jueves, 13 de junio de 2013

Aclaraciones...

A ver.. el motivo del cierre no es tanto la falta de comentarios. Sé que hay gente que me sigue y lo dejan patente con las visitas que aumentan y con los comentarios en las escasas publicaciones que hago últimamente.
Pero lo cierto es que no tengo tiempo para dedicarle al blog. Hace un par de años en los que mis publicaciones son muuuuy escasas y lo sé, pero he estado centrada en la carrera y apenas he tenido tiempo para escribir nada, por no decir para publicar por aquí.
Aun así, me dejaba mal sabor de boca dejar colgados a los lectores que pudieran quedar por aquí, por eso el motivo del aviso. Para ver si ya después de todo este tiempo la gente se había olvidado de mí, algo que me tendría más que merecido por no dedicarles tiempo, o si había alguien que siguiera por aquí.
Y dado que aún sigue gente visitando el blog continuaré con las historias hasta darles fin, pero son tres las que llevo abiertas (dos en este y una en el otro) por lo que iré una a una, en el orden en que las empecé (Traición - El Medallón Oscuro - En Mis Tacones). Y tal vez, solo tal vez, una vez que termine EMT veré si publicar la segunda parte de esta (Con Tacón De Aguja).
No sé que pasará entonces, tal vez tenga tiempo más que de sobra para dedicarle al blog y siga con él, o tal vez esté muy agobiada y no pueda dedicarle más teimpo por lo que tendría lugar el cierre definitivo.
Gracias a los que aun seguís pasando por aquí.

PD: A la chica ganadora del concurso aun no le entregué el premio, por lo que a las otras candidatas que se presentaron y a las que les prometí una de las historias de la antología, aunque esta ya está terminada, se la entregaré después. Lo siento!

miércoles, 12 de junio de 2013

Cierre del blog

Hola a todos los que aun sigais el blog,
debido al poco tiempo que tengo para dedicar al blog y a los escasos (o más bien ninguno) comentarios recibidos que animen a seguir adelante.
Ni que decir tiene que no abandonaré la escritura, pero ya no lo haré de fomar pública.
Si aún hay gente que sigue el blog y espera saber como terminan las historias, que dejen algún comentario y ya valoraré que hacer.
Un beso a todos!

sábado, 28 de enero de 2012

Historia 2: Capítulo 14


Hola, bueno sigo de exámenes, pero el comentario de Layla me ha dado animos para continuar la historia. De todos modos el capítulo estaba casi terminado, así que no me robado mucho tiempo y ya casi es la hora de comer, por lo que iba a parar de estudiar de igual modo jeje.
Así que ya sabéis, si queréis un capítulo más solo tenéis que pedirlo. Eso anima a escirbir y hace que las palabras salgan con mayor facilidad.

Se me ha ocurrido una idea... voy a dedicar este capítulo a Layla, porque ella me ha hecho recuperar la ilusión con este blog.
¡Espero que os guste!
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Capítulo 14


