicas y dime cuantas aparentan ser buenas estudiantes.- dijo señalando discretamente con la cabeza al resto de la clase.
- La verdad es que parecen más interesadas en saber que camiseta combina adecuadamente con su maleta de la escuela que por los estudios...- contesté pensando en la rubia y la morena que lo acompañaban cuando lo encontré a la entrada del instituto. Entonces caí en la cuenta de que ese el tipo de chicas con las que se juntaba, con las que salía... ¡Qué estúpida!
- Efectivamente.- dijo asintiendo con la cabeza y dejándome sorprendida.- Además un suspenso equivaldría a una suspensión del club al que pertenezcan, que te puedo asegurar sin conocerlas a todas que es el de animadoras.
Se me escapó una risilla que, apear de haber sonado muy flojito, hizo que toda la clase nos mirase dirigiéndonos miradas llenas de dudas. Era fácil leer la pregunta que había en sus ojos. ¿Cómo era posible que un chico como él, que salía con una de las chicas más impresionantes que jamás he visto, pudiera estar sentado a mi lado hablando y bromeando?
Era la misma pregunta que yo me hacía.
En ese momento el Sr. Murray se aproximó a nuestra mesa para observar nuestro trabajo.
- ¿Ya habeis terminado?.- inquirió claramente molesto por nuestra charla, que había durado toda la clase.
- Sí, señor. Tome nuestras libretas con las preguntas contestadas sobre la práctica.- Ofreció su libreta y cogió la mía para ofrecersela también.
El Sr. Murray las tomó y las revisó, y después, complacido por nuestras respuestas, nos las devolvió.
- Un gran trabajo con el manejo del escalpelo, Sr. Wagner.- comentó al observar la rana ya disecada.
- Gracias señor, pero he de admitir que el mérito no es solo mío.- al oir estas palabras el Sr. Murray alzo una ceja en mi dirección, sorprendido por que yo, una chica, haya cogido el visturí y lo haya utilizado haciendo esos cortes decididos sin cometer errores, estaba claro que esa era una actitud poco frecuente en su clase.- Efectivamente, la Srta. Torres ha realizado la mayoría de las incisiones.
- He de felicitarla señorita.- Entonces dirigiendose a toda la clase añadio.- Al fin una chica entra en esta clase interesada por la biología y no por otras cosas ajenas al ámbito académico.- Sin embargo, tras decir estas palabras no se dirigió a su mesa, sino que volvió su atención a nosotros.- Me gustaría hablar con ustedes dos al finalizar la clase.
De modo que al sonar la sirena recogimos nuestras cosas y nos quedamos a solas con el profesor. Una vez que todos salieron del laboratorio levantó la vista de sus papeles y comenzó a hablar.
- Srta. Rebeca Torres Llorente, nacida en Epaña y con residencia alli hasta los diecisite años, edad actual. Hija de la directora de la sucursal en Boston del banco español Santander Central Hispano Elena Llorente Gómez, y del militar fallecido Juan Antonio Torres Miranda. Con un expediente sobresaliente tanto en calificaciones como en actitud para con sus compañeros y profesores.- Leyó en voz alta uno de los documentos de su mesa.- Sin lugar a dudas es usted una compañera excelente para el Sr. Wagner, cuyo expediente puede igualarse al suyo. Espero mucho de ustedes dos, ambos posen un gran intelecto no lo desaprovechen con charlas y comentarios en clase que bien prodrían costarles a ambos una bajada de la nota, tan importante en este ultimo curso, no lo olviden.- dijo mirandonos a ambos.- Ahora pueden irse, no vayan a llegar tarde a su próxima clase.
Acto seguido volvió a centrar su atención en los papeles de su mesa, y Ben y yo nos fuimos directos a nuestra próxima clase sin entretenernos.