15 de Agosto de 1068
Querido diario,
Hoy he confirmado mis sospechas.
Desde que mi hermana fue castigada y recluida en sus aposentos tras descubrir el secreto de la familia sobre La Orden, mis pensamientos comenzaron a desbocarse. No tenía sentido que la hubieran encerrado por eso, muchas mujeres antes supieron de La Orden antes que ella y no se encontraron en su situación.
¿Qué más había averiguado? ¿Tan peligroso es ese otro secreto?
Tales interrogantes se agolpaban en mi mente, y me negaban el sueño noche tras noche. Motivo por el cual me decidí a descubrir lo que La Orden ocultaba con tanto recelo.
Tras meses de investigaciones, plasmadas en este diario, encontré el motivo oculto tras todo esto. Al fin sé lo que se llevó a mi hermana de mi lado.
La avaricia y codicia de los altos cargos de La Orden.
Ellos saben que tanto Las Damas de las Estrellas como sus Guardianes no suponen ningún peligro para nosotros; sin embargo, ansían poseer el poder del que ellas disponen y se detendrán hasta obtenerlo.
Mi hermana, conocedora de esto, se reveló contra algunos de los miembros más influyentes de La Orden, y fue castigada por el temor a que la verdad fuera dada a conocer y otros siguieran su ejemplo.
Sé que al escribir esto me estoy exponiendo a mí mismo, por eso, ocultaré estas palabras con mi magia. Solo Las Damas de las Estrellas podrán leerlo, ellas sabrán utilizar los conocimientos aquí plasmados para protegerse de La Orden y poner fin a la estela de terror y muerte que deja a su paso.
Firmado,
Henry Kendrick.
- ¿Eli?- la voz de Cristian me devolvió a la realidad.- ¿Qué ocurre?
- El libro no está blanco, solo hechizado.- le expliqué.
Él vino a mi lado y tomó el libro de entre mis manos. Pude notar como invocaba a su magia para que cumpliera sus deseos, concentrándose hasta el punto que una fina película de sudor perló su frente.
- Tienes razón.- dijo abriendo los ojos nuevamente.- Está bajo un poderoso hechizo que oculta su contenido y esconde la magia de la mía.
- Eso es lo que pretendía Henry Kendrick.
- ¿Quién?- preguntó extrañado.
- Su autor. Es un diario perteneciente a ese tal Henry Kendrick. Al parecer pertenecía a La Orden de la Oscuridad, y su hermana fue encarcelada por sus propios compañeros. Estuvo investigando y descubrió lo mismo que tú dedujiste, lo que me contaste anoche.
- Si era miembro de La Orden, entonces debe quedar registro de él en los archivos.
- Supongo que buscarás información sobre él.
- Sí.- asintió con la cabeza.- Esta noche, después de la cena, iré al lugar donde está establecido nuestro cuartel y haré las investigaciones pertinentes. Si quieres colaborar, puedes ir leyendo el diario ya que lo haces con total facilidad.
- Bueno, no es sorprendente. Henry quería ocultarlo de los demás miembros para protegerse, pero a la vez quería ayudar a Las Damas con lo que sabía sobre su propia organización. Así que imagino que todas podremos leerlo con la misma facilidad.
- Sí, ya.- sacudió su mano.- Tú encárgate del libro, digo, del diario, y yo haré mi trabajo.
- ¿Vamos a seguir con el aprendizaje?
- Por supuesto, aunque ya vamos a centrarnos en tus habilidades físicas. Por si no te has dado cuenta,- se adelantó a mi pregunta.- has estado casi todo el rato absorta con el diario.
Pero solo había leído un par de páginas, era imposible que el tiempo se hubiera escapado tan rápido. Y cuando estuve practicando magia antes sucedió igual. Últimamente parecía haber perdido toda noción del tiempo…
Sacudiendo la cabeza para apartarme de esos deprimentes pensamientos, lo seguí hasta el patio, donde comenzaría mi instrucción.
- No hay mucho tiempo para instruirte en la lucha, así que vamos a ir a lo básico. Haremos unos ejercicios para mejorar tu velocidad, agilidad, resistencia y fuerza, y además trataré de mostrarte algo de defensa personal.
-Eso parece mucho.
- No lo es. Ahora, vamos a correr un poco.
Salió disparado, dando vueltas por el patio, esperando que lo siguiera. Y lo hice, con un gemido de descontento, pero lo hice.
El entrenamiento consistía en correr por los alrededores de la casa, al principio siguiendo a Cristian y luego huyendo de él. Se suponía que con eso mejoraríamos mi velocidad y mi resistencia y un poco mi agilidad, aunque decía tener ejercicios específicos para esto último.
Luego, me mostró formas de emplear mejor mi fuerza, y unos ejercicios con los que ganar más sin aumentar mi tono muscular. Nunca me habían gustado las mujeres demasiado musculosas, y siendo tan pequeña el efecto sería peor.
Trabajaríamos con eso durante un par de días antes de meternos con la defensa personal. Un par de días no era suficiente, pero servirían de introducción a lo que me fuera a enseñas. Por supuesto, dijo que realizaríamos los ejercicios todos los días antes de los movimientos de defensa y lucha. Pero hoy no, no veríamos nada de esta última parte.
Y menos mal.
Cuando terminamos, estaba rendida. Mi cuerpo entero temblaba por los esfuerzos realizados y me costaba mantenerme en pie. No sabía si podría llegar hasta la ducha. Esta noche pensaba quedarme en mi habitación y no bajar a cenar. Espera que Cristian fuera tan bueno como quería demostrar y se apiadara de mí y me subiera algo de comer, aunque dudaba que tuviera energías siquiera para masticar.
Cuando logré sacarme la ropa antes de ducharme, y me costó tanto que estuve muy tentada a meterme en la ducha con ella, me senté en la bañera sintiendo el agua caliente caer sobre mi espalda. Dejé que la bañera se llenara antes de cortar el agua y me recosté dejando que mis músculos se relajaran y se deshicieran los nudos del ejercicio.
Me quejaba mucho. Pero lo cierto es que nunca había sido una persona que practicara deporte regularmente, lo más que había hecho era la gimnasia típica de los colegios. Y ahora hacía todo esto de repente. Mi cuerpo no estaba preparado.
Me quedé en el agua, con los ojos cerrados, hasta que se enfrió. Solo entonces, salí de la bañera, lamentando que se hubiera enfriado tan pronto y me envolví con la toalla. Si hubiera durado un poco más habría estado más tiempo allí, tal vez incluso llegándome a dormir, pero eso no me preocupaba. Adoraba sumergirme en la bañera con el agua caliente…
Un ruido como de burbujeo sonó a mi espalda haciendo que me interrumpiera en mis pensamientos, por lo que me giré para ver cual era el problema. Cuando lo vi no pude evitar el grito que salió de mi garganta.
Me abracé a la toalla y di con mi espalda en la pared unos instantes antes de que Cristian llegara abriendo la puerta abruptamente y se quedara congelado mirando la bañera.
- ¿Qué…?- comenzó.
Ambos estábamos perplejos ante lo que veían nuestros ojos. El agua de la bañera hervía descontroladamente, creando burbujas enormes que salpicaban hacia todos lados. Para protegernos de las calientes salpicaduras Cristian creó una película de aire que actuaba como un muro.
- Páralo.- me ordenó.
- No sé cómo. Ni siquiera sé cómo lo estoy haciendo.
- Están obedeciendo tus deseos.
- Yo no deseo morir así, cocida viva.
- ¿No querrías calentar un poco el agua?
- Bueno, es cierto que quería que estuviera caliente, pero no tanto.- admití.- Si me hubiera quedado dentro…- me interrumpí incapaz de terminar la frase.
- No pienses en eso ahora. Solo concéntrate en que el agua se enfríe.
- Pero aun no lo controlo, ¿y si la congelo? ¿Por qué no lo haces tú?
- Al menos será menos peligroso. Yo no puedo hacerlo, es tu magia y debes corregirlo tú.
- Pero…
- Nada de peros. Eres la Líder de las Damas de las Estrellas, tú poder es muy superior al mío, y nuestras fuentes mágicas son muy diferentes. No puedo hacer nada por detenerlo. Solo tú.
¿Por qué siempre tenía que meter la pata? Vaya Líder, siempre metiéndome en problemas. Suspiré. Así no arreglaría nada. Debía concentrarme en lo que había dicho Cristian antes. Sentir los elementos antes de tratar de gobernarlos.
Podía sentir el agua, furiosa por las altas temperaturas que la obligaban a convertirse en vapor; el aire, arremolinándose alrededor, acogiendo al vapor; y fuego. Un fuego sin llama que se encontraba justo en el centro de la bañera, calentando el agua y luchando contra ella.
Podía sentir los tres elementos como algo vivo, como algo con poder y mente propia. Una mente que podía controlar, que debía obedecer.
- Tú hablas, ellos obedecen.- susurró Cristian bajito.
Yo hablo, ellos obedecen. Yo hablo, ellos obedecen. Yo hablo, ellos obedecen. Repetí en mi mente, como si se tratara de un mantra.
Ya estaba. Era así de fácil. Ellos debían obedecer. Solo tenía que demostrarles que era la Líder, que debían someterse ante mí.
Dejé libre mi magia, obligando al fuego a extinguirse, y al agua a calmarse, mientras el aire actuaba sobre ella calmándola, enfriándola. Eso es, los tres elementos a la vez, controlando cada gota de magia que salía de mi cuerpo, hasta que sentí el alivio del agua.
Lentamente abrí los ojos, temerosa de no haberlo logrado, y sentí un gran alivio cuando descubrí que realmente lo había conseguido. Había demostrado mi poder ante tres elementos a la vez. Aun quedaba la tierra, pero después de esto, no me parecía un reto tan grande.
Sorprendida, noté como mis rodillas flaquearon, y caí al suelo. Me encontraba débil. ¿Qué ocurría? No había utilizado demasiada magia, ¿no?
- Tranquila.- escuché a Cristian mientras me cargaban en sus brazos.- Te pondrás bien, solo estabas muy cansada después de todo el día. Demostrar tu control sobre tres elementos a la vez no es algo fácil, ni siquiera para la mujer más poderosa. Existe un motivo por el cual se aprende a dominar un elemento cada vez.
- Supongo que me excedí.
- No te preocupes, solo tendrás que descansar. Y míralo por el lado bueno, hemos hecho muchos progresos en un solo día.
- Si tú lo dices.
Me dejó sobre la cama y noté su mirada recorrerme a la vez que sus mejillas adquirían un tono rojizo. De repente recordé que lo único que cubría mi cuerpo era una toalla. ¿Se habría movido y mostraba más de lo debido?
Avergonzada, dirigí mi mirada hacia abajo y suspiré al ver que seguía en su sitio. Y luego, no fui capaz de preocuparme por nada más, mis parpados comenzaron a cerrase y el sueño me atrapó.
Eli.
Eli.- escuché la voz de Bibiana.- Escúchame.
¿Bibiana? ¿Eres tú? Tengo un par de cositas que decirte.
Sí, ya sé lo que vas a decirme, pero no había otra forma de hacerlo, confía en mí.
¿Cómo me pides que confíe en ti después de dejar que me capturaran?
Porque debían capturarte. Escucha, yo sabía que estarías bien, que él te cuidaría. Era necesario que os conocierais bajo las circunstancias adecuadas.
¿Circunstancias adecuadas?
Lo entenderás todo más tarde, pero ahora no puedo explicártelo. Es necesario que te advierta de algo.
¿De qué?- pregunté con recelo.
El tiempo se está acabando, Eli. Hay que acelerar las cosas.
¿Qué quieres decir?
Nuestro tiempo se acaba. Necesitas seguir adelante, ya controlas tres elementos, y estoy segura de que no tardarás en controlar el cuarto. Te has demostrado a ti misma que puedes hacerlo, los otros dos libros te resultarán mucho más fáciles que la magia elemental. Todo sigue las mismas normas, tú hablas, ellos obedecen.
Ha llegado la hora de que salgas de aquí, tú instrucción está casi completada.
¿Y qué hay sobre la lucha? No sé pelear.
Aun hay tiempo para que te muestre lo básico, pero solo tendrás un día más. Deberás aprovechar ese tiempo, antes de que tus Guardianes vengan a por ti.
¿Están todos bien?
Dejaré que lo veas por ti misma. Ellos se alegrarán de verte también, pero no debes contarles nada sobre mí.
Nada, te lo prometo.- pensé emocionada. Daría cualquier cosa por saber de mi familia, la extrañaba tanto.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 13


- ¿El Libro Oscuro?- pregunté extrañada.- ¿Qué es eso?
- Se trata del séptimo libro de las Damas, aquel que solo puede poseerlo la Líder. ¿No has oído hablar de él?
- Sí, pero no con ese nombre.- reconocí.- Sabía de su existencia, todas las Damas lo saben, pero ninguna conoce su nombre ni su posición. Ese libro contiene hechizo y conjuros muy poderosos, y esa es su forma de protegerse.
- Cierto, ese libro es difícil de hallar incluso para su dueña legítima.- admitió.- Como dices, hay poderos hechizos que lo ocultan, pero está ahí, y te está llamando. Por muy poderosa que seas, el libro terminará por atraerte a él, y antes de que eso suceda convendría que supieras usar tu magia correctamente.
Apreté los labios ante su afirmación de lo inútil que era con la magia. Lo peor de todo, era que sabía que tenía razón. Podría ser la más poderosa, pero no tenía ni la más mínima idea de cómo usar la magia y hacerlo por accidente no era de gran utilidad.
- Ya, bueno, no es como si por tener un gran poder sepa como utilizarlo de la noche a la mañana. Necesito aprender. Y para tu información, lejos de los libros y de mi madre, va a ser más difícil aun.
- Yo te enseñaré. No me mires así.- mi cara debía ser un poema. Sorprendida, pero al borde de la risa. ¿El Líder de la Orden de la Oscuridad enseñando a la Líder de las Damas? Definitivamente debía ser una broma.- Te estoy hablando en serio. Por el momento debes permanecer en esta casa, a salvo de mis hombres, así que ¿por qué no aprovechar el tiempo? Ya sé que nuestra magia es completamente diferente, pero podemos amoldarnos.- asintió creo que para sí mismo.- Si. Pude funcionar.
Mientras hablábamos se había sentado en el borde de la cama, y ahora, se levantó y se dirigió hacia la puerta. Antes de marcharse por ella, se giró y me miró.
- Mañana a primera hora empezamos, así que duérmete ya y no te quedes pensando en cosas que no puedes cambiar. Convendría que no estuvieras cansada.
- ¡Ya estaría durmiendo de no ser por ti!- le grité a la puerta cerrada.
Me dejé caer sobre la almohada, esperando dormirme pronto. Afortunadamente, los sucesos del día habían sido demasiado para mí y caí rendida al instante.
Desperté con el zarandeo de Cristian. Me tenía cogida por los hombros y me sacudía mientras me gritaba para que abriera los ojos. No me sentaba bien que me despertaran de esa manera, pero tampoco lo culpaba. Tenía un sueño muy pesado y era difícil sacarme de él.
- ¡Despierta!
- Ya, ya.- murmuré alejándome de su agarre.- Ya estoy despierta, no me zarandees más.
- Llevo tratando de despertarte un cuarto de hora.- resopló.- Date prisa en vestirte, el desayuno está enfriándose.
Salió de la habitación medio enfadado, dejándome para que me vistiera. Normalmente no tardo mucho en vestirme, solo cojo algo de ropa al azar y ya está, pero ahora ni siquiera tenía la posibilidad de elegir. Solo tenía los vaqueros oscuros, la camiseta blanca de manga corta y la sudadera gris.
Me vestí con esas prendas, que me quedaban algo grandes: los pantalones eran una talla más, y la camiseta y la sudadera tres; y puse mis ropas del día anterior en el cesto de la ropa sucia. Estaban peor de lo que había pensado, después del ataque y el intento de fuga habían quedado manchadas e incluso rasgadas en algunos sitios. Nada que no importara demasiado.
Cuando bajé Cristian había preparado tostadas y café. Hice una mueca ante ello, odiaba el café. Sin embargo, cogí una de las tostadas, untada en mantequilla y mermelada de melocotón, con ganas y la devoré en cuestión de segundos.
- ¿No hay algo más aparte de café?- pregunté.
- ¿No te gusta?- negué con la cabeza.- Tal vez pueda encontrar algo en los estantes...- rebuscó entre los muebles de la cocina.- ¿Té?
- Prefiero tomar la leche blanca.- me resigné.
- Bueno, como sea. Pero date prisa, ya son las seis de la mañana y tenemos mucho por hacer.
Él, que ya había desayunado, salió de la cocina dejándome sola para terminar de comer. ¿Había dicho que eran las seis de la mañana? ¿A qué hora me había despertado? Ya sabía que tenía el sueño pesado, pero si encima había dormido poco…
Bien, al menos esta noche dormiría como un bebe. Me iría temprano a la cama y dormiría sin que nada me molestase. Esperaba.
Terminé mi desayuno refunfuñando para mí misma sobre lo temprano que me había despertado y lo poco que había dormido y salí al patio, donde Cristian me estaba esperando para comenzar mi entrenamiento. Sinceramente, no sabía cómo lo iba a manejar. Era cierto que él podía utilizar la magia, pero la oscura, mientras que yo manipulaba la magia blanca; y aunque no era una experta en el tema, sí sabía que ambas eran muy diferentes y nada semejantes.
- Bien,- se giró para hablarme al notarme llegar.- este será el plan de entrenamiento. Nos levantaremos a las cinco y media y a las seis comenzaremos. Iremos elemento a elemento, pero no nos detendremos en que tengas un control perfecto, solo aceptable, no hay tiempo para nada más. Desde las seis hasta las tres, la hora de comer, practicaremos tu magia; a las cuatro y media retomamos las lecciones, pero será más teórico, cosas que debes saber sobre la magia; haremos un descanso sobre las seis y media o siete de media hora, y luego, el resto de la tarde nos centraremos en tus habilidades físicas.
- ¿Habilidades físicas?
- Sí. Trataré de enseñarte a luchar, o al menos a defenderte. Eres la Líder de las Damas, así que convendría que supieras defenderte por ti misma no solo con magia. Sé que tienes Guardianes, pero al parecer, no son lo suficientemente buenos para protegerte, de lo contrario no estarías aquí. Y no voy a correr ningún riesgo.
- Vale.- dije algo insegura.- Y ¿qué haremos primero?
- Bueno, por lo que he visto, y probado en mis propias carnes, tienes un control, malo pero control después de todo, sobre el agua. Trataremos de llevarlo a un nivel aceptable.
- ¿Cómo?
- Tienes que ser consciente del agua que hay a tu alrededor, trata de sentirla.
- ¿El de la piscina?
- No. Me refiero al agua del aire, su humedad. Trata de concentrarla y manejarla a tu antojo. No siempre dispondrás de reservas de agua como piscinas, estanques o cosas así; pero, siempre la tendrás en el aire.
Ya había sentido el agua antes, aunque fuera en grandes cantidades, así que esto no debía ser muy diferente. Me concentré en el aire a mi alrededor, dejando mi magia liberarse y vagar a su antojo, haciéndolo de un modo sencillo.
Había comprobado con anterioridad que intentarlo demasiado no era la clave, debía ser algo más natural. La magia era innata en mí, así que debía sentirse fácil, natural, correcto, no algo forzado.
Sentí el agua de la piscina no muy lejos de donde me encontraba, pero la ignoré. No era lo que buscaba. Y poco a poco comencé a ser consciente de esas micro-gotitas que impregnaban el ambiente; sin embargo mi magia no las alcanzaba. Las sentía, sabía que estaban allí, pero no podía doblegarlas a mi voluntad. No querían obedecer.
Durante un instante pensé en intentarlo más duro, pero sabía que eso no sería lo ideal. Simplemente, dejé a mi magia rodeándolas, reconociéndolas, para que ellas también reconocieran mi magia y su autoridad. La mía.
No fui consciente del tiempo que pasé así: completamente quieta, con los ojos cerrados y con mi respiración tan baja que cualquiera pensaría que me había dormido de pie; pero cuando mi estómago rugió abrí los ojos como si algo se hubiese sacudido dentro de mí.
No tenía sentido seguir. Había perdido la concentración y debía empezar de nuevo.
Con un suspiro cerré mis ojos y volví a concentrarme.
- No.
- ¿Qué?- pregunté extrañada abriendo solo un ojo.
- Supongo que no te has dado cuenta, pero tu estómago sí.- me sonrojé ligeramente por que él hubiese escuchado mis tripas sonar.- Es la hora de comer.
- ¿Ya? Pero si solo llevamos…- no tenía ni idea de cuanto tiempo llevábamos.
- Son casi las tres, apenas faltan unos minutos.- suspiró.- Cuando usas la magia, al principio, puede resultar absorbente, no te das cuenta de nada, ni del tiempo, que parece correr a tu lada sin que te enteres. Con el manejo de la magia se hará más fácil, no necesitarás de horas para hacer algo.
- No he logrado nada.
- Te equivocas. Has hecho exactamente lo que te pedí: sentir el agua en el ambiente. No intentes hacerlo todo en un solo día.
- Pero…
- ¿Sabes cuanto tarda cualquier otra Dama solo en sentir su magia? ¿Los elementos que maneja? Normalmente, depende del poder de cada una, pero te aseguro que ninguna logró sentir nada en su primera o segunda sesión de entrenamiento. Ni siquiera las Líderes tenían esa habilidad.
- Pensé que mi control era malo.
- Y lo es. Solo puedes sentir el agua y manejarla en muy pocas ocasiones, la mayoría de las veces, como respuesta a tu estado de ánimo. Pero tienes el potencial para cambiar eso muy pronto.
Nuevamente entramos a la cocina y me sorprendí al ver la comida ya preparada y puesta sobre la mesa. Miré de forma interrogativa a Cristian, quién rió suavemente antes de contestar.
- ¿No creerás que he estado toda la mañana ahí plantado mirándote? Hay barreras para que ninguno de mis hombres note la magia realizada aquí y pueda rastrearla, así que estabas a salvo de ellos; y por supuesto, mantuve mis sentidos y mi magia alerta por si necesitabas ayuda. Pronto aprenderás a guiarte por las percepciones de la magia más que por los ojos u otros sentidos más comunes. Te aseguro que son más fiables.
La comida transcurrió en silencio, mientras yo pensaba en todo lo que me había dicho y en lo que había conseguido. Cristian me dejó pensar en todo eso sin presionarme, comprendiendo que necesitaba mi espacio.
Un espacio que compartía en mi cabeza con mi familia. ¿Qué estarían haciendo ahora mismo? ¿Cómo estarían los gemelos? ¿Se habrían mudado? ¿Cuándo vuelva tendré que dejar la universidad para esconderme? ¿Volvería alguna vez?
Cuando dejé todos esos pensamientos de lado, ya estábamos en el salón con un montón de libros alrededor. Me sorprendí por no haberme fijado en ello antes, tenía un serio problema cuando encendía el piloto automático…
- ¿Eli? ¿Estás ahí?
- Sí, sí. Solo estaba un poco distraída.
- Ya bueno.- suspiró.- Ahora vamos al lío.
Miré los libros que Cristian debía haber sacado de los estantes y apilado en columnas encima de la mesa. Eran muchos y gruesos, tardaría siglos solo en leerlos, de aprenderlo mejor ni hablar…
Pasé mi mano por la cubierta de algunos de ellos, dejando un camino en el polvo acumulado sobre las mismas. La verdad era que por mucho que me quejara era una amante de los libros y me gustaba acariciarlos, sentir el tacto de las cubiertas, de sus hojas e incluso aspirar el aroma que desprenden. Unas características únicas de cada libro.
Eso me hizo pensar en algunos de mis libros favoritos, los que tenía asociados con un olor en concreto. Libros que debían estar en mis estanterías en mi habitación. Esperaba que si mi familia se hubiese mudado, se hubieran acordado de guardar mis cosas.
Distraída tiré uno de los libros sobre la mesa al suelo, cayendo abierto por la mitad.
Cristian se giró con el ruido y miró el libro con expresión despreocupada.
- No te preocupes, ese libro no es importante. De hecho, no sé por qué está aquí…- se interrumpió.- Está totalmente en blanco así que…
Dejé de escucharlo. Había algo más interesante que se llevaba toda mi atención.
El libro en blanco no estaba en blanco.
Tenía un montón de cosas escritas a mano con una caligrafía antigua y casi ilegible.


viernes, 4 de noviembre de 2011

Historia 2: Capítulo 12


Cristian había dado un discurso increíble. Eso de las premoniciones de su madre me recordó a Bibiana. Ella también había visto algo terrible, pero nunca me dijo el qué. ¿Sería ella la otra persona que había visto ese horrible futuro? Tal vez sí. Eso explicaría muchas cosas.
Si Bibiana sabía de la existencia de la madre de Cristian era probable que supiera que él sería de ayuda en todo lo que estaba por venir. Ese podría ser el motivo por el cual quería que estuviera en esta casa con Cristian. ¿A caso pensó que aquí estaría a salvo de lo que fuera que fuera a pasar? ¿A caso no soy la Líder de las Damas? Mi misión era estar al frente de todo y cambiar ese futuro, no esconderme de él.
Tanto Bibiana como Cristian y su madre habían confiado en un sueño, pero la realidad siempre es mucho más dura. Sin embargo ellas ya estaban muertas para enfrentarla, solo Cristian y yo seguíamos aquí para continuar con la misión fuera cual fuese. Ese sueño solo era eso para nosotros, un sueño. Por el momento, no podíamos pensar en él, debíamos luchar para hacerlo realidad. Pero, ¿cuál sería el costo?
- ¿Aun cuando tu no sonrías en ese mañana?
Cristian me miró sorprendido por mis palabras. Unas palabras que salieron involuntariamente de mis labios. Yo también estaba sorprendida por eso. Era como si por un instante mi cuerpo hubiera actuado solo, dejándose llevar por una fuerza que no era extraña para mí. Ya la había sentido antes. Esa sensación de poder increíble, de que podría hacer cualquier cosa con esa fuerza, una sensación de grandeza, de que no existen barreras, pero la vez un fuerte sentimiento de soledad, rabia y tristeza. No estaba segura de lo que era, pero ya lo había sentido antes. Sin embargo, esta vez no me dejé arrastrar por ella e inmediatamente recuperé el control de mí misma y obligué a esa fuerza a permanecer en la sombra.
Cuando me recobré, me percaté del esfuerzo que me había supuesto hacerlo. Odiaba tener que darle la razón a Cristian, pero era cierto que necesitaba esa comida. No por que temiera enfermar, sino por temor a estar demasiado débil para mantener esa fuerza a raya.
Mientras cenábamos, Cristian no apartó sus ojos de mí. Tenía una extraña expresión en el rostro, una combinación de curiosidad y suspicacia, como si tratara de descifrar un difícil rompecabezas. ¿Habría notado algo raro cuando esa extraña fuerza me recorrió? Después de todo, el también usaba magia, oscura, pero magia al fin y al cabo.
La cena transcurrió en absoluto silencio y al terminar, me levanté inmediatamente para ir la habitación que me había sido asignada. Si se había dado cuenta no quería que me dijera nada, no quería darle ninguna explicación y mucho menos una que incluía hacerle saber quien era yo en realidad.
¿Alguna vez pensaron en tener a la líder de las Damas en su poder y dejarla escapar por ser una chica demasiado joven como para ni siquiera saber hacer uso de su magia? Cristian ya había dicho que no me haría daño incontables veces, pero aun así, no estaba muy segura sobre si debía confiar en él o no.
Un poco más de tiempo administrándole la ley del silencio no le haría daño. A demás me permitiría recapacitar un poco sobre toda la información que había recibido y decidir si creerle o no. Y aunque lo creyera, sería difícil que se ganara mi confianza. Era una persona muy cabezota.
Con esos pensamientos me metí en la cama y cerrando los ojos busqué el eliminar las tensiones del día. Luego de unos segundos, el cansancio y la escasez de adrenalina en mi cuerpo tras todo lo ocurrido se hicieron cargo del resto y rápidamente me sumí en un extraño sueño.
Ante mí había una hermosa mujer de unos cuarenta años, alta y esbelta, de cabellos negros azabache que caían en brillantes hondas hasta la parte baja de la espalda. Ambas estábamos en una completa oscuridad, pero ella miraba hacia delante como si hubiera algo precioso ante sus ojos. Entonces se giró hacia mí y pude ver su rostro, presidido por unos grandes ojos grises y unos gruesos labios de un rojo intenso.
Joven Dama.- me saludó con una gran sonrisa.- Sabía que él te traería a este lugar.
¿Él? ¿Te refieres a Cristian?
Por supuesto, ¿a quién si no? Después de todo, él es un buen muchacho. Hice bien en dejar todo en sus manos, aunque su papel no ha terminado aquí. Todo acaba de empezar, las manecillas para cambiar el futuro apenas están empezando a moverse.
Pero, no lo entiendo. Yo debería estar haciendo frente a lo que sea que nos enfrentemos, no escondiéndome. Por algo soy…
No temas decirlo.- dijo cuando me interrumpí, insegura de continuar.- Sé quien eres, joven Dama. Nada más ni nada menos que la Líder. Pero no te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. Recuerda que estoy muerta y no puedo hablar con nadie.
Estás hablando conmigo.
Cierto, pero es… un caso especial. El sacrificio funcionó, por eso puedo estar aquí para ayudarte a ver toda la verdad, poco a poco, y con la ayuda de alguien más.
Ahora estás hablando de Bibiana, ¿no?
Sí, ella y yo, ambas seremos tus guías en todo lo que avecina. ¿O te creías que solo ibas a estar aquí escondida todo el tiempo? Tú, y solo tú, podrás enfrentarte a lo que viene, pero antes debes estar preparada para ello. Como ya he dicho solo tú tienes la capacidad para hacerlo y solo tendrás una oportunidad. No podemos permitirnos el lujo de fallar.
Todo esto resulta muy complicado y confuso.
No te preocupes, lo entenderás cuando llegue el momento. El destino es algo incierto, no está escrito. Por eso podemos cambiarlo, pero no es fácil. Se forja con nuestros actos y elecciones que se rigen por nuestra forma de ser y carácter. Así pueden predecirse ciertas cosas. Ver lo que sucederá es un don maldito. Podemos saber antes que nadie cosas importantes, pero debemos callar y no revelarlas. Está en nuestras manos el decidir si cambiarlo o no, y el cómo. Algunas veces la alternativa es peor y debemos cargar con la culpa. La gente que no entiende esto puede reprocharnos nuestra forma de actuar, pero son las leyes de la vida. Si alertamos a alguien de un mal futuro, esta persona cambiará su forma de comportarse para evitarlo; sin embargo, las vidas de todos están entretejidas de una manera muy compleja y terminaría afectando a los demás de una manera u otra. Tal vez el cambio sea para bien, o tal vez para mal. Lo que se nos muestra es un futuro relacionado con la actual forma de actuar de la gente, pero si esta cambia no sabemos lo que pasará, no sabemos si el cambio traerá problemas a otros muchos, y esos problemas y sus desgracias caerán sobre nuestra consciencia.
No sé si lo he entendido correctamente, pero es mucha responsabilidad.
Más de la que te imaginas. El destino está integrado por millones de engranajes e hilos que los mueven en un lado o en otro. La rotura de uno de esos hilos puede suponer un cambio enorme. Aquellos que podemos verlos, en ocasiones percibimos algunos “fallos” en todo este complejo mecanismo y podemos hacer algo para intervenir y moverlos engranajes en direcciones más favorables. Pero es algo sumamente complicado y delicado. Por eso digo que solo tú puedes cumplir con esto. Otra persona movería otros engranajes, y no sabemos los resultados de ese cambio. Sin embargo, tú eres la persona ideal, y cuando llegue el momento darás a la maquinaria el giro definitivo que nos aleje de ese futuro horrible y nos lleve a uno más favorable.
Pero, si todo es tan complicado, ¿cómo podré yo hacer eso?
Ya te lo he dicho. Eres la persona elegida para llevar a cabo este cambio. Tú ya tenías una importante participación en el futuro original, ahora también la tendrás en la alternativa.
¿Y qué hay de ti o de Bibiana?
Nosotras estamos tomando nuestro papel ahora, aunque aun nos queda mucho por hacer.
Ya, pero lo que quiero decir es ¿qué futuro hay para ti y para ella?
Nosotras no tendremos futuro. Eso es algo que asumimos cuando decidimos cambiarlo, es nuestro precio por intervenir. Como dije, un buen futuro para algunos pueden traer grandes males para otros. En este caso, Bibiana y yo hemos sido las perjudicadas, pero es algo que ya teníamos claro que sucedería desde el principio. Nosotras decidimos seguir adelante aun sabiendo lo que nos esperaba, ese es nuestro sacrificio. Sin embargo, no podemos decirte lo que debes hacer paso a paso, así estaríamos limitando tu capacidad de elección y creando un falso futuro. Podemos ponerte en el camino, pero los pasos debes darlos por ti misma. Es probable que no entiendas algunas de nuestras acciones, quizás la mayoría, pero todas son necesarias para que nuestro propósito y cometido se cumpla con éxito. De lo contrario, podría suceder que todo lo que hemos logrado hasta ahora, no sirva para nada si fracasamos en el momento final. Ahí es donde verdaderamente sabremos si hemos lo hemos conseguido o no.
Todo lo que me estás contando, las cosas que dices… Resulta abrumador. No sé si podré asimilarlo todo…
No es necesario que lo entiendas todo ahora. Las cosas irán encajando por sí solas poco a poco. Ahora debes descansar, te esperan días duros y tendrás que estar preparada para cuando llegue el momento. Entonces lo entenderás todo a la perfección y te darás cuenta de las cosas importantes. Por el momento, duerme.
Y poco a poco, la madre de Cristian fue desapareciendo de mi sueño, convirtiéndose en una pequeña bola de luz. Esta revoloteó a mi alrededor y me transportó a un bello jardín, con hermosos árboles que proporcionaban agradables sombras donde tumbarse a descansar, y coloridas flores que alegraban el verde de la fresca hierba.
Quise coger una de las flores para olerla, pero cuando me agaché para ello, otra bola algo más grande que en la que se había convertido la madre de Cristian apareció. Esta otra era bien distinta, no era una bola de una luz pura, era una bola negra, que inspiraba sentimientos dolorosos y tristes, sacando a relucir los peores recuerdos de cada persona.
Se trataba de la extraña fuerza que había sentido durante la cena. Otra vez volvía a reclamarme. Pero ahora no fue de la misma manera. La luz pura me proporcionaba una protección frente a esta y le imposibilitaba el atacarme. La esfera de oscuridad comenzó a dar vueltas a mi alrededor como había hecho antes la bola luminosa, que giraba desenfrenadamente sobre mi cabeza.
Nuevamente fui transportada a otro lugar. Un lugar que ya conocía, el bosque donde había sentido por primera vez esa fuerza. El bosque donde casi me atrapa, donde logré cambiar mi gema por otra superior, revelándome a mí misma como Líder de las Damas. El Bosque en el que David y Guille aclararon las cosas con Oscar y Jaime, los Guardianes de Noelia, hijos de mi predecesora.
La primera vez que sentí esa fuerza, me había atraído mostrándome un camino por el bosque hasta llegar a un muro de piedra cubierto por musgo y enredaderas. Ahora me hallaba en ese mismo lugar. Esa fuerza, que era capaz de sentir con total plenitud, provenía de esa pared. Sin embargo, gracias a la luz pura de la madre de Cristian no podía hacerme nada.
De pronto, la bola oscura dejó de dar vueltas a mi alrededor y salió disparada hacia la pared, atravesándola y mostrando a su vez una cueva oculta por las muchas enredaderas que cubrían su entrada.
Quise seguirla, pero algo dentro de mí me dijo que no sería buena idea. No sé si se trataba de la consciencia de la madre de Cristian, de la de Bibiana o de mi propio instinto, pero obedecí. Al fin y al cabo, debía se cautelosa con esa fuerza desconocida para mí que había estado apunto de acabar con mi vida. Antes de acercarme a ella debía saber con más exactitud de qué se trataba. No cometería más fallos debidos a mi ignorancia.
Después de eso, el sueño terminó y me encontré tumbada en la cama. Todos lo sitios a los que había sido transportada y no me había movido del mismo lugar… Cada día me sorprendía más con la magia. Supongo que todo es posible cuando se tienen ciertos dones, aun cuando estos puedan llegar a ser maldiciones, como en el caso de Bibiana y la madre de Cristian.
- Veo que estás bien.- me sobresaltó escuchar la voz de Cristian dentro de la habitación y me incorporé rápidamente, provocando que la cabeza se me fuera levemente y mi visión se nublara por unos instantes.- Me asustaste durante unos segundos, tu respiración estaba demasiado agitada, como en una pesadilla, pero no te movías lo más mínimo. Eras una estatua, completamente estirada y tiesa. Ni si quiera de despertaste cuando te toqué.
- Tonterías.- dije tratando de evitar contarle lo de mi sueño.- Tú sí que me has asustado a mí.- le reproché mirándolo a la cara cuando la cabeza se me despejó y recuperé la visión.- ¿No te han enseñado que no se entra a las habitaciones de las señoritas sin permiso?
- ¡Oh! Y lo pedí.- se levantó del suelo, donde estaba sentado con la espalda apoyada en el armario.- Pero no contestaste cuando llamé a la puerta y me preocupó la idea de hubieras vuelto a cometer otra locura como la de esta tarde antes de la cena.
- Pues ya ves que sigo aquí, como tu fiel prisionera. Ya puedes largarte y dejarme dormir en paz.
- Hay algo que me gustaría saber…- comenzó mirándome con esa expresión extraña que me mostró durante la cena.- Tus ojos son de un azul aguamarina, pero durante un momento se volvieron tan oscuros como una noche sin estrellas… Una ironía… Pero lo que quiero saber, es si sentiste algo extraño en ese momento.
- ¿Una ironía?- traté de desviarlo del tema.- ¿Por qué?
- Te lo diré cuando contestes a mi pregunta.
Lo sabía. Sabía que se había dado cuenta y que me preguntaría al respecto. Así como sabía que no se daría por vencido hasta conocer la respuesta. Supongo que no tenía sentido mentirle, sería negar la evidencia; a demás, tal vez el supiera algo sobre esa fuerza misteriosa. No perdía nada por probar.
- Durante unos segundos, noté como una extraña fuerza entraba en mí.- le dije.- No sabría describirla fielmente, pero me sentía muy poderosa, como si el mundo entero estuviera en la palma de mi mano, como si pudiera hacer cualquier cosa… Pero a la vez también sentía una terrible soledad y una inmensa tristeza que devastaría a cualquiera.- lo miré a los ojos y añadí:- Ahora dime, ¿por qué es una ironía?
- Es una ironía que una Dama de las Estrellas tenga unos ojos como una noche sin estrellas, mucho más si es la Líder.- me congelé con sus palabras.
- ¿Cómo…?
- Al ver tu reacción lo supuse, pero me lo has confirmado con tu respuesta anterior.- contestó a la pregunta sin formular.- Lo que sentiste fue el llamado de un libro especial, uno que solo se muestra ante las líderes de las Damas, pero solo a las más poderosas. El Libro Oscuro.


Historia 2: Capítulo 11


¿Que todo iba como ella había planeado? ¿Ella estaba de acuerdo con mi cautiverio?
Creí que Bibiana quería ayudarme. Aun no sabía muy bien en qué exactamente, pero eso fue lo que dijo. Que se había quedado para ayudarme. Y ahora decía que lo que quería era que la Orden de la Oscuridad me capturara. No tenía sentido, o al menos yo no se lo encontraba.
¿A caso me había engañado todo este tiempo? ¿Fingiendo ser mi compañera y cómplice para luego traicionarme?
No importaba. Aunque fuera sin su ayuda, lograría salir de aquí y volver junto a mi familia. Observé la habitación, había una ventana, sin barrotes, y Cristian no había cerrado la puerta con llave. Tenía dos salidas posibles.
Primero comprobé la puerta, no me hacía mucha ilusión saltar por la ventana. Abrí lentamente, cuidando que no crujiera y alertar así a Cristian, y eché un vistazo al pasillo. Él estaba dando vueltas desde su habitación al baño, del baño a su habitación, a la planta de abajo, luego volvía a subir… Iba continuamente llevando cosas de un lado a otro, como si la casa hubiera estado deshabitada por un tiempo y estuviera acondicionándola para volverla habitable nuevamente.
Eso le iba a llevar mucho tiempo. No podía escapar por ahí con Cristian paseándose continuamente por la casa, me descubriría en seguida. No me quedaba otra opción, tendría que usar la ventana.
Con resignación me acerqué y la abrí. Me asomé para ver la altura, que afortunadamente no era mucha. Podría salir por ahí sin nada más que unos arañazos y moretón en el trasero. O podía usar la enredadera que iba por la pared a tan solo un metro de la ventana. Si lograba estirar mi brazo lo suficiente para alcanzarla, podría descender por ella y llegar al suelo sin hacerme daño…
Me senté en el alfeizar y, agarrada con la mano izquierda a la pared de la habitación, me incliné tratando de llegar con mi otra mano a la enredadera. No podía llegar, solo me faltaban unos centímetros… Si me estiraba un poco más, solo un poco más, podría rozarla. Pero eso no era suficiente, tenía que agarrarla con seguridad…
- Eli,- Cristian entró en la habitación y me sobresaltó.- voy a preparar la cena, ¿qué quieres…- se interrumpió cuando me vio allí sentada, con casi todo el cuerpo fuera.
Entonces perdí la concentración y la firmeza del agarre contra la pared que me mantenían sentada sobre el alfeizar. Mi cuerpo se deslizó totalmente fuera del cuarto, y aunque intenté agarrarme con una mano, esta resbaló y caí sin remedio mientras rezaba por que el golpe no fuera muy grande, que no me hiciera demasiado daño.
Sin embargo, no llegué al suelo. Una mano fuerte y áspera tomó la mía evitando mi caía al suelo y golpeándome levemente contra la pared en su lugar. Dudaba que me saliera siquiera un moretón, nada comparado con lo que podría haberme pasado de no haberme cogido Cristian.
- ¿Estás loca?- preguntó con el rostro contraído, aunque dudaba que fuera por el esfuerzo, sino más bien por la rabia.- ¿Qué estabas intentando hacer tirándote por la ventana así?
- Ya te dije que no me iba quedar de brazos cruzados.- le contesté sin dejar que su enfado me afectara.- Volveré a intentar escaparme una y otra vez hasta que lo consiga. ¡Y no podrás impedírmelo!
- Eso…- se interrumpió para tirar de mí hasta que volví a estar en la habitación, con su mano aun sosteniendo la mía en alto y la otra rodeando mi cintura.- … ya lo veremos.
Nos quedamos así, quietos, mirándonos fijamente a los ojos sin decir nada, durante unos segundos. Unos segundos en los que sus ojos azules como el océano me atraparon igual que la primera vez, haciéndome sentir como si me encontrara en mitad de un mar revuelto que poco a poco se iba calmando…
Era como si pudiera tocar esas aguas claras y azules… como si pudiera manejarlas a mi antojo…
De repente, él desvió sus ojos dirigiendo su mirada hacia la ventana, por la que entraron un par de columnas de agua. Unas columnas de agua que reconocí estaban movidas por mi magia, pero no pude hacer nada por evitar que nos empaparan a ambos. No tuve tiempo de reaccionar.
- ¡¿Qué dem…?!- dejó a medias la maldición con un sonoro suspiro.- Supongo que no tiene remedio.
Se alejó de mí y me arrojó suavemente contra la cama. Llevándose una mano a la cabeza salió de la habitación dejándome sola unos instantes durante los que reflexioné sobre lo que acababa de ocurrir.
¿Cómo había movido tal cantidad de agua sin darme cuenta de ello? ¿Y de dónde había salido el agua? Yo aun no tenía dominado el poder del agua lo suficiente como para hacer eso, apenas era capaz de mover el agua cuando la tenía delante. Y para ello necesitaba una concentración, digamos, especial.
Aun estaba preguntándome cómo lo había hecho cuando Cristian volvió a entrar, todavía con sus ropas mojadas. Traía consigo un pequeño montón de ropa que dejó sobre la cama.
- Es lo único que hay en la casa de ropa femenina,- dijo señalando el montón.- si necesitas más te prestaré algo mío. Ahora me iré abajo a preparar la cena mientras te dejo que te cambies.- me miró fríamente y añadió:- No vuelvas a intentar escaparte.
Nada más irse miré la ropa que me había traído. Había unos pantalones vaqueros oscuros, una camiseta de manga corta blanca, una sudadera con capucha gris y unos pantalones largos y finos de pijama a rayas blancas y rosas, con una camiseta rosa de manga larga. No era gran cosa, pero era mejor que nada.
Me vestí con el pijama, ya era tarde y no pensaba bajar a cenar con Cristina. No iba a darle ese gusto. ¿Y si me pone algo en la comida? Una droga o algo así… Vale tal vez esté exagerando, pero no voy a confiar en él tan fácilmente. No iba a bajar a come con él como si fuéramos amigos de toda la vida. Esa noche me quedaría encerrada en la habitación.
Sin embargo, al cabo de unos minutos, Cristian vino a buscarme para bajar a cenar. Por supuesto, yo me negué, alegando que no tenía hambre, pero el rugido de mi estómago me delató. Después de todo no había podido merendar, ya que cuando me disponía a ello logré hacer mi magia funcionar y luego los miembros de la Orden de la Oscuridad se nos echaron encima. Así que Cristian me cargó sobre su hombro y me llevó hasta el salón, donde ya estaba la cena servida.
- Come.- me ordenó.- Si no lo haces enfermarás.
- Ya te he dicho que no quiero.
- Puedo escuchar tu estómago quejarse. Claro que quieres.- lanzó un suspiro resignado.- Sé que debe ser difícil confiar en alguien a quien has considerado tu enemigo, pero ¿te has planteado por qué lo consideras como enemigo?- Lo miré extrañada, sin saber muy bien a qué se refería; pero él mismo me lo explicó.- ¿Por qué tenemos que aceptar lo que nos digan sin cuestionarnos nada?
>> A nosotros, los miembros de la Orden de la Oscuridad, nos entrenan desde pequeños para cumplir con nuestra misión: Eliminar a las brujas que se hacen llamar Damas de las Estrellas hasta hallar a la Líder. Nos llenan la cabeza con cuentos sobre malvadas mujeres que se divierten usando la magia que les ha sido concedida a su antojo. ¿Por qué solo a ellas? ¿Por qué no a los hombres también? La respuesta siempre era la misma: Porque son personas egoístas que solo miran por ellas y nadie más. Debemos cambiar eso, debemos arrebatarles ese poder para poder compartirlo con el mundo. Pero, ¿cómo nos enfrentaremos a su magia, a su poder? Obteniendo el nuestro propio. No importaba si era magia oscura, no importaban los medios que usáramos para conseguir el fin. Pero entonces ellas trataron de defenderse, de defender ese poder evitando que les fuera arrebatado. Por ello engañaron a los hombres de su familia diciéndoles que les otorgaban un gran privilegio, luchar junto a ellas, al convertirlos en sus Guardianes; sin embargo, la realidad era, y es, bien distinta. Ellos no luchan junto a ellas, ellos luchaban para ellas. Nosotros, por nuestra parte, habíamos aprendido a controlar la magia oscura, pero sus Guardianes nos derrotaban fácilmente, sesgando nuestras vidas con sus espadas. Ese fue el modo en que nos arrastraron a luchar físicamente, para poder luchar por nuestra supervivencia. Eso es lo que nos cuentan nuestros padres desde pequeños, nuestros cuentos de cuna.
>> Así, desde que nacemos, tenemos constancia de lo que somos y lo que sois. Pero eso no significa que sepamos distinguiros. Solo os identificamos cuando usáis vuestra magia, la sentimos y seguimos su rastro hasta vosotras; o al ver ese colgante en vuestros cuellos, cosa que rara vez sucede ya que lo ocultáis entre la ropa. Por eso no supe quién eras cuando nos encontramos en la piscina, puesto que no lo llevabas, como tampoco supe quién era esa chica hasta que fue demasiado tarde.
Mientras hablaba había estado pendiente de su expresión, notando como cambiaba según la parte que contaba. Cuando contó lo que les enseñaban desde pequeños su expresión se había vuelto ausente, recordando aquellos tiempo cuando era niño y lo que su padre y demás familiares le decían. Luego la centró en mí, y nuevamente cambió a una expresión triste y melancólica al mencionar a esa chica.
¿Quién sería ella? ¿Por qué provocaba esos sentimientos en él? ¿Qué historia se escondía tras esa mirada anhelante? Eran muchas preguntas, qué le íbamos a hacer, yo era una curiosa por naturaleza, pero eso no significara que le fuera a preguntar nada al respecto. Después de todo yo no confiaba en él, no iba a caer en su trampa y adentrarme en la conversación, aunque dejaría que fuera un monólogo, que me contara lo que quisiera, sin forzarlo pero sin detenerlo.
- Ocurrió hace siete años, cuando tenía dieciocho, bueno, solo faltaban unos días. Ella era una amiga que conocí en el instituto, en el que había estado ese año. Era una muchacha aplicada en sus estudios, muy amable y simpática con la gente. Siempre trataba de ayudar a los demás, a su manera.- sonrió tristemente al recordar algo gracioso y que añoraba.- Aun cuando era muy lista y hábil en los estudios y  los deportes, era un completo desastre en todo lo demás. Si trataba de ayudar a algún amigo que no se sintiera bien, terminaba por causar problemas ya fuera derramándole algo encima o cualquier cosa por el estilo. A pesar de eso, nunca se rendía. Si fracasaba una vez, lo volvía a intentar con más fuerza, y así hasta que lograba lo que se proponía. Esa era su forma de ser, así era ella, siempre trayendo la alegría a quienes le rodeaban. Sin embargo, el día en que supe que ella era en verdad una Dama fue el más triste de todos.
>> Al no tener los dieciocho aun cumplidos, oficialmente no podía participar en nada, solo entrenarme para cuando llegara el momento. Así como no podía hacer uso de la magia si no era bajo la responsabilidad de un tutor. Por ese motivo tenía más libertad que aquellos que ya habían cumplido la mayoría de edad y pude ir esa noche con ella y varios compañeros de clase a tomar algo y celebrar el final del curso, entre ellos su hermano mellizo.
>> Cuando volvíamos a casa y solo quedábamos ella, su hermano y yo, unos tipos nos asaltaron. Nunca supe quienes eran, supongo que cualquier banda callejera en busca de algo de gresca para divertirse, aunque ellos no esperaban encontrarse con dos chicos que sabían luchar. En realidad, yo sabía luchar, ella y su hermano apenas hacía unos meses que habían cumplido los dieciocho, y el chico aun no era ningún experto. Pero estaba sobradamente preparado para hacer frente unos pandilleros. En el momento en que nuestros asaltantes se encontraron sobrepasados, decidieron atacar con sus navajas, y al tratar de proteger a los mellizos resulté herido. No era nada grave, pero ella se asustó con la visión de la sangre. Hay fue cuando ella recurrió a sus poderes, para curarme.
>> Sin embargo, al usar su magia, los miembros de la Orden de la Oscuridad aparecieron inmediatamente. Su hermano no pudo hacer nada por protegerla a ella o a sí mismo, un muchacho con unos pocos meses de instrucción no era rival para hombres con años de práctica y experiencia. Y yo por mi parte tampoco es que pudiera hacer mucho. Es cierto que tenía más práctica que él y que ya estaba curado gracias a la magia de ella, pero no podía oponerme a los hombres con los que había convivido desde que nací, a algunos de los cuales consideraba como mi familia, hermanos o grandes amigos. Tampoco tenía la posibilidad de oponerme a las órdenes de mi padre, el, por aquel entonces, líder de la Orden. Lo único que pude hacer en aquel entonces fue mirar, mirar como la mataban a ella y a su hermano delante de mis ojos sabiéndome totalmente impotente.
>> Ese fue el día en que planteé todo lo que me habían dicho desde pequeño. ¿En verdad Las Damas eran tan perversas y egoístas como nos contaban nuestros padres? ¿O los avariciosos éramos nosotros? Ella había usado su poder para curarme sabiendo a lo que se exponía, pero eso no la detuvo de hacerlo. Durante los siguientes días hasta la fecha de mi cumpleaños anduve sumido en una especie de depresión. ¿Todo lo que me habían contado era mentira? ¿Habría alguna en verdad en ello? Y si era así, ¿dónde empezaba la verdad y dónde la mentira?
>> Pero el día de mi cumpleaños todo cambió. Ese era el día en que yo saldría a la calle, no sabía muy bien si a “matar chicas inocentes” o a “detener a malvadas brujas”; sin embargo, eso no importaba. Lo que les importaba a mi padre y los demás miembros era que cumpliera con mi deber. Por ese motivo oculté mis pensamientos a todos. Todos menos una persona, mi madre. Ella era una de las pocas mujeres que sabían a qué se dedicaban sus maridos, hermanos, padres e hijos y también participaba en ello. Aunque de una manera bien distinta.
>> En un principio, cuando se capturaba a una Dama con su instrucción finalizada, se estudiaba la forma en la que funcionaban sus poderes, tratando de aprender todo lo posible. Con el tiempo, usamos nuestra magia para tratar de extraer ese poder del cuerpo de la Dama y colocarlo en el nuestro; sin embargo, por las malas aprendimos que toda esa magia nunca sería admitida en el cuerpo de un hombre, pero sí en el de una mujer. Mi madre se ofreció como voluntaria para tratar de proteger a una niña de diez años que había escogida para ello. Como resultado, la Dama murió y mi madre tan solo obtuvo uno de los poderes de esta a un nivel muy débil. Ella podía vislumbrar ocasionalmente escenas que estaban por suceder, el futuro.
>> Ella, mi madre, compró esta casa y nunca se lo reveló a la Orden. Pero me la confió a mí, el mismo día de mi dieciocho cumpleaños, con único mensaje: dar una oportunidad a las Damas. Ella decía que había visto un destino terrible y que debíamos hacer todo lo posible por cambiarlo. También decía que no estábamos solos, que ella no había sido la única persona en ver ese horroroso futuro, que otra persona también lo había visto y ya estaba movilizándose para impedirlo. Ambas, separadas en la distancia, realizaron un sacrificio para salvar el futuro de todos los demás, comenzando de este modo a mover los engranajes del destino para cambiarlo de dirección hacia un futuro más feliz para la humanidad.
>> Desconozco la verdad que se esconde tras esas palabras, pero de algún modo, ella me dejó un papel en todo esto. No sé que sucederá en el futuro, pero mientras haya uno siempre podremos seguir adelante, de una forma u otra. Por eso, ahora que soy el líder de la Orden, haré lo posible por dar esa oportunidad a las Damas, aunque me cueste años, aunque me cuesta la vida misma. No me importa. Mi madre tenía un sueño, y si realmente está en mi mano el que ese sueño florezca, lo intentaré hasta conseguirlo. La única cosa que sé seguro, es que no permitiré que la Orden se haga con el poder de las Damas. Aun no sé si eso es lo que traerá ese futuro de sufrimiento para todos, aun así, lo evitaré. Por la memoria de mi madre, y un mañana en el que a todos nos sea posible sonreír.